lunes, 3 de febrero de 2014
Si lo pequeño es hermoso ¿cómo será lo grande?
Hasta promediados los años
ochenta la tendencia de los operadores de negocios se inclinaban en la
partición de las grandes corporaciones. La teoría, mas allá del negocio
especulativo normal, sostenía que superada cierta dimensión en grupos económicos,
ese tamaño se transformaba en atentatorio con la eficacia del sistema
económico. Inmensas corporaciones fueron mutiladas y readaptadas en un mundo
que se distribuía preparándose para la revolución informática que se venía.
Bruscamente por efecto de los vientos informáticos y financieros, la tendencia
se revirtió en la búsqueda de espacios de poder cada vez más ambiciosos. Se
concentró la actividad en megacompañias y en asociaciones de pulpos que hasta
hacía poco se repartían el mercado. Las pequeñas y medianas empresas asistían a
la lucha de los grandes que se repartían el espacio que les quedaba. Cuando
aparecen las recesiones y por ende el desempleo y la expulsión, las grandes
corporaciones desalojan lastre para su supervivencia del mismo modo que los
transatlánticos frente al peligro del hundimiento, mientras que las pequeñas al
no tener recursos para expulsar, quedan atrapadas en la trampa y corren
peligros mayores o sucumben.
Sin embargo, cuando la
recesión previa de los setenta asoló al mundo occidental, fueron las grandes
las que soportaron las grandes pérdidas y por eso la tendendencia a las
particiones de la época.
¿Qué factores influyeron para
ese cambio de ciento ochenta grados?.
No se puede soslayar el cambio
del nuevo orden mundial al demolerse el mundo socialista. Los códigos variaron
y ciertas barreras formales se levantaron. Podemos suponer que el trabajo
organizado y sus redes de poder en algún aspecto han reemplazado a los
ejércitos en el servicio de canalizar la agresión humana y las ansias de
dominación. El principio que reza que el dinero es aquello que Dios ha otorgado
al hombre para que no se ande matando por hembras y por crías como el resto de
sus hermanos habitantes de la Tierra, extiende que si bien la muerte en los animales
corresponde a principios más dignos, el dinero ha sido el depositario de las
luchas en esta última parte de la historia.
Por lo tanto cuanto más se
posee, mayor poder se obtiene. Las megafusiones han otorgado inmenso poder a
las corporaciones y han agudizado la pirámide de la economía. Pero como en los
setenta que se sostenía que las grandes organizaciones son estructuras muy
pesadas, de difícil control y con ramificaciones políticas que terminan
esterilizando su poder, hoy todas esas razones han sido respondidas por las
técnicas actuales de management y con los nuevos métodos de simulación. Pero la
historia nos enseña que la posibilidad de las organizaciones, rápidamente
neutralizan esas acciones y que la condición humana aflora con toda su integridad.
Es muy probable que en pocos
años asistamos nuevamente al espectáculo de la partición explosiva de los
grandes gigantes para recomponer la organización económica mundial, presentando
de modo circunstancial una pirámide más ancha.
A todo esto ,¿Qué ocurre con
las pequeñas y medianas? .
Lo dicho para las grandes
corresponde del mismo modo para las pequeñas y medianas empresas. Por sus
características las PYMes, pertenecen ó recrean organizaciones familiares que
les determinan una impronta dentro de la organización del universo del trabajo.
Entre las múltiples variantes
que las caracteriza, las pequeñas y medianas empresas transitan la inmediatez
como icono más significativo de su identificación. Ese modo de participar en la
matriz vectorial, las sitúa con mayor grado de acritud respecto de las
corporaciones de mayor valor. Los cambios son padecidos con signo trágico pero
la capacidad de readaptación frente a las modificaciones del universo son
inmediatas. La vitalidad de las PYMes, está asociada a la irracionalidad de su
acta fundacional. Funcionan por una pasión básica de supervivencia ligada
directamente al día a día de los factores de decisión. El contacto directo
entre la gestión y la decisión acorta distancias y aumenta las velocidades, las
que leídas desde el espacio de las corporaciones aparecen vertiginosas. Si
observáramos detenidamente las propuestas de management actuales dirigidas a
las grandes organizaciones, observaríamos que muchos de los métodos que se
proponen, intentan recrear el universo de las PYMes por su vitalidad y audacia.
En definitiva, el modo novedoso del Entepreneur, tiene mucho de la función de
un director de PYME con la potencia de la capacidad de la integración a los
circuitos corporativos.
Por supuesto no todas son
rosas. Las PYMes no poseen el poder que se requiere en esta época, están
ubicadas al revés de los vientos que corren a pesar de que en su acta vital,
intenten agruparse en el mejor de los casos. La atomización de poderes no es lo
que más propone el momento frente a las asociaciones y a las megafusiones. La
matriz intrínseca de la PYMe la coloca en un espacio de asociación grupal
espontánea de los participantes que integran el grupo de acción, lo que
significa que la estructura no aparece forzada por técnicas de gerenciamiento,
capacitación permanente y retroalimentación de líneas para obtener objetivos
decididos previamente y medición constante de desvíos. La inmediatez, insisto
es su piedra basal, por lo tanto están sujetas a cualquier modificación que el
afuera le propina y dado el reducido espacio para dirimir sus tensiones
internas, las hacen vulnerables en momentos de crisis y movilidad.
Sin embargo, la vitalidad de
parición frente a escenarios nuevos, las hacen las protagonistas del momento
que se avecina. Veamos los fundamentos de esta hipótesis.
La tendencia a la generación de redes estimula la posibilidad
espontánea no compulsiva de asociaciones de unipersonales y a lo sumo de
microempresas. La transferencia de la producción de objetos a servicios, sumada
a las nuevas técnicas de comunicación y a la aparición de la concritud del
mundo virtual, estimulan la posibilidad de imaginar otras formas de necesidad y
de respuestas. Esas son parte de la estimulación de la competencia a
velocidades superiores a las conocidas por las burocracias y las
autorizaciones. El trabajo visto de este modo simula cada vez más a los juegos
de azar, similar a las apuestas en la bolsa y crean un campo de incertidumbre
dentro del cual las PYMes, tienen mejores probabilidades de movimiento. Por
otro lado, respetando el principio de acción y reacción, una burocracia virtual
se exigirá en cada movimiento para permitir su legitimidad, lo cual permitirá
que cuanto mayor sea la gimnasia aprendida de esas leyes y mayor su dominio,
mejores serán los resultados de esos usuarios. La posibilidad de que un pequeño
grupo sin capacidad económica participe de los procesos de cambio, es cada vez
más frecuente. La interacción y la iteración encontrarán su límite luego de las
búsquedas de los espacios y finalmente se encontrará el equilibrio en
asociaciones y megafusiones, pero esta vez ya no será de corporaciones sino
quizás, de modos nuevos de asociaciones de individuos o de contrato social
Mientras tanto ¿Qué será de
los bienes? Todo está muy bien, pero la pizza ¿Quién la va a traer y con qué
aparato?
Se especuló cuando se trataba
la variante espontánea de resolución energética en la producción de bienes, que
los futuros bienes estarán cargados de una sobrevida sensiblemente mayor a los
actuales, de modo de transferir la energía neta consumida por unidad de trabajo
a los servicios que deberán consumir menos energía para su realización que los
productos. De este modo, el despilfarro que se realiza actualmente fabricando basura, mucha de ella no biodegradable y
poluyente, disminuiría de modo importante. Por lo tanto, los precios relativos
para obtener los productos serían mayores a los actuales y de algún modo la
competencia dirigida al precio pasaría por los servicios, hecho natural establecido
en la ley de acción y reacción, que propone una proporción inversa a la actual.
El circuito podría expilcarse del siguiente modo:
Con la tendencia gregaria
crece un vector de acumulación de poder que determina la propensión a la
corporativización de las organizaciones ya sea por aglutinación o por
engullición de unas sobre otras. Pero para que ese fenómeno ocurra, es preciso
situarse en una meseta de transformación. Cuando la transformación irrumpe, son
las pequeñas organizaciones situadas en los bordes del universo las que por un
impulso vital, llevan las iniciativas de las necesidades de esos momentos. Las
grandes organizaciones se sostienen en momentos donde la certeza es la ley. Por
ese motivo, es posible el cambio de tendencia actual a la luz de los vientos
que despierten el sopor de los años noventa.
Mirémosle los ojos a la tensión
Queda por discernir si es
posible echar una mirada al tema del
estado de tensión que el trabajo propone.
Admitiendo crear un campo
donde los vectores tuvieran por ley el total albedrío en la interacción de las
personas, difícilmente podría lograrse un trabajo formal. Significa esto que
para que una tarea de más de uno sea ejecutada es preciso el acuerdo de esos
dos o más para conciliar la dirección y el destino de esos esfuerzos. Es
valiosa la imagen que ofrece el monumento dirigido al trabajo en la Ciudad de
Buenos Aires. El artista eligió la imagen de un grupo de personas tirando de
una soga atada a una inmensa piedra. No tengo idea de la época en que fue realizada
la obra, pero seguramente habría otras formas de representar el trabajo ya que
la humanidad ha resuelto hasta por la fuerza bruta de las bestias el transporte
de cargas tan pesadas. Sin embargo, es elocuente la imagen por su simpleza y
primitividad, puesto que el trabajo es trabajo en sí mismo, más allá de la
utilidad que cualquier observador juzgue, por lo que si un grupo de sujetos se
ven necesitados e incluso si se vieran forzados a una actividad, eso implica un
trabajo. Ese es el punto donde comienza la tensión en el trabajo.
Desde las épocas de amos y
esclavos hasta la fecha hemos recorrido un camino largamente estudiado, pero
fuera de las circunstancias de contexto el conflicto continúa vigente e
intacto.
El personaje que es parte del
grupo de los que arrastran la piedra no necesita adherir al objetivo por el
cual el trabajo se ejecuta. Los motivos por los que habitualmente un trabajador
está situado en su sitio están ligados a su supervivencia, sea ésta básica o
mas sofisticada, ambas son necesidades primarias.
Volviendo a las similitudes
que nos propone la física Newtoniana. El trabajo está definido por el producto
entre la fuerza y el espacio que ésta recorre. La magnitud de trabajo realizado
es proporcional a ambas variables. El mismo trabajo puede realizarlo una fuerza
inmensa en un espacio breve como viceversa.
Llevado al ejemplo de la
estatua, un solo hombre podría realizar el mismo trabajo que la multitud de
señores si la distancia en transportar una piedra con la capacidad de sus fuerzas
fuese lo proporcionalmente mayor que la que recorren todos juntos. La ecuación
explica una parte del fenómeno, pero la otra en relación a la actividad puede
encontrarse en otras partes
Todos sabemos que el grupo
tiene mejores posibilidades de obtener el logro que un solo individuo, como por
ejemplo si el camino estuviera plagado de accidentes inciertos, ya que el
conjunto suele superar la suma de las individualidades.
El trabajo por lo tanto suele
ser mucho más eficaz cuando se lo realiza en grupo. Hoy sabemos por otra parte
que la actividad humana desarrollada sería impensable de modo individual. Esto
nos coloca frente al conflicto inevitable de la renuncia. El trabajo implica
necesariamente una renuncia. Cualquiera sea el lugar que una persona ocupe,
siempre debe resignar algo de su albedrío ya sea consciente o
inconscientemente.
En la organización moderna se
pretende potenciar las motivaciones para que las renuncias sean mejor toleradas
.
Te ganarás el pan con el sudor
de tu frente sentencia la Biblia y esa sola expresión está implicando un
esfuerzo. El sudor es lo que emana al cuerpo a liberar energía excedente por
corrimiento del estado de equilibrio. El trabajo para la Biblia es forzado.
Este mandato divino se sigue sosteniendo con las variantes amortiguadas pero
implica necesariamente una tensión.
Los modelos de obtención de
resultados desde los sugeridos de seducción hasta el reclamo y la amenaza,
llevan inscriptos el objeto de obtener aquello que espontáneamente no ocurre.
El trabajo de correr del equilibrio espontáneo de un proceso se suele denominar
activación. La activación suele estar dirigida en el mismo sentido que la
acción que se pretende activar. Sólo que si una fuerza tiene un vector que
determina la acción, la activación sólo potencia esa acción a los efectos de
llegar a buen puerto con celeridad y
precisión. Pero otras veces, la activación se realiza hacia otras direcciones,
buscando ya sea un rebote que potencie la acción deseada o un escenario mejor
dispuesto para el logro del objetivo.
En cualquiera de los casos se
pretende alterar un modo natural de funcionamiento. Ya dijimos que el trabajo
en grupo requiere de una renuncia desde lo individual para aceptar la ley que
exige el grupo. La activación resuena en el modo natural de inercia de un
sistema de hombres o grupo de personas, modificando el esquema estructural
establecido para el logro del fin.
Cuando el objetivo de esa
activación está en concordancia con el sistema, en general la actividad se
enriquece y muda a una nueva situación de equilibrio que nuevamente debe
alterarse con un nuevo modo de activación y así iterativamente.
Cuando ese objetivo o el modo
de activación no están en concordancia, es común que el objetivo no se logre o
que el intento del objetivo termine con el sistema que se pretende activar.
Esto quiere decir que la energía de activación es lo suficientemente intensa o
que el método de activación posee una eficacia de orden superior al sistema que
se está aplicando. En ambos casos el resultado es pernicioso, incluso en aquél
que logra los resultados que pretende la activación a costa del sistema
activado, ya que este tipo de situaciones suele rebotar como un boomerang. Este
es el caso de los contratadores con exigencias cada vez mayores que terminan
agotando a los contratados. Además de la rotatividad que supone ese modelo,
queda como residuo una imagen poco simpática para el contratador que a la
postre, se paga con condenas sociales de las que el mercado es bastante
sensible.
Ahora bien, cabe preguntarse
si es posible suponer el trabajo como alguna actividad carente de tensión.
El trabajo, no sólo es la
antinomia del ocio en términos relativos sino que en modo absoluto, el trabajo
es acción.
Es llamativo analizar la acción en términos de acción pura. Un jugador
de fútbol puede ser visto como un trabajador cuando es un jugador profesional.
El jugador cambia la habilidad en el juego por dinero, lo que en términos
convenidos es un trabajo. Ahora bien ¿qué ocurre con un jugador amateur? No sólo
es dinero lo que se obtiene a cambio de un trabajo. Nadie duda de que un
trabajador de la salud esté trabajando cuando ejerce su profesión ad honorem en
un hospital. ¿Por qué entonces en un jugador amateur no?
Podemos asegurar que el
jugador del mismo modo que el profesional de la salud, están realizando un
trabajo cuando se adquiere un compromiso con terceros que altera el albedrío
individual de la persona. Ese jugador adhiere a un modo de jugar, a ocupar un
puesto determinado, a respetar horarios y al cumplimiento de pautas con
terceros para la obtención de un objetivo común con responsabilidad compartida,
respetando las leyes pautadas. Tanto el profesional que trabaja ad honorem como
el jugador amateur, reciben a cambio valores difíciles de cuantificar en moneda
de intercambio habitual, pero ni el uno ni el otro realizan esa actividad con
gratuidad absoluta.
En el caso de que una
actividad sin intercambio de dinero, ¿es posible suponer que es carente de
tensión? Objetivamente no. Y si nos aventuramos más, esas actividades
descriptas que son conocidas por todos, ¿son proclives de activación? Sabemos
que sí y que muchas de ellas han sucumbido a gerenciamientos transversales, que
no respetaron su estructura.
Más que otras actividades
humanas, el trabajo lleva implícita la tensión cuando los intereses en juego
son irreconciliables o por lo menos, llevan una alta carga de competencia y la
tensión suele ser muy intensa.
En los últimos años por todo
lo descripto, el trabajo participa de cambios profundos en la estructura
social. Es entendible que, la tensión generada por los intereses que se ponen
en juego, sea también intensa. Admitiendo esta premisa podemos dedicarnos a
identificar esa tensión en cada organización para administrarla y potenciarla
para los intereses que las empresas se proponen.
Es preciso adaptar el ritmo de
activación propia de la organización, la que se recibe de terceros y a detectar
aquellos métodos que potencien el sistema con la capacidad para alejar aquellos
factores que desestabilicen la organización con riesgo de colapso.
En momentos de rápidas
posibilidades de comunicación, las técnicas de gerenciamiento y liderazgo,
combinadas con las nuevas formas de comercialización, son las bases
primordiales de los efectos deseados y de la detección de aquellos que puedan
ser terminales.
En la medida que las personas o los grupos que integran las
organizaciones del trabajo, limpien aquellos factores que perturban los
direccionamientos deseados, a partir de la conciencia de la tensión y de la
necesidad de recurrir a métodos de adhesión para el logro de los fines, tomando
conciencia de que no sólo el dinero es lo que se busca en los espacios de
trabajo, las posibilidades de éxito aumentan.
Las técnicas que se adoptan desde hace por lo menos sesenta años,
aplicando los conocimientos que aportaron disciplinas nuevas al universo del
trabajo, como la psicología y la sociología , están dirigidas a cumplir ese
objetivo.
El punto es el siguiente. Presentada la tensión que propone el trabajo
en sus distintos aspectos y visto el trabajo como canalizador de la agresividad
humana, todo lo que se pueda desarrollar en relación a la administración de esa
tensión colabora a la mejor resolución de los objetivos de cada emprendimiento.
Entendido el mundo del trabajo como la sublimación de la guerra,
comienza a comprenderse las necesidades de términos tales como espionaje,
estrategia, táctica o aniquilamiento del competidor. En los últimos años los
competidores pasaron de ser adversarios a enemigos a los que se los domina a
través de fusiones o con la incorporación masiva, realizando previamente el
trabajo de desestabilización del que se compra, para obtener el poder en la
pulseada final.
A priori no parece malo esto de que los hombres busquen modos sublímales
para no matarse, los precios siempre los paga alguien y el mundo del trabajo
cada vez más lo está sintiendo. Por el contrario, verificar esa tensión y
exponerla, puede minimizar males mayores.
Aquel obscuro objeto
Volvamos al profesional ad honorem o al jugador amateur. Quizás a mí
mismo frente a esta máquina en este preciso momento donde pulso las teclas que
producen este artículo.
Podemos encontrar innumerables motivos
por los cuales estos actores trabajan sin esperar a priori dinero a cambio.
Puede ser el deseo de gloria o la trascendencia en el jugador y en el escritor,
quizás también el deseo mítico de proyección mesiánica en el trabajador de la
salud. Podemos buscar otros motivos, incluso pueden tener una carga de interés
económico por la posibilidad de pasar a ocupar equipos profesionales en el
jugador, los vínculos y la experiencia en el trabajador de la salud, y por que
no, el éxito editorial en el escritor. Pero en todos esos casos no existe una
relación inmediata con el dinero. Hay un grado de albedrío mayor en esas
actividades porque uno de los vínculos de la parte del contrato que sostiene un
factor de poder está ausente. Es importante detenerse en este punto porque
puede dar una pista una vez que la ausencia de la excusa superior del trabajo
está ausente y nos deja un campo más abierto para la observación.
En todos los ejemplos citados aparece en primera instancia el deseo.
Luego posteriormente a ese factor, se enuncian otros motivos, quizás tan
valederos como el primero.
Pero esas personas realizan sus trabajos, sin que medie a priori ninguna
urgencia ligada a su supervivencia. La resolución de esa actividad, aún con las
fatigas desplegadas, es posible que le produzca placer, sin que necesite
medirse con resultados económicos o con exigencias estructuradas en límite de
lo vital. Sin embargo, ya vimos que esas actividades en esas condiciones, no
están carentes de la tensión implícita que propone la actividad humana, pero
hay un factor equilibrante de esa tensión y que potencia cualquier
emprendimiento, que es la resolución del cumplimiento del deseo.
Quien logre administrar la actividad que realiza en la dirección de sus
deseos, es muy probable que obtenga logros significativos a iguales condiciones
de limitaciones. Quiero decir que los factores internos como externos que
limitan el camino del cumplimiento del deseo no están en discusión por ahora,
simplemente menciono que es mejor el tránsito por ese camino que por cualquier
otro, considerando el eje del logro el objeto del trabajo en sí mismo.
Planteo el problema al revés. Si el objetivo es el de mover una inmensa
piedra y sólo se cuenta con la fuerza humana y una soga, seguramente la
productividad en la tarea será espontáneamente mayor, si los que intervienen en
la acción tienen su deseo depositado en ese logro. Así, la energía que se
necesita para la activación externa, será infinitamente menor y hasta quizás
nula. La carga de tensión por los roces que aparecen en la renuncias del
albedrío seguramente será menor porque el deseo prima por sobre los intereses
individuales de los que participan. Los liderazgos naturales aparecerán con más
legitimidad dado que no llevan la carga implícita de lo inauténtico, situación
extrema que se manifiesta cuando lo único que se pone en juego es el liderazgo
y es el único plano de búsqueda de cumplimiento del deseo.
Ahora bien, tanto en el plano individual como en lo grupal, la detección
del deseo es un trabajo en sí mismo. A
un gran industrial argentino se le atribuye el concepto siguiente, no puedo
citar los términos exactos pero sí su concepto general ” cuando alguien me
propone un negocio, lo primero que intento descubrir es si está enamorado del
producto. Si descubro que el proponente no está enamorado del producto,
descarto el negocio de plano por más que parezca excelente. Quien no está
enamorado del producto, es difícil que llegue a buen puerto”. Este concepto lo
manifestó Roberto Rocca, que durante muchos años fue presidente del grupo
Techint, el más poderoso de la tecnología en la Argentina y una de las pocas
multinacionales de ese origen que hasta hoy subsisten.
No es un concepto individual el del enamoramiento en relación al
producto o al servicio que puede ser el direccionador del deseo. Si tomamos el
ejemplo del paradigma del éxito actual emprendedor, podemos suponer que es muy
posible que el afán de dinero haya sido un motor de impulso para la producción
de Bill Gates, pero el deseo conceptual del trabajo informático es el que habrá
empujado los logros y seguramente el que primó por sobre los intereses
económicos.
En este punto hay una relación que debe observarse y que está asociada a
conceptos anteriores. Plantear la direccionalidad del deseo en un concepto
totalizador como lo es, la realización de un emprendimiento de alcance laboral,
implica necesariamente un retroceso de los vectores de la obligación de la
sociedad hacia los actores que intervienen en ella.
Cuando las sociedades se dedican a
construir, no existe espacio para lo individual ni derecho a exponer las
quejas. Hay un objetivo social que está por encima de los intereses
individuales que la sociedad toda adhiere y le da entidad. El deseo en esos
momentos está sublimado a la propuesta que la sociedad exige, dejando de lado a
aquellos que no logran adherir dentro del común del deseo. Los momentos más
conocidos en el siglo veinte de esas situaciones fueron representados por las
sociedades fascistas que finalmente desataron la Segunda Guerra Mundial. Pero
sin llegar al fantoche de caricatura que los representantes del Eje nos
ofrecieron, los otros países, sobre todo aquellos que los enfrentaron, también
ocuparon a sus sociedades con pautas cargadas de sacrificio y patriotismo
necesarios para enfrentar a sus enemigos. No había dudas en ninguno de los
bandos y aquellos que quedaron atrapados en la duda existencial, acabaron
relegados hasta la muerte misma, como fue el caso Stefan Zweigt.
Pero cuando la sociedad entra en retrocesos, algunos de ellos vistos
circunstancialmente en condición de decadencia, lo individual golpea las
puertas exigiendo el lugar que le corresponde. En ese momento, los factores de
presión son equilibrantes y numerosos y las minorías se agrupan produciendo un
universo rico en creatividad, pero muy complejo en la capacidad de acción.
Desaparecen las certezas, las dudas son las que priman y el deseo social suele
quedar confundido porque el albedrío individual se pone de manifiesto. No es
preciso citar nuevamente la ley de Hooke, ya que no viene a cuento para evaluar
este momento de la historia, pero sí podemos recordar la entreguerra, que
significó la tregua necesaria para guerra de la cual, la humanidad no estaba
todavía preparada y que necesitó de la más cruel de las contiendas hasta ese
momento, para acabar con ese mundo de imaginario e individualidad.
Hoy la situación social está otra vez en retirada a pesar de los
supuestos triunfos de la globalidad. Los factores de lucha desde las minorías
con la aparición de la mujer en las áreas de decisión, hacen de este momento un
espacio donde la detección del deseo y su posterior direccionalidad, si bien no
garantizan, posicionan de buen grado a las organizaciones para el triunfo.
Del mismo modo que es necesario detectar la matriz de tensión en las
organizaciones del trabajo para su administración, el deseo en sus diferentes
manifestaciones, es imprescindible ser identificado y venerado. Porque junto
con el estado de tensión, el deseo, es parte de la génesis de cualquier
proyecto humano, y si se detectara que el objeto de ese deseo ha perdido
sentido o necesidad, es poco probable que ese proyecto pueda prosperar.
Adán y Eva o Eva y Adán
La mujer en el siglo veinte en la sociedad occidental fue modificando su
lugar en el espacio social, desplazandose dentro del reparto de los roles,
hecho que se venía dando desde los siglos anteriores donde la guerra era la
definición básica del poder.
Las clases dominantes ya habían pasado por el poder de algunas mujeres.
Personajes como Isabel I, Juana de Arco, Catalina de Rusia, Cleopatra ó María
Antonieta , eran toleradas por sociedades que sólo admitían el poder andrógino.
Cierto lugar reservado al poder divino fue preparando el terreno que luego
fertilizó en el siglo veinte.
Simultáneamente al avance de la mujer el hombre se retrajo. El hombre no
pudo asimilar la propuesta de la revolución de lo femenino. El poder del hombre
está siendo objeto de estudio por sí mismo mientras simultáneamente, comienza a
disfrutar la inexigibilidad de ser el soporte y el valor de resguardo del
vículo con la mujer. Esta dicotomía colocan al hombre y también a la mujer, en
situación de crisis. En la relación del intercambio, no queda más que mantener
las fronteras frente al avance irruptivo de la vitalidad de la mujer. Este modo
dinámico de intercambio coloca al universo del trabajo, en el centro de la
escena del conflicto.
El término género aplicado a conceptos gramaticales, muestra que la
problemática está recién en sus comienzos pero con suficiente madurez para el
desarrollo. La mujer y el hombre son lo que son en tanto y en cuanto son
vitales. La vitalidad y en cuestiones de trabajo hemos verificado su presencia,
está ligada a la esencia misma de lo que genera la vida. Los que integramos la
generación de los adultos, aprendimos en la sociedad occidental un poco más
tardíamente que en los momentos actuales, que lo que produce vida es el sexo y
ya es hora de confesarnos semejante verdad. Expresar el conflicto hombre mujer
como de género en un espacio tan vital como en del trabajo, lleva implícita una
carga culposa, aún si lo que se pretende es respetar a la minoría de las y los
homosexuales. Si así fuera, expresar el conflicto como de género, pretende
eliminar un factor de identificación a la persona que la esteriliza y no es esa
la propuesta que desde estas líneas vengo proponiendo.
La retracción del hombre y el avance de la mujer expresado en estos
términos, simula a los dos equipos en la cancha y en su lugar, ambos al ataque
y a la defensiva. El mundo del trabajo es un muestrario de otros fenómenos,
quizás analizados desde la antropología o la sociología, que estudia las nuevas
relaciones hombre – mujer.
Hasta ahora la mujer ha avanzado en puestos de comando y se verifica una
presencia igualitaria que asciende hasta los puestos gerenciales intermedios.
Las trincheras cavadas por los hombres hasta ahora no han permitido, salvo
fugaces saltos, el acceso a los puestos CEO y de presidencias ejecutivas a las
mujeres. Pero esa situación, no requiere más que tiempo y desarrollo del
conflicto. El vector de irrupción femenina en las organizaciones no ha
encontrado ninguna resistencia equivalente, salvo la oposición masculina, que
ya vemos, ha quedado amortiguada. Los vectores de desestructurización de ese
fenómeno, surgirán presumiblemente de la misma condición femenina. Y también es
probable que se resuelvan, cuando las resistencias masculinas queden
definitivamente agotadas y el encuadre del tensor, pase a ocupar un nuevo
cuantum de resolución.
El universo del trabajo ya se ha hecho cargo del modo de resolver de las
mujeres. Hoy la resolución de los temas concernientes al trabajo llevan la
impronta de lo femenino. No es la mujer ya la que adopta la ley del hombre,
sino que recrea y es la generadora de leyes en esa dirección. Por ejemplo, es
muy probable que la amigabilidad de los sistemas y por ende, la mirada de los
productos en esa dirección, tenga que ver con el aporte directo de lo femenino
en la producción. El hombre desde su concepción general, plantea la resolución
del trabajo y ya lo hemos visto, bajo conceptos bélicos, donde implícitamente
se requiere la aceptación sumisa de su propuesta, así sea, por modos sutiles o
inductivos.
La mujer ha quitado buena parte del aspecto bélico de la carga laboral
que por siglos incorporó el hombre. Podríamos decir que en la reducción más llana,
la mujer en la sociedad más primitiva, tiene por misión parir soldados, que
nacen para cumplir con la misión masculina de matar o morir, recreando la
situación en la génesis del espermatozoide y el óvulo. Recordemos que es
necesario que mueran cientos de millones de espermatozoides para que sólo uno
llegue a fecundar, aquél que por fortaleza o por rapidez es el que llegará a
destino en primer lugar. Más sutil aún es el hecho de que aquellos
espermatozoides que llevan el programa cromosomático del hombre, son más
veloces que los del código femenino, sin embargo tienen una vida más corta. El
hombre por lo tanto, nace en la carrera por obtener el destino. No tiene tiempo
y la competencia no deja lugar para el error. La mujer tiene un ciclo mas lento
y los pasos, mirados desde los tiempos del varón son mas largos. El hombre
lleva la impronta de lo urgente y la presencia de la muerte como sino
cotidiano. La mujer lleva los tiempos, es la salvaguarda de la vida en su
interior, y mientras ella sólo puede concebir uno o dos hijos con sólo un
compañero, el hombre tiene capacidad para hacerlo con muchas compañeras una
cantidad, que medida en los tiempos de incubación es casi infinita.
Paradójicamente el hombre posee un cuerpo con más fortaleza física que
la mujer, sin embargo son ellas las resistentes. Es común que en una sala de
neonatologia, los médicos prefieran que el bebé a nacer sea una niña cuando se
espera un nacimiento de riesgo porque suelen sobrevivir mejor esos trances.
Volviendo a la analogía en el acero, la mujer es más resiliente que el
hombre, tiene mayor capacidad para absorber los impactos a pesar de que su
fortaleza intrínseca sea menor.
En el mundo del trabajo como en lo relacionado en la vida toda, no todo
es blanco o negro, quizás aún siendo ambas cosas, los sutiles grises son los
que interesan.
La mujer es mujer en tanto hay hombre. Obvio es decir de lo mismo del
hombre. Si suponemos que la realización humana estuvo relacionada con la ley
del hombre, seguro estaremos olvidando una parte de la realidad. Quien haya
realizado la muralla china, seguramente habrá sido el hombre que tuvo su
impronta de lo urgente. La muralla requirió de paciencia para lograr semejante
proeza activada con la presión de la urgencia cotidiana. Hasta ahora, si hubo
un hombre capaz de las realizaciones humanas, hubo una mujer que le brindó el
tiempo necesario y la confianza fuera de la inmediatez junto con la leche
materna y el cuidado de los primeros años.
El hombre en el emprendimiento de la Muralla China, habrá otorgado su
espíritu para producir empresas
imposibles a los ojos prácticos. La mujer habrá otorgado la presencia para dar
entidad a un objeto para que cuide del espacio y que no permita que otros lo
invadan.
El aporte de la mujer y su direccionamiento también aparece en momentos
donde el cuidado del medio empieza a ser requerido. No olvidemos que la casa es
un espacio femenino y como tal, nuestra vieja buena Tierra también lo es.
Quiero terminar este artículo con una reflexión de ese viejo maestro que
fue don Jacobo Agrest aprovechando este punto con la relación de la cuestión
entrópica.
Una mañana de sábado como todas aquellas que participábamos de su
sabiduría, intentó el sabio anciano, pontificar una máxima que le complicó la
existencia.
Esa mañana el maestro recreó en el pizarrón el concepto de fuente y
sumidero visto desde el segundo principio de la termodinámica. El trabajo de
circulación de los fluídos responde a una ecuación diferencial relativamente
simple y conocida. La relación entre ese trabajo y los potenciales de la fuente
caliente con la fuente fría ó sumidero, necesitó ser concluida llenando dos
pizarrones completos de ecuaciones y no alcanzando ese espacio, precisó
recurrir a las paredes porque resultaba un pecado que borrara las hipótesis que
formuló en la temprana mañana.
Con tanta abstracción expuesta, lanzó su máxima, que será el punto de
partida de nuestro análisis.
Preguntó el sabio:
- Bien, después de todo esto, vale la
pena hacer una reflexión sobre nuestra vida cotidiana, a ver. ¿Qué hicieron hoy
a la mañana? y comenzó a imprecar algo desagradablemente a los pocos seguidores
que le aguantábamos sus excentricidades, pero no al punto de meterse en nuestra
vida privada.
Me desperté alcanzó a decir el primero, bien ¿Qué más? insistió, me lavé
los dientes dijo otro, bien, ¿Qué más?,
insistió, me cambié, dijo otro, Bien, ¿Qué más?, complicó en forma insidiosa,
buscando una respuesta que todos sabíamos que era la única y que no lo conformaría
hasta escuchar aquella que suponía debíamos adivinar.
- Tomamos el desayuno- dijo una compañera casada, incluyendo al hijo
que paseaba dentro de su panza.
El maestro se dirigió a la compañera embarazada y preguntó
- ¿Qué más?.
La joven turbada a pesar de su condición de orgullosa futura madre o
quizás por eso mismo, no podía articular respuesta en su protagonismo singular.
No fue piadoso con ella el profesor e insistió de modo exagerado y teatral.
– Una futura madre ingeniera, tiene
que saber- exigió
Mi compañera quedó paralizada, el
profesor descubrió su error rápidamente, se disculpó y dejó el clima preparado
para descerrajar su máxima:
- A la mañana, mis estimados, lo
primero que hacemos es pis y caca. Nadie es capaz de confesarlo, pero aquellos
que lo logran desde la mañana, suelen tener un día mejor. El pis y la caca, mis
queridos futuros ingenieros, es el residuo de nuestro sistema, pero quiero
recordarles que es fuente de otros sistemas que figuran acá mientras mostraba
ecuaciones en la mitad de su trabajo matemático.
- Esta dama- refiriéndose a mi compañera futura madre
- recrea ese trabajo de circulación que
hemos desarrollado, creando y cuidando la vida que hoy ya es la persona que
vive en esa panza.
Y siguió con las reflexiones:
- ¿Desde el punto de vista entrópico, cuál
es el significado de un parto?.Durante el embarazo, la madre es fuente y
sumidero del bebé, pero después ¿Qué ocurre?. ¿Qué destino queda destinado a la
mujer?
Se dirigió a todos nosotros y nos
preguntó:
-
¿Quién les hizo el desayuno?, ¿quien lavó los platos? , ¿quien hizo las
camas?, ¿quien sacó de la mesa?.
En un universo estudiantil porteño de los finales de los años setenta,
quien no tenía madre, tenía esposa o a lo sumo mucama.
- La mujer - pontificó el maestro - es
el sumidero del hombre- descerrajó
finalmente.
Las compañeras, incluida la futura madre no toleraron semejante afrenta
machista, ni aún viniendo de un venerado profesor anciano. La ofensa que
descargaba a la condición femenina era intolerable.
Sin embargo, viniendo de donde venía mas tarde descubrimos su estrategia
de viejo seductor y otra más de sus muchas mañas de zorro.
Primera cosa, en el trabajo que planteaba, se valorizaba el sumidero
tanto más que la fuente. En términos prácticos, fuentes hay muchas y diversas,
sin embargo para la humanidad por ahora, sumidero hay uno solo.
Segundo, planteado de este modo, si la mujer es el sumidero ¿En qué
lugar quedaba el hombre en la relación hombre mujer?.
Ha pasado mucho tiempo desde esa mañana y mucha agua pasó por debajo del
puente. Por fortuna, hoy los hombres hemos arribado a los privilegios de
cambiar pañales y limpiar la mesa y en esta nueva forma de organización social,
comprendemos que el desafío en relación a los espacios del trabajo, están
íntimamente ligados a despegar nuestro rol de la función, del mismo modo que la
mujer, que avanzó ocupando espacios otrora exclusivos del hombre.
Es misión de los hombres recrear los lugares de su nueva condición, esto
significa que los cambios que se produzcan en relación a los modos diferentes
en que hombres y mujeres enfrentan el mundo laboral, lo que aporten unas, será
resignificado por ellos.
Por ejemplo, si bien ha habido muchas mujeres guerreras, es el hombre el
que lleva el espíritu de la guerra. Es probable entonces, que cierta mística
guerrera que lleva la impronta del trabajo, se vaya modificando en aras de
otros modos de interrelación, encontrando otros modos de lucha, ya que sin
lucha no hay victoria.
Mística y misión
Por años los emprendedores fueron los emergentes que llevaron los ejes
que a la postre cambiarían las pautas sociales. Hoy, el emprendimiento más que
nunca, pasa por las empresas y las organizaciones que conforman alguna forma de
organización laboral, como por ejemplo las ONGs. Tanto desde un espacio como de
otro, la sociedad procura las respuestas que los estados están dejando
vacantes. Quizás, ya se haya logrado un punto de equilibrio, o quizás aún quede
mucho espacio por recorrer en los cambios de las organizaciones de los países.
De todos modos, a partir de las nuevas formaciones financieras desarrolladas
por los diferentes fondos de inversión, como por la necesidad de direccionar
los excedentes de los países desarrollados, tanto las empresas como las ONGs,
ocupan un espacio de relevancia en la nueva organización social.
La cuestión es recordar la postura de los emprendedores que pautaron la
responsabilidad de la empresa en el espacio social. En estos momentos la figura
del magnate húngaro George Soros como antaño expresaran sus propuestas aquel
ejecutivo mítico Lee Iacocca ó el gran innovador de merchandising de la
electrónica, que fue Arito, plantean la nueva moral social.
Todas estas figuras expresan o plantearon la responsabilidad de la
empresa en la sociedad, su vínculo con el entorno y la impronta que permite su
permanencia en el mercado. Este nuevo modelo que avasalla las pautas conocidas
de cuidado, deja expuestas las leyes del más fuerte que está encontrando
límites puestos de manifiesto hasta desde sus protagonistas, como el del ya
citado Soros.
Quizás sea el momento de situar las pautas filosóficas de justificación
de cada propuesta ligada al trabajo. De este modo, tanto los responsables de
las direcciones, como aquellos que están situados en los diferentes espacios de
la rueda de la producción, encuentren una legitimación de su hacer que exceda
la respuesta a sus necesidades básicas inmediatas.
De este modo, un nuevo desafío se presentará para la humanidad y el
mundo del trabajo. Fuera de la pauta religiosa que exige la adhesión a las normas
globalizadoras de la ISO 9000 y su actual superadora 14000, la actitud de
cambio e inclusión en las leyes internas de cada organización, serán únicas y
originales. Porque a pesar del tamaño, cada excusa generadora de trabajo es
única e irrepetible. Del mismo modo que los individuos que conforman los grupos
de operación, cada organización tiene una respuesta a un deseo de matices
diferentes, tan distintos como pueden serlo Coca Cola y Pepsi, que con
productos absolutamente idénticos, abrazan sueños diferentes. Cuando la mística
se confunde, la necesidad de existencia de esa empresa desaparece y de eso se
trata esta propuesta.
Tanto emprendedores de distinto espacio como los representantes de los
sindicatos y organizaciones no gubernamentales cercanas al trabajo deberán
tomar conciencia que están situados en medio de una nueva mediática guerra, la
batalla ahora se dirime en ese campo. Las guerras se han vuelto inútiles y a
pesar de algunas escaramuzas, ya no pueden resolver el atascamiento de la producción
como ocurrió con la Segunda Guerra Mundial que respondió a la terrible crisis
de los años 29 y 30.
De todos modos, sea como fuere, los resultados más beneficiosos serán
para aquellos que puedan vislumbrar los ejes del motor de su actividad, la
evaluación del tensor social de su empresa y el permanente registro del deseo
en la actividad.
Quizás, el aporte de los pensadores de mayores disciplinas como la
inclusión de filósofos al mundo del trabajo, no hace más que ratificar la
importancia que ha cobrado dentro de la estructura social, la actividad
laboral.
Se observa que la matriz de la tensión social necesariamente está
pasando por el mundo de la producción y del consumo como jamás había ocurrido
hasta ahora. Las fuerzas de tensión social es posible que diriman sus fuerzas
en ese campo. Quienes tengan claros los ejes de su propuesta, y puedan
despegarse de los conflictos que no le competen, seguramente obtendrán mejores
salidas a los objetivos planteados. Incluso aquellas organizaciones que se definan
y expresen con adhesiones de protagonismo político, seguramente en tanto y en
cuanto claramente adopten el camino a seguir, es probable que logren la
propuesta pretendida.
Por lo tanto, todo está por escribirse en este siglo que empezamos a
transitar, del mismo modo que cuando en la escuela inaugurábamos un cuaderno
nuevo. En esos momentos, tocábamos el cuaderno con nuestros dedos y paseábamos
por todas las hojas impecables que esperaban nuestro futuro de aprendizaje y de
aventura. De alguna forma, tenemos la oportunidad para evitar manchones y
borrones.
Faltaba más
Cuando lo que intentaba decir en este
libro ya estaba concluido y que estaba listo para la primera corrección de esas
múltiples a que someto a mis cosas, ocurrió un hecho que espero sea el acontecimiento
del siglo. Lamento ser lo suficientemente escéptico para suponer que lo vaya a
ser, sólo me conformo con que sea el más importante de los próximos veinte años
y que los acontecimientos que prosigan por efecto de él, no lleve a más muerte
y sufrimiento a toda la humanidad. También debo confesar mi pesimismo al
respecto. Las dos Torres Gemelas de Nueva York y el anteriormente inexpugnable
Pentágono, fueron penetrados por aviones civiles con pasajeros dentro,
sometidos por cuatro terroristas armados tan sólo con cuchillos. Otros cuatro
aviones fueron derribados por las fuerzas propias, sin que se lograran
objetivos estratégicos, con el resultado de la muerte de todos sus ocupantes
civiles, incluidos claro está, los terroristas cuchilleros.
Los que asistimos desde los medios de información masiva lo que estaba
ocurriendo, sentimos que estábamos viviendo un acontecimiento terrible e
importante de la historia. El tiempo dará la respuesta pero la sensación más
allá de interpretaciones de toda índole, era que lo que estaba sucediendo era
de magnitud equivalente a la caída del Muro de Berlín y de mayor importancia,
que la ofensiva de Pearl Harbor. Alguna forma de guerra ha comenzado y la
baraja ya no es la misma.
Habrá que estar muy atentos a los nuevos factores que intervengan a todo
nivel, pero en el tema que nos ocupa, sin dudas gravitará con tensiones
pulsantes del nivel de las acciones que demanden los hechos.
Todo está muy fresco para conjeturar pero aún así, cierto defecto
innato, me invita a hacerlo. Por ejemplo, sería razonable suponer que el efecto
entrópico pierda vigencia por ahora, hasta algún nuevo tipo de equilibrio, del
mismo modo que el resultado por el cuidado por la vida y aún más el de la
Calidad de Vida. Es probable, que todas esta virtudes buscadas hasta el 11 de
septiembre se vean menoscabadas, frente a la posibilidad de la hecatombe
inmediata . Al día siguiente, cuando muchos se despertaron, agradecieron a Dios
el estar vivos, desde ese modo de situarse frente a la vida, el fumar o el
agujero de ozono, pierden significado inmediato.
Pero si la humanidad no estallara en mil pedazos y se recompusiera la
vida en un nuevo escenario de tensión, con el costo de una mayor acritud,
quizás con variantes singulares, es posible que se retrotraiga a las mismas
búsquedas. Digo quizás, ya que de ser así, las variables serán de un tenor aún
desconocido.
Pero el Tensor Social seguirá creando vectores que buscarán sus
equilibrios amortiguantes con el cuantum calificativo distintivo a la nueva
situación,
La ruptura parcial de la ilusión de la eficiencia en la seguridad de los
EEUU puso en tela de juicio la seguridad mundial. Es posible que sólo esto
motorice nuevos modos de gerenciamientos potenciados en el estigma bélico. Pero
la impronta femenina le dará un significante diferenciador.
Quiero decir, que supongo que los efectos inmediatos del atentado en
Nueva York generará un retroceso a las tendencias que describí y que la
recomposición de las mismas, estarán condicionadas en dirección e intensidad en
función de las resoluciones que se disparen.
Como siempre, los emprendedores encontrarán oportunidades como los
exploradores encuentran agua en el desierto. Los ejes de la realidad se han
corrido y aquel que pueda realizar propuestas acordes a esa nueva
configuración, saldrá beneficiado. Pero esta guerra, no puede resolver la
conflictiva del cuadro económico que se obsrvaba previamente al acontecimiento,
por lo tanto, sólo agregará variables que matizarán lo observado.
El peligro nuclear, la guerra
bacteriológica, el riesgo de vivir en suma, son partes de un todo del cual la
humanidad ya ha dado cuenta de que está capacitada para adaptarse. Por lo
tanto, conocidos los nuevos escenarios, aquellas variables que se citaron, es
posible que se mantengan.
Recordemos que a pesar del despilfarro energético que puede significar
una guerra, los precios relativos para el mundo de paz, son diferentes. Del
mismo modo que con el presupuesto bélico, podrían resolverse enormes castigos
de la humanidad, como la desnutrición infantil, también es muy probable, que
los ejes de la disputa y los de la producción de bienes y servicios,
transcurran por caminos divergentes.
Aún así, podemos asociar algunos conceptos previos a este suceso.
Si fueran validadas las hipótesis de que la energía humana es finita y
de que el mundo del trabajo es la sublimación de la guerra, la sola conciencia
de estos ejes puede ser motivadora de direccionamientos en sentidos de la
activación, de modos de resolver el atascadero.
Y si así no fuera, de todos modos la administración del conflicto sigue
teniendo un espacio preponderante, ya que a pesar de los padecimientos que la
humanidad ha transitado y transita en el mundo del trabajo, es bien cierto que
los males emergentes de las guerras, suelen ser mucho mas desgarradores.
Los participantes del mundo del trabajo en suma, deberán asumir la
responsabilidad que les compete, ya que un incremento de acritud lleva casi
siempre una disminución en la resiliencia.
Quizás, un modo de retornar a estados de mayor resiliencia, sea la
incorporación de períodos pacíficos, del mismo modo que los tratamientos de
recocido y normalizado retrotraen algunas situaciones de acritud no deseadas en
el acero.
Por el contrario, situaciones permanentes de incorporación de acritud,
terminan con el colapso sin aviso igual que en los aceros. Del mismo modo que
en las sociedades rectoras del mundo, desde Roma hasta la URSS que finalmente
colapsaron por haber quedado con sus capacidades resilientes agotadas.
Hoy tanto en Davos como en anti Davos, deberán comprender los
protagonistas, el momento que están protagonizando.
La escaramuza actual puede quedar en solo eso, una escaramuza. Los
protagonistas de la contienda tienen al mundo en vilo, ya que uno de los
contendientes es la nación más poderosa de la Tierra.
Pero aquellos que cotidianamente integramos el tensor social del
trabajo, alimentamos los vectores con nuestras capacidades y posibilidades.
Quizás, una nueva forma de lucha esté comenzando, y esa sola toma de
conciencia, dará entidad a nuestras acciones y quizás, tambien despierte
nuevamente nuestra capacidad de asombro.
Noviembre de 2001
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