lunes, 3 de febrero de 2014

Bienes o servicios


  Los servicios como parte de las ofertas de trabajo existen desde el momento mismo que se ejecutó un bien. Basta recordar que el más antiguo de los oficios que se conoce en la historia del mundo corresponde a un servicio, pero sólo en los últimos veinte años del siglo veinte, los servicios cobraron la vigencia primordial que hoy conocemos.

  Nadie desconocía que era más sencillo obtener carrera estratégica en el área de comercialización que en las de proyecto. Sin embargo, los manuales de calidad, el estudio de las estrategias en áreas como logística y distribución, la ya citada comercialización, el estudio de climas de trabajo y por supuesto, la estrella del momento la sistematización y sus ofertas operativas, han dado respuestas novedosas al mundo del trabajo.
  Los esfuerzos invertidos en perfeccionar la producción de bienes es hoy sensiblemente menor a los que se dirigen a los servicios directos. Por otra parte, ya no se acepta el reduccionismo de los años setenta, donde se pretendía mostrar como producto un servicio. Para aquella época se productivizaba el servicio de modo de trabajar en él, ya que no se conocía otro modo de objetivar el tema a estudiar. Se lo transformaba en un objeto y de ese modo era más conocido el camino para el estudio de los modos de comercialización o de los ajustes de calidad por dar algún ejemplo. Hoy queda claro que el servicio es una oferta estratégica del nivel de estudio en sí mismo tal es así, que superó al producto en la generalidad de los casos, tanto en el poder relativo como en los márgenes de rentabilidad.
Si bien las marcas de los productos siguen siendo relevantes, hoy nadie duda del poder de comercialización de las redes que a esta altura suele ser superior a las marcas mismas.    
  La prueba evidente son los supermercados quienes han obtenido alto poder de negociación en las transacciones donde por ejemplo, es primordial la ubicación relativa dentro de la góndola.
  El punto en cuestión de servicios y productos y sus zonas grises queda más expuesto en el manejo de la informática y de las PCs. Podemos decir que con la mirada de los años setenta, los software hubieran sido claramente un producto, pero hoy si bien podría verse desde esa óptica, es el servicio que ofrecen lo que les define su característica. En un modo aclaratorio podemos decir que un camino puede verse como un producto ya que el servicio que ofrece para la seguridad y la velocidad de los vehículos que circulan por él, es su característica. Claramente desde este espacio consideramos que el automóvil es claramente un product, dada la singularidad de aquello que lo condiciona y que el camino es claramente un servicio por las mismas causas. Para ampliar el concepto decimos que nadie compra un automóvil porque lo pueda trasladar con mayor eficacia de un sitio a otro sino por las singularidades propias del mismo que lo hacen más atractivo que otro que compita con él. Si tuviéramos que comparar los diferentes productos que se comercializan por los servicios que ofrecen casi no habría diferencia. Todos los automóviles de su tipo llevan a la gente de un sitio a otro en condiciones similares, todos los televisores de su tipo dejan ver los programas casi del mismo modo. La diferenciación de cada marca en cada franja del mercado construye pautas que son intrínsecas al producto y no al servicio que ofrecen.
  Los servicios por el contrario marcan sus diferencias en la facilidad con que se logran los objetivos que se pretenden cuando el usuario los aborda y ése es el enigma del momento a dilucidar.
  Es evidente que la urgencia en la resolución de la fabricación de productos hoy está resuelta. La problemática está planteada en el modo en que esos productos lleguen a los usuarios sean éstos consumidores directos o partes integrantes de la cadena de elaboración.
Del mismo modo que hasta los setenta se productivizaba un servicio para poder trabajarlo desde una óptica “racional”, hoy se servicia los productos para evaluar su “amigabilidad”, vale decir la capacidad que ellos proponen para la facilidad de su uso.
  El mundo de la computación ha colaborado para esa óptica de ver los problemas. De todos modos vale preguntarse en este punto, dónde estuvo primero en esta problemática si el huevo ó la gallina. Quizás, el mundo de la computación vino a dar respuestas que la humanidad estaba requiriendo, este es el punto vectorial de los encuentros.
  Este aporte  como casi todo no permanece estático. Los productos cada vez más estarán siendo influenciados, por esta forma de proyectarlos y en su resolución, aparecerán dificultades nuevas que habrá que sortear y la preocupación nuevamente volverá a ellos.
  Aún así no podemos dejar de lado la situación planteada para una radiografía de época. Tiene un lugar de privilegio el software respecto del hardware, es primer negocio del mundo el entretenimiento cuando hace veinte años lo era el petróleo o el acero, está prevaleciendo el esfuerzo para el financiamiento de una cosa que la cosa en sí misma. El tema del dinero y su complicación en el mundo de las sociedades es lo suficientemente rico para evaluarlo desde múltiples aspectos. Pero en lo que respecta al trabajo tiene una importancia gravitacional ya que es la primer excusa formal que genera el trabajo. Los bancos por lo tanto ocupan un lugar de relevancia entre los servicios. Quizás, por ser éste uno de los servicios más antiguos de los reconocidos del mundo, tiene un privilegio por su añejamiento que le ofrece tranquilidad y sabiduría.
  En estos tiempos los bancos afloran como los reemplazos de los espacios que están dejando vacantes los estados en su reducción de funciones. A través de las múltiples actividades que los bancos desarrollan participan de la vida cotidiana de las personas en cada vez mas lugares. Administran las jubilaciones, proponen seguros de vida, retiro y capacitación, construyen carreteras y cobran los peajes por su uso, administran el modo de uso del dinero a través de cupones de comida, tarjetas de crédito o de pago electrónico y dada la importancia de lo imbricado de la actividad humana, han cobrado peso específico en las políticas de los países a través de los financiamientos de las deudas de los estados en una proporción superior a lo conocido hasta la fecha. Sin entrar en cuestiones mas generales, el sólo hecho de que empiecen a aparecer tarjetas de crédito con la foto del usuario abre el camino de la garantía de la identidad del que lo otorga.
  Los bancos en suma han demostrado que los servicios estaban para mucho más a lo que los tenían relegados la humanidad. A tal punto llevan la delantera, que vuelven a utilizar el término producto para nombrar evidentes servicios. Es curioso como han dado una vuelta al tema y “productivizan” servicios tales como créditos hipotecarios, seguros de diferentes tipos o cuentas corrientes con tarjetas asociadas.
  Nada está escrito por lo tanto en esto de los servicios y productos o de algún modo, cada día se escribe algo nuevo que alimenta a los vectores funcionales.
  Pero es posible que el incremento del mundo del servicio también esté asociado a la respuesta de la limitación al uso de la energía.
  La necesidad del hacer como eje de la organización de la vida de las sociedades, ha macerado este modo de organización donde el trabajo tiene su lugar indiscutido y omnipresente. Imaginar una sociedad ociosa es hoy absurdo y como se planteó antes se la supondría decadente de modo terminal. Por lo tanto sería deseable que la humanidad deje de producir objetos de alta obsolescencia a corto plazo ya que la necesidad de producirlos, pierde importancia a partir de que los servicios darán la suficiente cabida a la necesidad de organización que desde el trabajo se requiera.
  Este modo de ver el tensor del trabajo por llamarlo de algún modo, o sea la matriz de los infinitos vectores multidireccionales que hacen a ese universo, suponen que la energía humana que se requiere en cada momento de la humanidad en la organización a partir del trabajo, es finita y acotada a cada momento. Por otro lado, la respuesta que ofrece ese universo a la humanidad,  también tiene la dimensión de las propuestas que las sociedades producen. Los desequilibrios entre esa necesidad de trabajo y la respuesta que la sociedad recibe, suelen situarse en los espacios temporales de fuertes cambios sociales que habitualmente producen dolor y desolación a quienes lo padecen. Desde acá sabemos que el universo del trabajo, no es más que una respuesta a los otros universos que como vectores, hacen al tensor universal que debe regir nuestras vidas.
  Pero desde el punto de vista de la ecuación entrópica como eje del problema ecológico, es posible que el corrimiento de la utilización de esa energía finita destinada al trabajo en áreas de servicios, pueda llevar a una convergencia entre la energía humana citada para el trabajo y las necesidades de actividades lo menos energo intensivos posibles.
  Este modo automático de la respuesta a la frustración de la humanidad a la utilización infinita de la energía acumulada en la tierra por siglos o por cualquier otra extraída de otras fuentes, puede ser que potencie actividades donde la energía humana demande menor energía ajena a sí misma.
  Quiere decir que, si para la vida cotidiana cada persona utilizara menor energía respecto de la que genera desde su propio ser, la ecuación del requerimiento del espacio finito del trabajo versus energía consumida podría ser mejorado. Por ejemplo, si la gente no necesitara viajar cotidianamente con medios de gasto energético para su vida o si se trasladara el puesto de un obrero que utiliza una máquina que consume determinada potencia a un trabajo social que no demandara energía específica, la energía neta de trabajo personal versus excusa para ocuparlo, estaría un cuantum por debajo de la situación previa.    
  Para el primer caso bastaría que las organizaciones del trabajo ofrecieran actividades en sitios cercanos a las localizaciones urbanas o más aún, lograr que muchas actividades puedan ser ejecutadas desde los hogares. Para el segundo caso, la situación podría tener diferentes aristas de análisis.
  Lo que se cita es, la transferencia de los trabajos para la producción de bienes obsolescentes en la producción de servicios y la fabricación de bienes duraderos que luego se reparan. El punto a evaluar es que los bienes deben seguir siendo producidos, sin embargo, la óptica  para la producción de esos bienes puede variar sensiblemente.
  En primer lugar hoy se producen bienes de alta obsolescencia a costos cada vez más bajos, fruto de la escala de producción y de la concentración y especialización de cada fabricante y de cada producto. Muchas de las obsolescencias no suelen ser técnicas sino por efecto del trabajo permanente del merchandising que propone modas y modos de permanente inyección de productos. Desde los sesenta se viene cuestionando ese modo de manejo del mercado con esa expresión tan trillada y conocida como  “sociedad de consumo” la que define a aquella sociedad empujada por la necesidad de colocación de más y más productos.
  El modo de comercialización desde esa época se fue sofisticando, se fueron aumentando cada día más las sutiles formas de incrementar la producción de bienes y por consiguiente el consumo de los mismos. La mayoría de los productos de uso doméstico no han mejorado sus bondades técnicas sino por sutiles cambios, muchos de ellos de orden ni siquiera funcional o estético. La sociedad occidental se ha acostumbrado a tirar a la basura y por ende a no cuidar los productos, ya que su reposición es muy facilitada y el valor intrínseco de cada uno degradado. Objetos que generaciones enteras cuidaron y se pasaron de padres a hijos como relojes, colchones, muebles de todo tipo, hoy son tirados por la ventana para la basura o para una circulación comercial marginal, que no supera más que un circuito para acabar definitivamente en la basura. Aquellos que vivimos en países periféricos, aceptamos ya naturalmente la destrucción de automóviles de antigüedad mayor a diez años, cuando hasta hace muy poco, ese era un objeto de culto, cuya destrucción sistemática era impensable.
  La tecnología no ha ofrecido cambios sustanciales en la mayoría de los objetos de uso cotidiano en la última década, sin embargo, suele ser más costoso reparar un objeto que su recambio. El mundo del trabajo ha resuelto con producción de bienes la dificultad de la respuesta en el servicio de la reparación.
  Pero la matriz está viva como la humanidad misma está viva. Si se potenciaran los servicios y su requerimiento de comercialización, es posible que los servicios de reparación “empujen” a la elaboración de productos cada vez más valiosos y de cada vez más difícil reposición.
  Esto que se plantea del interjuego de los intereses por otro lado, daría una respuesta a la traslación de ejecución de un producto a un servicio cuya ecuación de balance neto energético suele ser menor. Es decir, si tomamos en cuenta que hay una cantidad finita de consumo de energía, ya que la Tierra sólo puede absorber una cantidad de ella como fuente fría sin desequilibrios importantes, realizar servicios que suplan la realización de bienes, parece una solución espontánea de la humanidad.
  Desde el uso de un objeto esta ecuación se muestra del siguiente modo. Un electrodoméstico ofrece un servicio por tres años, luego es reemplazado por otro de similares características por rotura u obsolescencia. En un período de nueve años, sería necesaria la fabricación de tres electrodomésticos para dar respuesta a una utilización única en un mercado que no creciera. La energía neta para fabricar un aparato que no modifique sus prestaciones y consumo en ese período, es la misma que producir el primero de alta vida, vale decir que la humanidad se ahorraría las dos tercias partes de ese consumo. Por otro lado, el servicio de reparación de ese bien, significaría una energía por unidad de producto muy inferior a esas dos tercias partes vacantes. La energía humana para producir esos dos productos que se dejaron de fabricar, es mucho menor que la necesaria para repararlo por lo que de ese modo, la ecuación de balance neto beneficia al sistema ecológico.
  Ya se están observando fenómenos interesantes que pueden inferir esta tendencia. Hace más de un siglo apareció la teoría, de que el hambre en el mundo aumentaría exponencialmente, ya que la producción de alimentos aumentaba en modo lineal y el crecimiento poblacional de modo geométrico. La respuesta a ese desafío es conocida y hoy sabemos que el mundo sigue con hambre en proporciones similares a la época en que se formuló esa máxim, y no se lo reduce por otros motivos que no son la capacidad técnica de responder a ese flagelo de la humanidad. En términos concretos, si por técnica fuera, la humanidad estaría en condiciones de alimentarse o sea que el hombre desarrolló técnicas lo suficientemente ajustadas para lograr ese objetivo.
  Sin embargo, la humanidad sigue padeciendo hambre en proporciones oscilantes cada vez mayores en este momento. Los mercados producen alimentos cada vez más baratos y a pesar de eso, no es el producto en sí el que se lleva la parte mayor del costo, sino que otras áreas como la comercialización ó embalaje que priman sobre el resultado económico final.
  De modo que al final de la cadena hay un consumidor que retira de una góndola de supermercado, el alimento que calmará sus apetitos. Ese consumidor elige sus alimentos y exige calidades. En los últimos tiempos, cada vez más consumidores se inclinan por productos realizados naturalmente, con los menores productos ajenos al modo natural de elaboración. De ese modo, primero tibiamente y luego cada vez más intensamente, productos de tipo ecológico fueron ofertados a cada vez más consumidores.
  La elaboración de esos alimentos requiere de mayor espacio físico y suele tener menor rinde, se necesita mayor energía humana por unidad de medida de producto, pero no mayor cantidad de energía neta, puesto que no necesita pesticidas ni procesos transgénicos.  
  Requiere mayor cantidad de personas trabajando ya sea en su producción, como en el control que garantice su calidad.
  Si la tendencia o por llamarla de un modo marquetinero, si la “moda” natural se instalara como cada vez parece que ocurre, ya que las personas han adoptado la “moda” del cuidado de sus cuerpos a través de la gimnasia y el yoghurt, es posible que los productos que no fueran ecológicos pierdan tal nivel de valor que los haga inviables en la red de comercialización, ya que aquellos que son capaces de invertir en saciar sus apetitos, sólo lo harían exigiendo productos que no alteren su tan mimado cuerpo. Tal como ha ocurrido en todos los tiempos, nadie produce para quienes no pueden elegir lo que comen. De modo que quizás, los alimentos producidos por productos químicos como hasta ahora, es posible que pierdan peso como negocio.
  La calidad de los alimentos se aumentaría por el mero hecho de un pedido del mercado y la energía neta de su realización en función de la energía humana por unidad de producto bajaría.
  Este tipo de actitud de los mercados y la respuesta del mundo del trabajo, no es más que aquel intercambio de vectores, muchos de los cuales no es posible ser descubiertos aún cuando están presentes frente a nuestras narices.
  Hasta la primera mitad del siglo veinte, la sociedad inglesa se jactaba de realizar productos que no cambiaban con el tiempo. Un automóvil inglés variaba lentamente cada lustro y sólo ocurría por el peso que los cambios que la industria automotriz resolvía en esos períodos de brusco incremento de la tecnología. A pesar de eso los modelos antiguos aún sin la mismas prestaciones de los más modernos, eran venerados por sus bondades míticas. Ese modo de valorar los productos estalló junto con el imperio después de acabada la Segunda Guerra Mundial. De todos modos, Inglaterra siempre guardó cierto recato por sus productos y por el cuidado de ellos.
  Recuerdo el orgullo de mi padre y de sus cogeneracionales por zapatos o corbatas de más de diez años. Una cierta moda de lo inmediato se contagió para esta época hasta en la decoración de los lugares de comidas, de hoteles, de lugares de espectáculos que pierden vigencia en pocos años. Una sensación de ambientación escenográfica nos rodea en los lugares donde nos esparcimos o realizamos nuestras compras, incluso las primarias. A pesar de que las imágenes pierden vigencia con rapidez, éstas se suceden en reiteradas vueltas iterativas con sutiles mudanzas que producen sensación de cambio. La humanidad en su conjunto continúa procesando el caudal fabuloso que produjo la cultura universal del siglo veinte. No sería extraño entonces, una vuelta a ciertos valores del cuidado de aquellos objetos que hacen a nuestra vida privada y hasta un retorno a un nuevo modo de puritanismo ya que de este modo, las sociedades calman la ansiedad que propone lo relativo.
  Con el cuantum que otorga esa modificación, un retorno a los valores absolutos otorgaría una primacía en el valor absoluto del producto con el aval de los servicios, garantizando la calidad y la prestación del bien. 
  Este nuevo modo de resolución exigirá la respuesta de los líderes políticos, ya sea en el juego de los valores de los contratos de oferta laboral como de la libertad de los nuevos servicios de contralor que las sociedades propongan. Ya vimos que los bancos han ocupado una buena parte, por otro lado aún no se han citado, pero las ONGS también han recorrido un largo camino en ocupar los espacios que los estados han transferido al esfuerzo privado.       
  Quizás, las actuales organizaciones privadas de control de calidad encuentren su hora, ya sea para garantizar los procedimientos inscriptos en las actuales normas ISO o como por extensión también, permitan pautar las necesidades cada vez más exigentes de los mercados.

 

Si lo pequeño es hermoso ¿cómo será lo grande?



  Hasta promediados los años ochenta la tendencia de los operadores de negocios se inclinaban en la partición de las grandes corporaciones. La teoría, mas allá del negocio especulativo normal, sostenía que superada cierta dimensión en grupos económicos, ese tamaño se transformaba en atentatorio con la eficacia del sistema económico. Inmensas corporaciones fueron mutiladas y readaptadas en un mundo que se distribuía preparándose para la revolución informática que se venía. Bruscamente por efecto de los vientos informáticos y financieros, la tendencia se revirtió en la búsqueda de espacios de poder cada vez más ambiciosos. Se concentró la actividad en megacompañias y en asociaciones de pulpos que hasta hacía poco se repartían el mercado. Las pequeñas y medianas empresas asistían a la lucha de los grandes que se repartían el espacio que les quedaba. Cuando aparecen las recesiones y por ende el desempleo y la expulsión, las grandes corporaciones desalojan lastre para su supervivencia del mismo modo que los transatlánticos frente al peligro del hundimiento, mientras que las pequeñas al no tener recursos para expulsar, quedan atrapadas en la trampa y corren peligros mayores o sucumben.
  Sin embargo, cuando la recesión previa de los setenta asoló al mundo occidental, fueron las grandes las que soportaron las grandes pérdidas y por eso la tendendencia a las particiones de la época.
  ¿Qué factores influyeron para ese cambio de ciento ochenta grados?.
  No se puede soslayar el cambio del nuevo orden mundial al demolerse el mundo socialista. Los códigos variaron y ciertas barreras formales se levantaron. Podemos suponer que el trabajo organizado y sus redes de poder en algún aspecto han reemplazado a los ejércitos en el servicio de canalizar la agresión humana y las ansias de dominación. El principio que reza que el dinero es aquello que Dios ha otorgado al hombre para que no se ande matando por hembras y por crías como el resto de sus hermanos habitantes de la Tierra, extiende que si bien la muerte en los animales corresponde a principios más dignos, el dinero ha sido el depositario de las luchas en esta última parte de la historia.
  Por lo tanto cuanto más se posee, mayor poder se obtiene. Las megafusiones han otorgado inmenso poder a las corporaciones y han agudizado la pirámide de la economía. Pero como en los setenta que se sostenía que las grandes organizaciones son estructuras muy pesadas, de difícil control y con ramificaciones políticas que terminan esterilizando su poder, hoy todas esas razones han sido respondidas por las técnicas actuales de management y con los nuevos métodos de simulación. Pero la historia nos enseña que la posibilidad de las organizaciones, rápidamente neutralizan esas acciones y que la condición humana aflora con toda su integridad.
  Es muy probable que en pocos años asistamos nuevamente al espectáculo de la partición explosiva de los grandes gigantes para recomponer la organización económica mundial, presentando de modo circunstancial una pirámide más ancha.
  A todo esto ,¿Qué ocurre con las pequeñas y medianas? .
  Lo dicho para las grandes corresponde del mismo modo para las pequeñas y medianas empresas. Por sus características las PYMes, pertenecen ó recrean organizaciones familiares que les determinan una impronta dentro de la organización del universo del trabajo.
   Entre las múltiples variantes que las caracteriza, las pequeñas y medianas empresas transitan la inmediatez como icono más significativo de su identificación. Ese modo de participar en la matriz vectorial, las sitúa con mayor grado de acritud respecto de las corporaciones de mayor valor. Los cambios son padecidos con signo trágico pero la capacidad de readaptación frente a las modificaciones del universo son inmediatas. La vitalidad de las PYMes, está asociada a la irracionalidad de su acta fundacional. Funcionan por una pasión básica de supervivencia ligada directamente al día a día de los factores de decisión. El contacto directo entre la gestión y la decisión acorta distancias y aumenta las velocidades, las que leídas desde el espacio de las corporaciones aparecen vertiginosas. Si observáramos detenidamente las propuestas de management actuales dirigidas a las grandes organizaciones, observaríamos que muchos de los métodos que se proponen, intentan recrear el universo de las PYMes por su vitalidad y audacia. En definitiva, el modo novedoso del Entepreneur, tiene mucho de la función de un director de PYME con la potencia de la capacidad de la integración a los circuitos corporativos.
  Por supuesto no todas son rosas. Las PYMes no poseen el poder que se requiere en esta época, están ubicadas al revés de los vientos que corren a pesar de que en su acta vital, intenten agruparse en el mejor de los casos. La atomización de poderes no es lo que más propone el momento frente a las asociaciones y a las megafusiones. La matriz intrínseca de la PYMe la coloca en un espacio de asociación grupal espontánea de los participantes que integran el grupo de acción, lo que significa que la estructura no aparece forzada por técnicas de gerenciamiento, capacitación permanente y retroalimentación de líneas para obtener objetivos decididos previamente y medición constante de desvíos. La inmediatez, insisto es su piedra basal, por lo tanto están sujetas a cualquier modificación que el afuera le propina y dado el reducido espacio para dirimir sus tensiones internas, las hacen vulnerables en momentos de crisis y movilidad.
  Sin embargo, la vitalidad de parición frente a escenarios nuevos, las hacen las protagonistas del momento que se avecina. Veamos los fundamentos de esta hipótesis.
La tendencia a la generación de redes estimula la posibilidad espontánea no compulsiva de asociaciones de unipersonales y a lo sumo de microempresas. La transferencia de la producción de objetos a servicios, sumada a las nuevas técnicas de comunicación y a la aparición de la concritud del mundo virtual, estimulan la posibilidad de imaginar otras formas de necesidad y de respuestas. Esas son parte de la estimulación de la competencia a velocidades superiores a las conocidas por las burocracias y las autorizaciones. El trabajo visto de este modo simula cada vez más a los juegos de azar, similar a las apuestas en la bolsa y crean un campo de incertidumbre dentro del cual las PYMes, tienen mejores probabilidades de movimiento. Por otro lado, respetando el principio de acción y reacción, una burocracia virtual se exigirá en cada movimiento para permitir su legitimidad, lo cual permitirá que cuanto mayor sea la gimnasia aprendida de esas leyes y mayor su dominio, mejores serán los resultados de esos usuarios. La posibilidad de que un pequeño grupo sin capacidad económica participe de los procesos de cambio, es cada vez más frecuente. La interacción y la iteración encontrarán su límite luego de las búsquedas de los espacios y finalmente se encontrará el equilibrio en asociaciones y megafusiones, pero esta vez ya no será de corporaciones sino quizás, de modos nuevos de asociaciones de individuos o de contrato social
  Mientras tanto ¿Qué será de los bienes? Todo está muy bien, pero la pizza ¿Quién la va a traer y con qué aparato?
  Se especuló cuando se trataba la variante espontánea de resolución energética en la producción de bienes, que los futuros bienes estarán cargados de una sobrevida sensiblemente mayor a los actuales, de modo de transferir la energía neta consumida por unidad de trabajo a los servicios que deberán consumir menos energía para su realización que los productos. De este modo, el despilfarro que se realiza actualmente fabricando  basura, mucha de ella no biodegradable y poluyente, disminuiría de modo importante. Por lo tanto, los precios relativos para obtener los productos serían mayores a los actuales y de algún modo la competencia dirigida al precio pasaría por los servicios, hecho natural establecido en la ley de acción y reacción, que propone una proporción inversa a la actual. El circuito podría expilcarse del siguiente modo:

  Con la tendencia gregaria crece un vector de acumulación de poder que determina la propensión a la corporativización de las organizaciones ya sea por aglutinación o por engullición de unas sobre otras. Pero para que ese fenómeno ocurra, es preciso situarse en una meseta de transformación. Cuando la transformación irrumpe, son las pequeñas organizaciones situadas en los bordes del universo las que por un impulso vital, llevan las iniciativas de las necesidades de esos momentos. Las grandes organizaciones se sostienen en momentos donde la certeza es la ley. Por ese motivo, es posible el cambio de tendencia actual a la luz de los vientos que despierten el sopor de los años noventa.

Mirémosle los ojos a la tensión


  Queda por discernir si es posible echar una  mirada al tema del estado de tensión que el trabajo propone.
  Admitiendo crear un campo donde los vectores tuvieran por ley el total albedrío en la interacción de las personas, difícilmente podría lograrse un trabajo formal. Significa esto que para que una tarea de más de uno sea ejecutada es preciso el acuerdo de esos dos o más para conciliar la dirección y el destino de esos esfuerzos. Es valiosa la imagen que ofrece el monumento dirigido al trabajo en la Ciudad de Buenos Aires. El artista eligió la imagen de un grupo de personas tirando de una soga atada a una inmensa piedra. No tengo idea de la época en que fue realizada la obra, pero seguramente habría otras formas de representar el trabajo ya que la humanidad ha resuelto hasta por la fuerza bruta de las bestias el transporte de cargas tan pesadas. Sin embargo, es elocuente la imagen por su simpleza y primitividad, puesto que el trabajo es trabajo en sí mismo, más allá de la utilidad que cualquier observador juzgue, por lo que si un grupo de sujetos se ven necesitados e incluso si se vieran forzados a una actividad, eso implica un trabajo. Ese es el punto donde comienza la tensión en el trabajo.
  Desde las épocas de amos y esclavos hasta la fecha hemos recorrido un camino largamente estudiado, pero fuera de las circunstancias de contexto el conflicto continúa vigente e intacto.
  El personaje que es parte del grupo de los que arrastran la piedra no necesita adherir al objetivo por el cual el trabajo se ejecuta. Los motivos por los que habitualmente un trabajador está situado en su sitio están ligados a su supervivencia, sea ésta básica o mas sofisticada, ambas son necesidades primarias.
  Volviendo a las similitudes que nos propone la física Newtoniana. El trabajo está definido por el producto entre la fuerza y el espacio que ésta recorre. La magnitud de trabajo realizado es proporcional a ambas variables. El mismo trabajo puede realizarlo una fuerza inmensa en un espacio breve como viceversa.
  Llevado al ejemplo de la estatua, un solo hombre podría realizar el mismo trabajo que la multitud de señores si la distancia en transportar una piedra con la capacidad de sus fuerzas fuese lo proporcionalmente mayor que la que recorren todos juntos. La ecuación explica una parte del fenómeno, pero la otra en relación a la actividad puede encontrarse en otras partes
  Todos sabemos que el grupo tiene mejores posibilidades de obtener el logro que un solo individuo, como por ejemplo si el camino estuviera plagado de accidentes inciertos, ya que el conjunto suele superar la suma de las individualidades.
  El trabajo por lo tanto suele ser mucho más eficaz cuando se lo realiza en grupo. Hoy sabemos por otra parte que la actividad humana desarrollada sería impensable de modo individual. Esto nos coloca frente al conflicto inevitable de la renuncia. El trabajo implica necesariamente una renuncia. Cualquiera sea el lugar que una persona ocupe, siempre debe resignar algo de su albedrío ya sea consciente o inconscientemente.
  En la organización moderna se pretende potenciar las motivaciones para que las renuncias sean mejor toleradas .
  Te ganarás el pan con el sudor de tu frente sentencia la Biblia y esa sola expresión está implicando un esfuerzo. El sudor es lo que emana al cuerpo a liberar energía excedente por corrimiento del estado de equilibrio. El trabajo para la Biblia es forzado. Este mandato divino se sigue sosteniendo con las variantes amortiguadas pero implica necesariamente una tensión.
  Los modelos de obtención de resultados desde los sugeridos de seducción hasta el reclamo y la amenaza, llevan inscriptos el objeto de obtener aquello que espontáneamente no ocurre. El trabajo de correr del equilibrio espontáneo de un proceso se suele denominar activación. La activación suele estar dirigida en el mismo sentido que la acción que se pretende activar. Sólo que si una fuerza tiene un vector que determina la acción, la activación sólo potencia esa acción a los efectos de llegar a buen puerto con celeridad  y precisión. Pero otras veces, la activación se realiza hacia otras direcciones, buscando ya sea un rebote que potencie la acción deseada o un escenario mejor dispuesto para el logro del objetivo.
  En cualquiera de los casos se pretende alterar un modo natural de funcionamiento. Ya dijimos que el trabajo en grupo requiere de una renuncia desde lo individual para aceptar la ley que exige el grupo. La activación resuena en el modo natural de inercia de un sistema de hombres o grupo de personas, modificando el esquema estructural establecido para el logro del fin.
  Cuando el objetivo de esa activación está en concordancia con el sistema, en general la actividad se enriquece y muda a una nueva situación de equilibrio que nuevamente debe alterarse con un nuevo modo de activación y así iterativamente.
  Cuando ese objetivo o el modo de activación no están en concordancia, es común que el objetivo no se logre o que el intento del objetivo termine con el sistema que se pretende activar. Esto quiere decir que la energía de activación es lo suficientemente intensa o que el método de activación posee una eficacia de orden superior al sistema que se está aplicando. En ambos casos el resultado es pernicioso, incluso en aquél que logra los resultados que pretende la activación a costa del sistema activado, ya que este tipo de situaciones suele rebotar como un boomerang. Este es el caso de los contratadores con exigencias cada vez mayores que terminan agotando a los contratados. Además de la rotatividad que supone ese modelo, queda como residuo una imagen poco simpática para el contratador que a la postre, se paga con condenas sociales de las que el mercado es bastante sensible.
  Ahora bien, cabe preguntarse si es posible suponer el trabajo como alguna actividad carente de tensión.
  El trabajo, no sólo es la antinomia del ocio en términos relativos sino que en modo absoluto, el trabajo es acción.
  Es llamativo analizar la acción en términos de acción pura. Un jugador de fútbol puede ser visto como un trabajador cuando es un jugador profesional. El jugador cambia la habilidad en el juego por dinero, lo que en términos convenidos es un trabajo. Ahora bien ¿qué ocurre con un jugador amateur? No sólo es dinero lo que se obtiene a cambio de un trabajo. Nadie duda de que un trabajador de la salud esté trabajando cuando ejerce su profesión ad honorem en un hospital. ¿Por qué entonces en un jugador amateur no?
  Podemos asegurar que el jugador del mismo modo que el profesional de la salud, están realizando un trabajo cuando se adquiere un compromiso con terceros que altera el albedrío individual de la persona. Ese jugador adhiere a un modo de jugar, a ocupar un puesto determinado, a respetar horarios y al cumplimiento de pautas con terceros para la obtención de un objetivo común con responsabilidad compartida, respetando las leyes pautadas. Tanto el profesional que trabaja ad honorem como el jugador amateur, reciben a cambio valores difíciles de cuantificar en moneda de intercambio habitual, pero ni el uno ni el otro realizan esa actividad con gratuidad absoluta.
  En el caso de que una actividad sin intercambio de dinero, ¿es posible suponer que es carente de tensión? Objetivamente no. Y si nos aventuramos más, esas actividades descriptas que son conocidas por todos, ¿son proclives de activación? Sabemos que sí y que muchas de ellas han sucumbido a gerenciamientos transversales, que no respetaron su estructura.
  Más que otras actividades humanas, el trabajo lleva implícita la tensión cuando los intereses en juego son irreconciliables o por lo menos, llevan una alta carga de competencia y la tensión suele ser muy intensa.
  En los últimos años por todo lo descripto, el trabajo participa de cambios profundos en la estructura social. Es entendible que, la tensión generada por los intereses que se ponen en juego, sea también intensa. Admitiendo esta premisa podemos dedicarnos a identificar esa tensión en cada organización para administrarla y potenciarla para los intereses que las empresas se proponen.
  Es preciso adaptar el ritmo de activación propia de la organización, la que se recibe de terceros y a detectar aquellos métodos que potencien el sistema con la capacidad para alejar aquellos factores que desestabilicen la organización con riesgo de colapso.
  En momentos de rápidas posibilidades de comunicación, las técnicas de gerenciamiento y liderazgo, combinadas con las nuevas formas de comercialización, son las bases primordiales de los efectos deseados y de la detección de aquellos que puedan ser terminales.
  En la medida que las personas o los grupos que integran las organizaciones del trabajo, limpien aquellos factores que perturban los direccionamientos deseados, a partir de la conciencia de la tensión y de la necesidad de recurrir a métodos de adhesión para el logro de los fines, tomando conciencia de que no sólo el dinero es lo que se busca en los espacios de trabajo, las posibilidades de éxito aumentan.
   Las técnicas que se adoptan desde hace por lo menos sesenta años, aplicando los conocimientos que aportaron disciplinas nuevas al universo del trabajo, como la psicología y la sociología , están dirigidas a cumplir ese objetivo.
  El punto es el siguiente. Presentada la tensión que propone el trabajo en sus distintos aspectos y visto el trabajo como canalizador de la agresividad humana, todo lo que se pueda desarrollar en relación a la administración de esa tensión colabora a la mejor resolución de los objetivos de cada emprendimiento.
  Entendido el mundo del trabajo como la sublimación de la guerra, comienza a comprenderse las necesidades de términos tales como espionaje, estrategia, táctica o aniquilamiento del competidor. En los últimos años los competidores pasaron de ser adversarios a enemigos a los que se los domina a través de fusiones o con la incorporación masiva, realizando previamente el trabajo de desestabilización del que se compra, para obtener el poder en la pulseada final.

  A priori no parece malo esto de que los hombres busquen modos sublímales para no matarse, los precios siempre los paga alguien y el mundo del trabajo cada vez más lo está sintiendo. Por el contrario, verificar esa tensión y exponerla, puede minimizar males mayores.  

Aquel obscuro objeto


  Volvamos al profesional ad honorem o al jugador amateur. Quizás a mí mismo frente a esta máquina en este preciso momento donde pulso las teclas que producen este artículo.
Podemos encontrar innumerables motivos por los cuales estos actores trabajan sin esperar a priori dinero a cambio. Puede ser el deseo de gloria o la trascendencia en el jugador y en el escritor, quizás también el deseo mítico de proyección mesiánica en el trabajador de la salud. Podemos buscar otros motivos, incluso pueden tener una carga de interés económico por la posibilidad de pasar a ocupar equipos profesionales en el jugador, los vínculos y la experiencia en el trabajador de la salud, y por que no, el éxito editorial en el escritor. Pero en todos esos casos no existe una relación inmediata con el dinero. Hay un grado de albedrío mayor en esas actividades porque uno de los vínculos de la parte del contrato que sostiene un factor de poder está ausente. Es importante detenerse en este punto porque puede dar una pista una vez que la ausencia de la excusa superior del trabajo está ausente y nos deja un campo más abierto para la observación.
  En todos los ejemplos citados aparece en primera instancia el deseo. Luego posteriormente a ese factor, se enuncian otros motivos, quizás tan valederos como el primero.
  Pero esas personas realizan sus trabajos, sin que medie a priori ninguna urgencia ligada a su supervivencia. La resolución de esa actividad, aún con las fatigas desplegadas, es posible que le produzca placer, sin que necesite medirse con resultados económicos o con exigencias estructuradas en límite de lo vital. Sin embargo, ya vimos que esas actividades en esas condiciones, no están carentes de la tensión implícita que propone la actividad humana, pero hay un factor equilibrante de esa tensión y que potencia cualquier emprendimiento, que es la resolución del cumplimiento del deseo.
  Quien logre administrar la actividad que realiza en la dirección de sus deseos, es muy probable que obtenga logros significativos a iguales condiciones de limitaciones. Quiero decir que los factores internos como externos que limitan el camino del cumplimiento del deseo no están en discusión por ahora, simplemente menciono que es mejor el tránsito por ese camino que por cualquier otro, considerando el eje del logro el objeto del trabajo en sí mismo.
  Planteo el problema al revés. Si el objetivo es el de mover una inmensa piedra y sólo se cuenta con la fuerza humana y una soga, seguramente la productividad en la tarea será espontáneamente mayor, si los que intervienen en la acción tienen su deseo depositado en ese logro. Así, la energía que se necesita para la activación externa, será infinitamente menor y hasta quizás nula. La carga de tensión por los roces que aparecen en la renuncias del albedrío seguramente será menor porque el deseo prima por sobre los intereses individuales de los que participan. Los liderazgos naturales aparecerán con más legitimidad dado que no llevan la carga implícita de lo inauténtico, situación extrema que se manifiesta cuando lo único que se pone en juego es el liderazgo y es el único plano de búsqueda de cumplimiento del deseo.
  Ahora bien, tanto en el plano individual como en lo grupal, la detección del deseo es un trabajo en sí mismo.  A un gran industrial argentino se le atribuye el concepto siguiente, no puedo citar los términos exactos pero sí su concepto general ” cuando alguien me propone un negocio, lo primero que intento descubrir es si está enamorado del producto. Si descubro que el proponente no está enamorado del producto, descarto el negocio de plano por más que parezca excelente. Quien no está enamorado del producto, es difícil que llegue a buen puerto”. Este concepto lo manifestó Roberto Rocca, que durante muchos años fue presidente del grupo Techint, el más poderoso de la tecnología en la Argentina y una de las pocas multinacionales de ese origen que hasta hoy subsisten.
  No es un concepto individual el del enamoramiento en relación al producto o al servicio que puede ser el direccionador del deseo. Si tomamos el ejemplo del paradigma del éxito actual emprendedor, podemos suponer que es muy posible que el afán de dinero haya sido un motor de impulso para la producción de Bill Gates, pero el deseo conceptual del trabajo informático es el que habrá empujado los logros y seguramente el que primó por sobre los intereses económicos.
  En este punto hay una relación que debe observarse y que está asociada a conceptos anteriores. Plantear la direccionalidad del deseo en un concepto totalizador como lo es, la realización de un emprendimiento de alcance laboral, implica necesariamente un retroceso de los vectores de la obligación de la sociedad hacia los actores que intervienen en ella.
Cuando las sociedades se dedican a construir, no existe espacio para lo individual ni derecho a exponer las quejas. Hay un objetivo social que está por encima de los intereses individuales que la sociedad toda adhiere y le da entidad. El deseo en esos momentos está sublimado a la propuesta que la sociedad exige, dejando de lado a aquellos que no logran adherir dentro del común del deseo. Los momentos más conocidos en el siglo veinte de esas situaciones fueron representados por las sociedades fascistas que finalmente desataron la Segunda Guerra Mundial. Pero sin llegar al fantoche de caricatura que los representantes del Eje nos ofrecieron, los otros países, sobre todo aquellos que los enfrentaron, también ocuparon a sus sociedades con pautas cargadas de sacrificio y patriotismo necesarios para enfrentar a sus enemigos. No había dudas en ninguno de los bandos y aquellos que quedaron atrapados en la duda existencial, acabaron relegados hasta la muerte misma, como fue el caso Stefan Zweigt.
  Pero cuando la sociedad entra en retrocesos, algunos de ellos vistos circunstancialmente en condición de decadencia, lo individual golpea las puertas exigiendo el lugar que le corresponde. En ese momento, los factores de presión son equilibrantes y numerosos y las minorías se agrupan produciendo un universo rico en creatividad, pero muy complejo en la capacidad de acción. Desaparecen las certezas, las dudas son las que priman y el deseo social suele quedar confundido porque el albedrío individual se pone de manifiesto. No es preciso citar nuevamente la ley de Hooke, ya que no viene a cuento para evaluar este momento de la historia, pero sí podemos recordar la entreguerra, que significó la tregua necesaria para guerra de la cual, la humanidad no estaba todavía preparada y que necesitó de la más cruel de las contiendas hasta ese momento, para acabar con ese mundo de imaginario e individualidad.
  Hoy la situación social está otra vez en retirada a pesar de los supuestos triunfos de la globalidad. Los factores de lucha desde las minorías con la aparición de la mujer en las áreas de decisión, hacen de este momento un espacio donde la detección del deseo y su posterior direccionalidad, si bien no garantizan, posicionan de buen grado a las organizaciones para el triunfo.

  Del mismo modo que es necesario detectar la matriz de tensión en las organizaciones del trabajo para su administración, el deseo en sus diferentes manifestaciones, es imprescindible ser identificado y venerado. Porque junto con el estado de tensión, el deseo, es parte de la génesis de cualquier proyecto humano, y si se detectara que el objeto de ese deseo ha perdido sentido o necesidad, es poco probable que ese proyecto pueda prosperar.

Adán y Eva o Eva y Adán


  La mujer en el siglo veinte en la sociedad occidental fue modificando su lugar en el espacio social, desplazandose dentro del reparto de los roles, hecho que se venía dando desde los siglos anteriores donde la guerra era la definición básica del poder.
  Las clases dominantes ya habían pasado por el poder de algunas mujeres. Personajes como Isabel I, Juana de Arco, Catalina de Rusia, Cleopatra ó María Antonieta , eran toleradas por sociedades que sólo admitían el poder andrógino. Cierto lugar reservado al poder divino fue preparando el terreno que luego fertilizó en el siglo veinte.
  Simultáneamente al avance de la mujer el hombre se retrajo. El hombre no pudo asimilar la propuesta de la revolución de lo femenino. El poder del hombre está siendo objeto de estudio por sí mismo mientras simultáneamente, comienza a disfrutar la inexigibilidad de ser el soporte y el valor de resguardo del vículo con la mujer. Esta dicotomía colocan al hombre y también a la mujer, en situación de crisis. En la relación del intercambio, no queda más que mantener las fronteras frente al avance irruptivo de la vitalidad de la mujer. Este modo dinámico de intercambio coloca al universo del trabajo, en el centro de la escena del conflicto.
  El término género aplicado a conceptos gramaticales, muestra que la problemática está recién en sus comienzos pero con suficiente madurez para el desarrollo. La mujer y el hombre son lo que son en tanto y en cuanto son vitales. La vitalidad y en cuestiones de trabajo hemos verificado su presencia, está ligada a la esencia misma de lo que genera la vida. Los que integramos la generación de los adultos, aprendimos en la sociedad occidental un poco más tardíamente que en los momentos actuales, que lo que produce vida es el sexo y ya es hora de confesarnos semejante verdad. Expresar el conflicto hombre mujer como de género en un espacio tan vital como en del trabajo, lleva implícita una carga culposa, aún si lo que se pretende es respetar a la minoría de las y los homosexuales. Si así fuera, expresar el conflicto como de género, pretende eliminar un factor de identificación a la persona que la esteriliza y no es esa la propuesta que desde estas líneas vengo proponiendo.
  La retracción del hombre y el avance de la mujer expresado en estos términos, simula a los dos equipos en la cancha y en su lugar, ambos al ataque y a la defensiva. El mundo del trabajo es un muestrario de otros fenómenos, quizás analizados desde la antropología o la sociología, que estudia las nuevas relaciones hombre – mujer.
  Hasta ahora la mujer ha avanzado en puestos de comando y se verifica una presencia igualitaria que asciende hasta los puestos gerenciales intermedios. Las trincheras cavadas por los hombres hasta ahora no han permitido, salvo fugaces saltos, el acceso a los puestos CEO y de presidencias ejecutivas a las mujeres. Pero esa situación, no requiere más que tiempo y desarrollo del conflicto. El vector de irrupción femenina en las organizaciones no ha encontrado ninguna resistencia equivalente, salvo la oposición masculina, que ya vemos, ha quedado amortiguada. Los vectores de desestructurización de ese fenómeno, surgirán presumiblemente de la misma condición femenina. Y también es probable que se resuelvan, cuando las resistencias masculinas queden definitivamente agotadas y el encuadre del tensor, pase a ocupar un nuevo cuantum de resolución.
  El universo del trabajo ya se ha hecho cargo del modo de resolver de las mujeres. Hoy la resolución de los temas concernientes al trabajo llevan la impronta de lo femenino. No es la mujer ya la que adopta la ley del hombre, sino que recrea y es la generadora de leyes en esa dirección. Por ejemplo, es muy probable que la amigabilidad de los sistemas y por ende, la mirada de los productos en esa dirección, tenga que ver con el aporte directo de lo femenino en la producción. El hombre desde su concepción general, plantea la resolución del trabajo y ya lo hemos visto, bajo conceptos bélicos, donde implícitamente se requiere la aceptación sumisa de su propuesta, así sea, por modos sutiles o inductivos.
  La mujer ha quitado buena parte del aspecto bélico de la carga laboral que por siglos incorporó el hombre. Podríamos decir que en la reducción más llana, la mujer en la sociedad más primitiva, tiene por misión parir soldados, que nacen para cumplir con la misión masculina de matar o morir, recreando la situación en la génesis del espermatozoide y el óvulo. Recordemos que es necesario que mueran cientos de millones de espermatozoides para que sólo uno llegue a fecundar, aquél que por fortaleza o por rapidez es el que llegará a destino en primer lugar. Más sutil aún es el hecho de que aquellos espermatozoides que llevan el programa cromosomático del hombre, son más veloces que los del código femenino, sin embargo tienen una vida más corta. El hombre por lo tanto, nace en la carrera por obtener el destino. No tiene tiempo y la competencia no deja lugar para el error. La mujer tiene un ciclo mas lento y los pasos, mirados desde los tiempos del varón son mas largos. El hombre lleva la impronta de lo urgente y la presencia de la muerte como sino cotidiano. La mujer lleva los tiempos, es la salvaguarda de la vida en su interior, y mientras ella sólo puede concebir uno o dos hijos con sólo un compañero, el hombre tiene capacidad para hacerlo con muchas compañeras una cantidad, que medida en los tiempos de incubación es casi infinita.
  Paradójicamente el hombre posee un cuerpo con más fortaleza física que la mujer, sin embargo son ellas las resistentes. Es común que en una sala de neonatologia, los médicos prefieran que el bebé a nacer sea una niña cuando se espera un nacimiento de riesgo porque suelen sobrevivir mejor esos trances.
  Volviendo a la analogía en el acero, la mujer es más resiliente que el hombre, tiene mayor capacidad para absorber los impactos a pesar de que su fortaleza intrínseca sea menor.
  En el mundo del trabajo como en lo relacionado en la vida toda, no todo es blanco o negro, quizás aún siendo ambas cosas, los sutiles grises son los que interesan.
  La mujer es mujer en tanto hay hombre. Obvio es decir de lo mismo del hombre. Si suponemos que la realización humana estuvo relacionada con la ley del hombre, seguro estaremos olvidando una parte de la realidad. Quien haya realizado la muralla china, seguramente habrá sido el hombre que tuvo su impronta de lo urgente. La muralla requirió de paciencia para lograr semejante proeza activada con la presión de la urgencia cotidiana. Hasta ahora, si hubo un hombre capaz de las realizaciones humanas, hubo una mujer que le brindó el tiempo necesario y la confianza fuera de la inmediatez junto con la leche materna y el cuidado de los primeros años.
  El hombre en el emprendimiento de la Muralla China, habrá otorgado su espíritu para  producir empresas imposibles a los ojos prácticos. La mujer habrá otorgado la presencia para dar entidad a un objeto para que cuide del espacio y que no permita que otros lo invadan.
  El aporte de la mujer y su direccionamiento también aparece en momentos donde el cuidado del medio empieza a ser requerido. No olvidemos que la casa es un espacio femenino y como tal, nuestra vieja buena Tierra también lo es. 
  Quiero terminar este artículo con una reflexión de ese viejo maestro que fue don Jacobo Agrest aprovechando este punto con la relación de la cuestión entrópica.
  Una mañana de sábado como todas aquellas que participábamos de su sabiduría, intentó el sabio anciano, pontificar una máxima que le complicó la existencia.
  Esa mañana el maestro recreó en el pizarrón el concepto de fuente y sumidero visto desde el segundo principio de la termodinámica. El trabajo de circulación de los fluídos responde a una ecuación diferencial relativamente simple y conocida. La relación entre ese trabajo y los potenciales de la fuente caliente con la fuente fría ó sumidero, necesitó ser concluida llenando dos pizarrones completos de ecuaciones y no alcanzando ese espacio, precisó recurrir a las paredes porque resultaba un pecado que borrara las hipótesis que formuló en la temprana mañana.
  Con tanta abstracción expuesta, lanzó su máxima, que será el punto de partida de nuestro análisis.
Preguntó el sabio:
- Bien, después de todo esto, vale la pena hacer una reflexión sobre nuestra vida cotidiana, a ver. ¿Qué hicieron hoy a la mañana? y comenzó a imprecar algo desagradablemente a los pocos seguidores que le aguantábamos sus excentricidades, pero no al punto de meterse en nuestra vida privada.
  Me desperté alcanzó a decir el primero, bien ¿Qué más? insistió, me lavé los dientes dijo otro, bien,  ¿Qué más?, insistió, me cambié, dijo otro, Bien, ¿Qué más?, complicó en forma insidiosa, buscando una respuesta que todos sabíamos que era la única y que no lo conformaría hasta escuchar aquella que suponía debíamos adivinar.
- Tomamos el desayuno-  dijo una compañera casada, incluyendo al hijo que paseaba dentro de su panza.
  El maestro se dirigió a la compañera embarazada y preguntó
- ¿Qué más?.
  La joven turbada a pesar de su condición de orgullosa futura madre o quizás por eso mismo, no podía articular respuesta en su protagonismo singular. No fue piadoso con ella el profesor e insistió de modo exagerado y teatral.
– Una futura madre ingeniera, tiene que saber- exigió

Mi compañera quedó paralizada, el profesor descubrió su error rápidamente, se disculpó y dejó el clima preparado para descerrajar su máxima:
- A la mañana, mis estimados, lo primero que hacemos es pis y caca. Nadie es capaz de confesarlo, pero aquellos que lo logran desde la mañana, suelen tener un día mejor. El pis y la caca, mis queridos futuros ingenieros, es el residuo de nuestro sistema, pero quiero recordarles que es fuente de otros sistemas que figuran acá mientras mostraba ecuaciones en la mitad de su trabajo matemático.
- Esta dama-  refiriéndose a mi compañera futura madre -  recrea ese trabajo de circulación que hemos desarrollado, creando y cuidando la vida que hoy ya es la persona que vive en esa panza.
Y siguió con las reflexiones:
- ¿Desde el punto de vista entrópico, cuál es el significado de un parto?.Durante el embarazo, la madre es fuente y sumidero del bebé, pero después ¿Qué ocurre?. ¿Qué destino queda destinado a la mujer?
Se dirigió a todos nosotros y nos preguntó:
-  ¿Quién les hizo el desayuno?, ¿quien lavó los platos? , ¿quien hizo las camas?, ¿quien sacó de la mesa?.
  En un universo estudiantil porteño de los finales de los años setenta, quien no tenía madre, tenía esposa o a lo sumo mucama.
- La mujer - pontificó el maestro - es el sumidero del hombre-  descerrajó finalmente.
  Las compañeras, incluida la futura madre no toleraron semejante afrenta machista, ni aún viniendo de un venerado profesor anciano. La ofensa que descargaba a la condición femenina era intolerable.
  Sin embargo, viniendo de donde venía mas tarde descubrimos su estrategia de viejo seductor y otra más de sus muchas mañas de zorro.
  Primera cosa, en el trabajo que planteaba, se valorizaba el sumidero tanto más que la fuente. En términos prácticos, fuentes hay muchas y diversas, sin embargo para la humanidad por ahora, sumidero hay uno solo.
  Segundo, planteado de este modo, si la mujer es el sumidero ¿En qué lugar quedaba el hombre en la relación hombre mujer?.
  Ha pasado mucho tiempo desde esa mañana y mucha agua pasó por debajo del puente. Por fortuna, hoy los hombres hemos arribado a los privilegios de cambiar pañales y limpiar la mesa y en esta nueva forma de organización social, comprendemos que el desafío en relación a los espacios del trabajo, están íntimamente ligados a despegar nuestro rol de la función, del mismo modo que la mujer, que avanzó ocupando espacios otrora exclusivos del hombre.
  Es misión de los hombres recrear los lugares de su nueva condición, esto significa que los cambios que se produzcan en relación a los modos diferentes en que hombres y mujeres enfrentan el mundo laboral, lo que aporten unas, será resignificado por ellos.

  Por ejemplo, si bien ha habido muchas mujeres guerreras, es el hombre el que lleva el espíritu de la guerra. Es probable entonces, que cierta mística guerrera que lleva la impronta del trabajo, se vaya modificando en aras de otros modos de interrelación, encontrando otros modos de lucha, ya que sin lucha no hay victoria.

Mística y misión


  Por años los emprendedores fueron los emergentes que llevaron los ejes que a la postre cambiarían las pautas sociales. Hoy, el emprendimiento más que nunca, pasa por las empresas y las organizaciones que conforman alguna forma de organización laboral, como por ejemplo las ONGs. Tanto desde un espacio como de otro, la sociedad procura las respuestas que los estados están dejando vacantes. Quizás, ya se haya logrado un punto de equilibrio, o quizás aún quede mucho espacio por recorrer en los cambios de las organizaciones de los países. De todos modos, a partir de las nuevas formaciones financieras desarrolladas por los diferentes fondos de inversión, como por la necesidad de direccionar los excedentes de los países desarrollados, tanto las empresas como las ONGs, ocupan un espacio de relevancia en la nueva organización social.
  La cuestión es recordar la postura de los emprendedores que pautaron la responsabilidad de la empresa en el espacio social. En estos momentos la figura del magnate húngaro George Soros como antaño expresaran sus propuestas aquel ejecutivo mítico Lee Iacocca ó el gran innovador de merchandising de la electrónica, que fue Arito, plantean la nueva moral social.
  Todas estas figuras expresan o plantearon la responsabilidad de la empresa en la sociedad, su vínculo con el entorno y la impronta que permite su permanencia en el mercado. Este nuevo modelo que avasalla las pautas conocidas de cuidado, deja expuestas las leyes del más fuerte que está encontrando límites puestos de manifiesto hasta desde sus protagonistas, como el del ya citado Soros.
  Quizás sea el momento de situar las pautas filosóficas de justificación de cada propuesta ligada al trabajo. De este modo, tanto los responsables de las direcciones, como aquellos que están situados en los diferentes espacios de la rueda de la producción, encuentren una legitimación de su hacer que exceda la respuesta a sus necesidades básicas inmediatas.
  De este modo, un nuevo desafío se presentará para la humanidad y el mundo del trabajo. Fuera de la pauta religiosa que exige la adhesión a las normas globalizadoras de la ISO 9000 y su actual superadora 14000, la actitud de cambio e inclusión en las leyes internas de cada organización, serán únicas y originales. Porque a pesar del tamaño, cada excusa generadora de trabajo es única e irrepetible. Del mismo modo que los individuos que conforman los grupos de operación, cada organización tiene una respuesta a un deseo de matices diferentes, tan distintos como pueden serlo Coca Cola y Pepsi, que con productos absolutamente idénticos, abrazan sueños diferentes. Cuando la mística se confunde, la necesidad de existencia de esa empresa desaparece y de eso se trata esta propuesta.
  Tanto emprendedores de distinto espacio como los representantes de los sindicatos y organizaciones no gubernamentales cercanas al trabajo deberán tomar conciencia que están situados en medio de una nueva mediática guerra, la batalla ahora se dirime en ese campo. Las guerras se han vuelto inútiles y a pesar de algunas escaramuzas, ya no pueden resolver el atascamiento de la producción como ocurrió con la Segunda Guerra Mundial que respondió a la terrible crisis de los años 29 y 30.
  De todos modos, sea como fuere, los resultados más beneficiosos serán para aquellos que puedan vislumbrar los ejes del motor de su actividad, la evaluación del tensor social de su empresa y el permanente registro del deseo en la actividad.
  Quizás, el aporte de los pensadores de mayores disciplinas como la inclusión de filósofos al mundo del trabajo, no hace más que ratificar la importancia que ha cobrado dentro de la estructura social, la actividad laboral.
  Se observa que la matriz de la tensión social necesariamente está pasando por el mundo de la producción y del consumo como jamás había ocurrido hasta ahora. Las fuerzas de tensión social es posible que diriman sus fuerzas en ese campo. Quienes tengan claros los ejes de su propuesta, y puedan despegarse de los conflictos que no le competen, seguramente obtendrán mejores salidas a los objetivos planteados. Incluso aquellas organizaciones que se definan y expresen con adhesiones de protagonismo político, seguramente en tanto y en cuanto claramente adopten el camino a seguir, es probable que logren la propuesta pretendida.

  Por lo tanto, todo está por escribirse en este siglo que empezamos a transitar, del mismo modo que cuando en la escuela inaugurábamos un cuaderno nuevo. En esos momentos, tocábamos el cuaderno con nuestros dedos y paseábamos por todas las hojas impecables que esperaban nuestro futuro de aprendizaje y de aventura. De alguna forma, tenemos la oportunidad para evitar manchones y borrones.

Faltaba más


Cuando lo que intentaba decir en este libro ya estaba concluido y que estaba listo para la primera corrección de esas múltiples a que someto a mis cosas, ocurrió un hecho que espero sea el acontecimiento del siglo. Lamento ser lo suficientemente escéptico para suponer que lo vaya a ser, sólo me conformo con que sea el más importante de los próximos veinte años y que los acontecimientos que prosigan por efecto de él, no lleve a más muerte y sufrimiento a toda la humanidad. También debo confesar mi pesimismo al respecto. Las dos Torres Gemelas de Nueva York y el anteriormente inexpugnable Pentágono, fueron penetrados por aviones civiles con pasajeros dentro, sometidos por cuatro terroristas armados tan sólo con cuchillos. Otros cuatro aviones fueron derribados por las fuerzas propias, sin que se lograran objetivos estratégicos, con el resultado de la muerte de todos sus ocupantes civiles, incluidos claro está, los terroristas cuchilleros.
  Los que asistimos desde los medios de información masiva lo que estaba ocurriendo, sentimos que estábamos viviendo un acontecimiento terrible e importante de la historia. El tiempo dará la respuesta pero la sensación más allá de interpretaciones de toda índole, era que lo que estaba sucediendo era de magnitud equivalente a la caída del Muro de Berlín y de mayor importancia, que la ofensiva de Pearl Harbor. Alguna forma de guerra ha comenzado y la baraja ya no es la misma.
  Habrá que estar muy atentos a los nuevos factores que intervengan a todo nivel, pero en el tema que nos ocupa, sin dudas gravitará con tensiones pulsantes del nivel de las acciones que demanden los hechos.
  Todo está muy fresco para conjeturar pero aún así, cierto defecto innato, me invita a hacerlo. Por ejemplo, sería razonable suponer que el efecto entrópico pierda vigencia por ahora, hasta algún nuevo tipo de equilibrio, del mismo modo que el resultado por el cuidado por la vida y aún más el de la Calidad de Vida. Es probable, que todas esta virtudes buscadas hasta el 11 de septiembre se vean menoscabadas, frente a la posibilidad de la hecatombe inmediata . Al día siguiente, cuando muchos se despertaron, agradecieron a Dios el estar vivos, desde ese modo de situarse frente a la vida, el fumar o el agujero de ozono, pierden significado inmediato.
   Pero si la humanidad no estallara en mil pedazos y se recompusiera la vida en un nuevo escenario de tensión, con el costo de una mayor acritud, quizás con variantes singulares, es posible que se retrotraiga a las mismas búsquedas. Digo quizás, ya que de ser así, las variables serán de un tenor aún desconocido.
  Pero el Tensor Social seguirá creando vectores que buscarán sus equilibrios amortiguantes con el cuantum calificativo distintivo a la nueva situación,
  La ruptura parcial de la ilusión de la eficiencia en la seguridad de los EEUU puso en tela de juicio la seguridad mundial. Es posible que sólo esto motorice nuevos modos de gerenciamientos potenciados en el estigma bélico. Pero la impronta femenina le dará un significante diferenciador.
  Quiero decir, que supongo que los efectos inmediatos del atentado en Nueva York generará un retroceso a las tendencias que describí y que la recomposición de las mismas, estarán condicionadas en dirección e intensidad en función de las resoluciones que se disparen.
  Como siempre, los emprendedores encontrarán oportunidades como los exploradores encuentran agua en el desierto. Los ejes de la realidad se han corrido y aquel que pueda realizar propuestas acordes a esa nueva configuración, saldrá beneficiado. Pero esta guerra, no puede resolver la conflictiva del cuadro económico que se obsrvaba previamente al acontecimiento, por lo tanto, sólo agregará variables que matizarán lo observado.
El peligro nuclear, la guerra bacteriológica, el riesgo de vivir en suma, son partes de un todo del cual la humanidad ya ha dado cuenta de que está capacitada para adaptarse. Por lo tanto, conocidos los nuevos escenarios, aquellas variables que se citaron, es posible que se mantengan.
  Recordemos que a pesar del despilfarro energético que puede significar una guerra, los precios relativos para el mundo de paz, son diferentes. Del mismo modo que con el presupuesto bélico, podrían resolverse enormes castigos de la humanidad, como la desnutrición infantil, también es muy probable, que los ejes de la disputa y los de la producción de bienes y servicios, transcurran por caminos divergentes.
  Aún así, podemos asociar algunos conceptos previos a este suceso.
   Si fueran validadas las hipótesis de que la energía humana es finita y de que el mundo del trabajo es la sublimación de la guerra, la sola conciencia de estos ejes puede ser motivadora de direccionamientos en sentidos de la activación, de modos de resolver el atascadero.  Y si así no fuera, de todos modos la administración del conflicto sigue teniendo un espacio preponderante, ya que a pesar de los padecimientos que la humanidad ha transitado y transita en el mundo del trabajo, es bien cierto que los males emergentes de las guerras, suelen ser mucho mas desgarradores.
  Los participantes del mundo del trabajo en suma, deberán asumir la responsabilidad que les compete, ya que un incremento de acritud lleva casi siempre una disminución en la resiliencia.
  Quizás, un modo de retornar a estados de mayor resiliencia, sea la incorporación de períodos pacíficos, del mismo modo que los tratamientos de recocido y normalizado retrotraen algunas situaciones de acritud no deseadas en el acero.
  Por el contrario, situaciones permanentes de incorporación de acritud, terminan con el colapso sin aviso igual que en los aceros. Del mismo modo que en las sociedades rectoras del mundo, desde Roma hasta la URSS que finalmente colapsaron por haber quedado con sus capacidades resilientes agotadas.
  Hoy tanto en Davos como en anti Davos, deberán comprender los protagonistas, el momento que están protagonizando.
  La escaramuza actual puede quedar en solo eso, una escaramuza. Los protagonistas de la contienda tienen al mundo en vilo, ya que uno de los contendientes es la nación más poderosa de la Tierra.
  Pero aquellos que cotidianamente integramos el tensor social del trabajo, alimentamos los vectores con nuestras capacidades y posibilidades. Quizás, una nueva forma de lucha esté comenzando, y esa sola toma de conciencia, dará entidad a nuestras acciones y quizás, tambien despierte nuevamente nuestra capacidad de asombro.


Noviembre de 2001