lunes, 3 de febrero de 2014

Faltaba más


Cuando lo que intentaba decir en este libro ya estaba concluido y que estaba listo para la primera corrección de esas múltiples a que someto a mis cosas, ocurrió un hecho que espero sea el acontecimiento del siglo. Lamento ser lo suficientemente escéptico para suponer que lo vaya a ser, sólo me conformo con que sea el más importante de los próximos veinte años y que los acontecimientos que prosigan por efecto de él, no lleve a más muerte y sufrimiento a toda la humanidad. También debo confesar mi pesimismo al respecto. Las dos Torres Gemelas de Nueva York y el anteriormente inexpugnable Pentágono, fueron penetrados por aviones civiles con pasajeros dentro, sometidos por cuatro terroristas armados tan sólo con cuchillos. Otros cuatro aviones fueron derribados por las fuerzas propias, sin que se lograran objetivos estratégicos, con el resultado de la muerte de todos sus ocupantes civiles, incluidos claro está, los terroristas cuchilleros.
  Los que asistimos desde los medios de información masiva lo que estaba ocurriendo, sentimos que estábamos viviendo un acontecimiento terrible e importante de la historia. El tiempo dará la respuesta pero la sensación más allá de interpretaciones de toda índole, era que lo que estaba sucediendo era de magnitud equivalente a la caída del Muro de Berlín y de mayor importancia, que la ofensiva de Pearl Harbor. Alguna forma de guerra ha comenzado y la baraja ya no es la misma.
  Habrá que estar muy atentos a los nuevos factores que intervengan a todo nivel, pero en el tema que nos ocupa, sin dudas gravitará con tensiones pulsantes del nivel de las acciones que demanden los hechos.
  Todo está muy fresco para conjeturar pero aún así, cierto defecto innato, me invita a hacerlo. Por ejemplo, sería razonable suponer que el efecto entrópico pierda vigencia por ahora, hasta algún nuevo tipo de equilibrio, del mismo modo que el resultado por el cuidado por la vida y aún más el de la Calidad de Vida. Es probable, que todas esta virtudes buscadas hasta el 11 de septiembre se vean menoscabadas, frente a la posibilidad de la hecatombe inmediata . Al día siguiente, cuando muchos se despertaron, agradecieron a Dios el estar vivos, desde ese modo de situarse frente a la vida, el fumar o el agujero de ozono, pierden significado inmediato.
   Pero si la humanidad no estallara en mil pedazos y se recompusiera la vida en un nuevo escenario de tensión, con el costo de una mayor acritud, quizás con variantes singulares, es posible que se retrotraiga a las mismas búsquedas. Digo quizás, ya que de ser así, las variables serán de un tenor aún desconocido.
  Pero el Tensor Social seguirá creando vectores que buscarán sus equilibrios amortiguantes con el cuantum calificativo distintivo a la nueva situación,
  La ruptura parcial de la ilusión de la eficiencia en la seguridad de los EEUU puso en tela de juicio la seguridad mundial. Es posible que sólo esto motorice nuevos modos de gerenciamientos potenciados en el estigma bélico. Pero la impronta femenina le dará un significante diferenciador.
  Quiero decir, que supongo que los efectos inmediatos del atentado en Nueva York generará un retroceso a las tendencias que describí y que la recomposición de las mismas, estarán condicionadas en dirección e intensidad en función de las resoluciones que se disparen.
  Como siempre, los emprendedores encontrarán oportunidades como los exploradores encuentran agua en el desierto. Los ejes de la realidad se han corrido y aquel que pueda realizar propuestas acordes a esa nueva configuración, saldrá beneficiado. Pero esta guerra, no puede resolver la conflictiva del cuadro económico que se obsrvaba previamente al acontecimiento, por lo tanto, sólo agregará variables que matizarán lo observado.
El peligro nuclear, la guerra bacteriológica, el riesgo de vivir en suma, son partes de un todo del cual la humanidad ya ha dado cuenta de que está capacitada para adaptarse. Por lo tanto, conocidos los nuevos escenarios, aquellas variables que se citaron, es posible que se mantengan.
  Recordemos que a pesar del despilfarro energético que puede significar una guerra, los precios relativos para el mundo de paz, son diferentes. Del mismo modo que con el presupuesto bélico, podrían resolverse enormes castigos de la humanidad, como la desnutrición infantil, también es muy probable, que los ejes de la disputa y los de la producción de bienes y servicios, transcurran por caminos divergentes.
  Aún así, podemos asociar algunos conceptos previos a este suceso.
   Si fueran validadas las hipótesis de que la energía humana es finita y de que el mundo del trabajo es la sublimación de la guerra, la sola conciencia de estos ejes puede ser motivadora de direccionamientos en sentidos de la activación, de modos de resolver el atascadero.  Y si así no fuera, de todos modos la administración del conflicto sigue teniendo un espacio preponderante, ya que a pesar de los padecimientos que la humanidad ha transitado y transita en el mundo del trabajo, es bien cierto que los males emergentes de las guerras, suelen ser mucho mas desgarradores.
  Los participantes del mundo del trabajo en suma, deberán asumir la responsabilidad que les compete, ya que un incremento de acritud lleva casi siempre una disminución en la resiliencia.
  Quizás, un modo de retornar a estados de mayor resiliencia, sea la incorporación de períodos pacíficos, del mismo modo que los tratamientos de recocido y normalizado retrotraen algunas situaciones de acritud no deseadas en el acero.
  Por el contrario, situaciones permanentes de incorporación de acritud, terminan con el colapso sin aviso igual que en los aceros. Del mismo modo que en las sociedades rectoras del mundo, desde Roma hasta la URSS que finalmente colapsaron por haber quedado con sus capacidades resilientes agotadas.
  Hoy tanto en Davos como en anti Davos, deberán comprender los protagonistas, el momento que están protagonizando.
  La escaramuza actual puede quedar en solo eso, una escaramuza. Los protagonistas de la contienda tienen al mundo en vilo, ya que uno de los contendientes es la nación más poderosa de la Tierra.
  Pero aquellos que cotidianamente integramos el tensor social del trabajo, alimentamos los vectores con nuestras capacidades y posibilidades. Quizás, una nueva forma de lucha esté comenzando, y esa sola toma de conciencia, dará entidad a nuestras acciones y quizás, tambien despierte nuevamente nuestra capacidad de asombro.


Noviembre de 2001

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