Cuando lo que intentaba decir en este
libro ya estaba concluido y que estaba listo para la primera corrección de esas
múltiples a que someto a mis cosas, ocurrió un hecho que espero sea el acontecimiento
del siglo. Lamento ser lo suficientemente escéptico para suponer que lo vaya a
ser, sólo me conformo con que sea el más importante de los próximos veinte años
y que los acontecimientos que prosigan por efecto de él, no lleve a más muerte
y sufrimiento a toda la humanidad. También debo confesar mi pesimismo al
respecto. Las dos Torres Gemelas de Nueva York y el anteriormente inexpugnable
Pentágono, fueron penetrados por aviones civiles con pasajeros dentro,
sometidos por cuatro terroristas armados tan sólo con cuchillos. Otros cuatro
aviones fueron derribados por las fuerzas propias, sin que se lograran
objetivos estratégicos, con el resultado de la muerte de todos sus ocupantes
civiles, incluidos claro está, los terroristas cuchilleros.
Los que asistimos desde los medios de información masiva lo que estaba
ocurriendo, sentimos que estábamos viviendo un acontecimiento terrible e
importante de la historia. El tiempo dará la respuesta pero la sensación más
allá de interpretaciones de toda índole, era que lo que estaba sucediendo era
de magnitud equivalente a la caída del Muro de Berlín y de mayor importancia,
que la ofensiva de Pearl Harbor. Alguna forma de guerra ha comenzado y la
baraja ya no es la misma.
Habrá que estar muy atentos a los nuevos factores que intervengan a todo
nivel, pero en el tema que nos ocupa, sin dudas gravitará con tensiones
pulsantes del nivel de las acciones que demanden los hechos.
Todo está muy fresco para conjeturar pero aún así, cierto defecto
innato, me invita a hacerlo. Por ejemplo, sería razonable suponer que el efecto
entrópico pierda vigencia por ahora, hasta algún nuevo tipo de equilibrio, del
mismo modo que el resultado por el cuidado por la vida y aún más el de la
Calidad de Vida. Es probable, que todas esta virtudes buscadas hasta el 11 de
septiembre se vean menoscabadas, frente a la posibilidad de la hecatombe
inmediata . Al día siguiente, cuando muchos se despertaron, agradecieron a Dios
el estar vivos, desde ese modo de situarse frente a la vida, el fumar o el
agujero de ozono, pierden significado inmediato.
Pero si la humanidad no estallara en mil pedazos y se recompusiera la
vida en un nuevo escenario de tensión, con el costo de una mayor acritud,
quizás con variantes singulares, es posible que se retrotraiga a las mismas
búsquedas. Digo quizás, ya que de ser así, las variables serán de un tenor aún
desconocido.
Pero el Tensor Social seguirá creando vectores que buscarán sus
equilibrios amortiguantes con el cuantum calificativo distintivo a la nueva
situación,
La ruptura parcial de la ilusión de la eficiencia en la seguridad de los
EEUU puso en tela de juicio la seguridad mundial. Es posible que sólo esto
motorice nuevos modos de gerenciamientos potenciados en el estigma bélico. Pero
la impronta femenina le dará un significante diferenciador.
Quiero decir, que supongo que los efectos inmediatos del atentado en
Nueva York generará un retroceso a las tendencias que describí y que la
recomposición de las mismas, estarán condicionadas en dirección e intensidad en
función de las resoluciones que se disparen.
Como siempre, los emprendedores encontrarán oportunidades como los
exploradores encuentran agua en el desierto. Los ejes de la realidad se han
corrido y aquel que pueda realizar propuestas acordes a esa nueva
configuración, saldrá beneficiado. Pero esta guerra, no puede resolver la
conflictiva del cuadro económico que se obsrvaba previamente al acontecimiento,
por lo tanto, sólo agregará variables que matizarán lo observado.
El peligro nuclear, la guerra
bacteriológica, el riesgo de vivir en suma, son partes de un todo del cual la
humanidad ya ha dado cuenta de que está capacitada para adaptarse. Por lo
tanto, conocidos los nuevos escenarios, aquellas variables que se citaron, es
posible que se mantengan.
Recordemos que a pesar del despilfarro energético que puede significar
una guerra, los precios relativos para el mundo de paz, son diferentes. Del
mismo modo que con el presupuesto bélico, podrían resolverse enormes castigos
de la humanidad, como la desnutrición infantil, también es muy probable, que
los ejes de la disputa y los de la producción de bienes y servicios,
transcurran por caminos divergentes.
Aún así, podemos asociar algunos conceptos previos a este suceso.
Si fueran validadas las hipótesis de que la energía humana es finita y
de que el mundo del trabajo es la sublimación de la guerra, la sola conciencia
de estos ejes puede ser motivadora de direccionamientos en sentidos de la
activación, de modos de resolver el atascadero.
Y si así no fuera, de todos modos la administración del conflicto sigue
teniendo un espacio preponderante, ya que a pesar de los padecimientos que la
humanidad ha transitado y transita en el mundo del trabajo, es bien cierto que
los males emergentes de las guerras, suelen ser mucho mas desgarradores.
Los participantes del mundo del trabajo en suma, deberán asumir la
responsabilidad que les compete, ya que un incremento de acritud lleva casi
siempre una disminución en la resiliencia.
Quizás, un modo de retornar a estados de mayor resiliencia, sea la
incorporación de períodos pacíficos, del mismo modo que los tratamientos de
recocido y normalizado retrotraen algunas situaciones de acritud no deseadas en
el acero.
Por el contrario, situaciones permanentes de incorporación de acritud,
terminan con el colapso sin aviso igual que en los aceros. Del mismo modo que
en las sociedades rectoras del mundo, desde Roma hasta la URSS que finalmente
colapsaron por haber quedado con sus capacidades resilientes agotadas.
Hoy tanto en Davos como en anti Davos, deberán comprender los
protagonistas, el momento que están protagonizando.
La escaramuza actual puede quedar en solo eso, una escaramuza. Los
protagonistas de la contienda tienen al mundo en vilo, ya que uno de los
contendientes es la nación más poderosa de la Tierra.
Pero aquellos que cotidianamente integramos el tensor social del
trabajo, alimentamos los vectores con nuestras capacidades y posibilidades.
Quizás, una nueva forma de lucha esté comenzando, y esa sola toma de
conciencia, dará entidad a nuestras acciones y quizás, tambien despierte
nuevamente nuestra capacidad de asombro.
Noviembre de 2001
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