El nuevo orden político mundial una vez demolido el muro de Berlín no
pareció inicialmente impactar sobre el mundo del trabajo del mismo modo que a
otros niveles, como los ideológicos formales, los políticos y los filosóficos.
Sin embargo, rápidamente la dinámica que produjo el cambio, registró
modificaciones sustanciales en el interjuego de los actores.
Si observamos indicadores
puntuales, es posible descubrir que en poco tiempo, aquellos motivos por los
que se enarbolaron las banderas de las luchas obreras de un siglo atrás,
volvieron al tapete y no sólo se mantienen vigentes, sino que algunos logros
obtenidos cayeron por la fuerza de los hechos, muchos de ellos obtenidos aún
antes de la Segunda Guerra Mundial.
Las nuevas formas de
comercialización y de producción de bienes y de servicios colocaron al cliente
en el centro de la escena y la competencia cerró filas para la satisfacción
permanente y la generación de necesidad completa del usuario.
La aparición de los Centros
Comerciales abiertos durante todos los días de la semana, algunos de ellos las
veinticuatro horas del día, dieron respuesta a otros hábitos de trabajo y de
consumo, permitieron la abolición de hecho de la jornada exclusiva de ocho
horas, del descanso de los fines de semana fijo y de las compensaciones por la
rotatividad de horarios y de lugares de trabajo.
El cambio de los potenciales
de poder entre las ofertas y las demandas de trabajo puede asociarse entre
otros factores a la ruptura del equilibrio de la tensión entre los dos modos de
la propuesta de organización política. Las fuerzas del trabajo en occidente
perdieron una excusa de intercambio ya sea desde los que defendían los
principios socialistas como los que no adherían a las izquierdas tradicionaless
pero que por el contrario, se reservaban ocupar el sitio del resguardo de los
valores de occidente como arma de negociación.
Aquí en la Argentina el
sindicalismo peronista fue un ejemplo de movimiento de trabajadores que
utilizaron hasta el hartazgo este argumento incluso dentro de sus purgas
internas.
De modo que la posibilidad de
alejar a los zurdos dejó de ser una actividad rentable a los ojos de los
demandantes del trabajo porque su peligrosidad se había demolido como en un
castillo de naipes.
Por otra parte las fuerzas de
la izquierda tradicional recibieron el impacto del fracaso de la apuesta
socialista de modo terminal. También ellos ya sea desde el apoyo a la propuesta
soviética como desde su crítica, tenían basado su trabajo político apoyado en
el potencial inmenso que había en los “países del otro lado de la cortina de
hierro”.
Los representantes del trabajo
organizado no recuperaron hasta la fecha el protagonismo que habían obtenido
desde los inicios de la revolución industrial en su etapa positivista plena o
en los finales de los años setenta donde el trabajo ya representaba otros
intereses.
Esta situación se puso en
evidencia en aquellos que participaron activamente para la factibilidad de esos
cambios como el caso del Sindicato Solidaridad polaco.
El otro factor que ha incidido
en la modificación es la fuerza laboral de alta capacitación disponible desde
los países del Este. Finalmente La
Cortina se corrió en su etapa agotada y las empresas del mundo oriental
ineficientes respecto de las capitalistas, ofrecían personal de alta calificación
que rápidamente por costos menores salieron a competir en occidente. La
sorpresa no permitió siquiera que los supuestos vencedores sacaran el partido
necesario. Supongo que esta situación encontrará puntos de equilibrio como
habitualmente ocurre.
Pero estos apenas son
condimentos que sasonan el guiso. Quiero dedicarme a cierta modificación sutil
entre las relaciones de los distintos factores en juego. Ya voy a ampliar el
término de ilusión de la eficiencia al referirme a las computadoras personales
pero con relación al cambio de la figura política global, esta ilusión de la
eficiencia tiene una manifestación singular.
La victoria del sistema
capitalista tomó registro lentamente, luego por desprendimiento se fueron
profundizando ciertas tendencias regresivas que no hicieron más que avanzar
sobre el terreno fértil que dejaba la ausencia de los factores equilibrantes.
Hubo algo más que tiene que
ver con el término de la ilusión de la eficiencia que si bien no es ajena al
universo político, por lo menos no aparece con la trascendencia de los otros
hechos.
Desde Taylor y Ford, la
organización de las empresas comenzó a ser parte del estudio de la competencia
de la productividad y de la toma de las ganancias. A partir de la victoria de
los Aliados sobre El Eje, la división del mundo se fijó, se profundizó la
competencia y las relaciones humanas cobraron fuerte peso dentro de las
organizaciones del trabajo. Ya no eran sólo la interface entre los intereses en
pugna de contratados y contratadores sino que, se transformaron en la
herramienta para motivar y organizar las propuestas. Eran parte de la
eficiencia y del mejoramiento de los costos, la tendencia se situó en búsquedas
de mejoramiento operativo, se incorporaron psicólogos en las empresas y se modernizaron
los planteos racionalistas Taylorianos. Los recursos humanos se transformaron
en un insumo más.
Sobre
los finales de la década dorada de los sesenta, esa tendencia se revirtió a la
luz del incremento del poder de las organizaciones de trabajadores en relación
a los directivos de las empresas, recordemos que coincide con la ofensiva
mundial de la política exterior Soviética y de la guerra de baja imágen de los
EEUU frente a los vietnamitas.
Poco antes de la caída del
muro, cuando las cartas ya estaban echadas, nuevamente el management entró en
su desarrollo explosivo y salió con respuestas a las demandas de la nueva
organización social.
Un modo particular de trato
comenzó a percibirse a partir de la década de los noventa,
un retorno a los absolutos acuñó expresiones
pomposas como “Calidad Total”, “Cliente Interno”, formación de escuelas de
negociación y liderazgo y de entrenadores personales en la búsqueda de mejores
resultados en el rendimiento de las personas en un ciclo iterativo de capacitación
permanente. Se desarrollaron técnicas de análisis de gestión, el comportamiento
humano se dividió en tantas partes como fue posible estudiarlo para su
posterior manejo y evaluación, se comprendió que no era suficiente sostener el
rol desde el espacio delegado sino que también desde la función ejercida y la
valorización se transformó en una nueva herramienta de poder. Los recursos
humanos aplicaron la racionalidad productiva modernista al de las funciones
dentro de la organización, introdujeron la instrucción sistémica de la
manipulación de propios y de terceros de modo mecánico.
En un modo simplificado de
mostrar las cosas, un funcionario puede ver el desempeño de su trabajo del
mismo modo que un deportista, para lo que necesita permanente capacitación del
mismo modo que el deportista entrenamiento, por lo que los capacitadores han
proliferado como entrenadores personales, a tal punto, que el término actual de
ciertos capacitadores es casualmente ése, entrenador o su término en inglés
coach.
Ese modo de ver las relaciones
del trabajo desnuda la realidad del intercambio de las personas en la comunidad
laboral, la competencia está determinada en un marco claro de respuesta
esperada. El equipo que se forma para el logro de una actividad es el que compite
y su nivel de resultado es evaluado tanto como equipo como por el desempeño de
sus individualidades.
Del mismo modo que un equipo
deportivo, las individualidades tienen mediciones comparadas por sus
resultados, por su capacidad y por su aporte para lo grupal. La exigencia por
los resultados es la nueva ley, los objetivos de la empresa son públicos para
todos los interesados y se realiza un pacto de silencio para aquellas premisas
que deban ser de exclusivo interés de la compañía. Se pretende direccionar
lazos de confianza con los cuadros operativos tanto como con los ejecutivos.
Además se normaron los
procesos a modo de intervincularse las diferentes empresa que participan del
resultado final. Se encontró un camino más efectivo y menos violento para las
relaciones laborales con resultados mejores. Sin entrar en la descripción de lo
que significa la ejecución de los manuales de calidad, podemos considerar que
los objetivos están dirigidos a la construcción de indicadores que midan la
calidad de los productos, servicios y de la vida de aquellos que intervienen en
los procesos, con la intención de modificar y mejorarlos permanentemente, entre
los cuales no se deja de lado por supuesto, la rentabilidad.
Todavía están por verse los
resultados de estos trabajos, pero ya se han logrado cambios sustanciales
observados como éxitos, entendiendo como tales, la comprobación de resultados
esperados de acuerdo a objetivos trazados.
Estos modelos mejoran los
estados de cosas anteriores donde la violencia estaba presente en la obligación
de ejecutar una actividad forzada dentro del marco laboral y que ponían en
juego fácilmente los modos arbitrarios de trato de superiores a subordinados,
de clientes a proveedores y aún entre pares, con diferentes estilos de sometimiento
de unos sobre otros y de negociaciones de brusco tenor. A partir de los
noventa, ser efectivo implica el logro de los objetivos con la presión
necesaria pero manteniendo las buenas formas y el comportamiento esperado. El
resultado de todo ese trabajo es notable. La presión es un factor predominante,
la metodología está centrada en la administración de esa presión adaptada a los
circuitos transaccionales de modo de quedar integrados en una maquinaria
similar a la que mostraba Chaplin en Tiempos Modernos, pero con el estilo de
las antiguas maestras que con el oficio, daban el chirlo con guante de seda.
Las normativas son rigurosas,
todo acto de violencia descalifica al que lo ejecuta salvo que pueda
justificarlo desde los hechos. En los últimos tiempos me he encontrado con
personas sometidas a presiones que los superan obligándolos por ejemplo a
realizar tareas fuera de horas, sin siquiera
conseguir el objetivo tal como fue solicitado y sometidos al menos al temor
del descrédito.
Por circunstancias cercanas al
estímulo respuesta, los sujetos se ven en situaciones humillantes enmarcadas
con el recurso del trato elegante sin posibilidad de respuesta y con necesidad
de sobreadaptarción.
El secreto de esa presión lo
podemos encontrar en la exigencia compulsiva, muy cercana al concepto de
subordinación y valor clásicos en las organizaciones militares. Esta presión es
el eje del sistema. La compulsión es necesaria para otorgar arbitrariedad a la
solicitud y a la relación. Quien realiza la tarea nunca tiene claro que termine
siendo felicitado ó sancionado una vez que sea evaluado. Ese modelo de relación
es traslado por el actor a quienes deben producirle respuesta en cascada.
La evaluación sistemática por
otra parte, tiene como principio rector generar “situación de examen” entre los protagonistas.
Como habitualmente ocurre en
las organizaciones humanas, suele observarse un doble discurso cargado de
términos halagosos para la tarea y para las personas que intervienen en la
misma. Recordemos que desde estas mismas páginas se sostiene que el trabajo es
uno de los actos más nobles que conoce la humanidad, por lo que los decálogos
de objetivos suelen estar cargados de conceptos de nobleza que llegan a lugares
pasionales de aquellos que participan.
Estos modos de relación suelen
provocar acciones de absurda heroicidad observadas fuera del contexto. Es
verdad que fuera de contexto es difícil no juzgar un acto heroico como absurdo,
por eso el análisis del contexto es el que me interesa desarrollar.
La condición humana nos seduce
por sus modos sorpresivos de manifestarse, es así que un sujeto sometido a un
acto de guerra suele asesinar y ser asesinado sin que medie otro motivo más que
el contexto. Quien observara fuera de su contexto a un soldado enrolado que no
posea convicciones patrióticas o ideológicas, repite la consideración del
absurdo de la acción.
Si cambiamos el medio pero
sostenemos los ejes que permiten esa circunstancia, nos encontramos con el
resultado de esta nueva forma de relación laboral de esta etapa de la historia.
Un soldado que pelea, incluso
aquel que lo realiza por decisión, abraza siempre la ilusión del fin de la
contienda. Sea como fuere, existe un puerto donde atracar en algún momento una
vez concluida la tormenta.
El habitante que ingresa al
siglo veintiuno, transita su vida como los antiguos navegantes solitarios que
intentaban llegar hasta el fin de los mares. Si nos retrotraemos al modo que
hizo grande el Sueño Americano, el Cow Boy es el ejemplo clásico del solitario
que cuenta con sólo su omnipotencia contra las inclemencias externas. No me
interesa explicar cuales fueron los motivos a mi criterio que hicieron de
Estados Unidos de América la nación más importante del planeta hoy, simplemente
basta con aceptar la premisa de que hoy lo es y lo ha sido durante todo el
siglo XX.
Por otro lado luego de la
segunda guerra mundial, EEUU se colocó como la nación guardiana de los
intereses de occidente, participando de modo directo en la refundación de los
tres grandes derrotados dos de los cuales hoy, son las potencias económicas que
le van a la saga.
Luego de la segunda guerra, EE
UU participó de otras guerras menores con suerte dispar que no fueron más que
pequeñas batallas de una gran guerra que el mundo disputaba.
La llamada guerra fría era la
verdadera Gran Guerra que ponía en juego el destino del planeta.
Ambos bandos sostenían
planteos absolutos, lo que les aseguraba la inexorabilidad de los procesos
históricos, de modo que EE UU reforzó su guardia del mismo modo que la URSS,
para que los sagrados intereses les sean respetados.
Acabada la gran contienda, lo
de la inexorabilidad se tradujo en el traspaso a cierto modo de vivir,
entendiendo que el momento histórico social finalmente había e llegado, por lo
que ciertos hábitos bélicos se filtraron en el entramado social, de modo que
terminó primando el concepto de ganancia en toda actividad del planeta.
Me interesa citar como ejemplo
la firma Mc Donalds. Es una empresa con presencia en casi todo el planeta, es
quizás el empleador más importante en cantidad de personas, es el paradigma del
éxito comercial, posee una política agresiva permanente de demolición de su
competencia, ha sido innovador en todos los manuales de gerenciamiento de su
tipo y ha sido objeto de identificación de penetración cultural más que otros
significativos como sus socios estratégicos, Coca Cola y Walt Disney.
Es curioso que esa firma se
haya hecho cargo de los reclamos a la globalidad, aún en países clásicos
aliados de EEUU, como Francia ó Gran Bretaña. Ese modo al que me refiero de
crítica se ha acuñado con la expresión MacDonalización. Sabemos que las
expresiones populares, aún las inducidas,
guardan aspectos proyectivos en sus pliegues. Conceptos demonizadores
como narcotraficante, subversivo o neoliberal, llevan consigo una definición de
distancia del mismo modo que los bárbaros para los romanos o gentiles para los
judíos, pero además, estos primeros llevan la carga implícita de la
peligrosidad para la sociedad.
Para quienes acuñaron la
expresión MacDonalización y del modo que la utilizan, esa segunda acepción de
la palabra les viene mas ajustada. Aprovechemos esta posibilidad que tenemos
para llevarla a las cuestiones que estamos desarrollando.
Quien haya conocido el
material de entrenamiento del personal de operaciones de esa firma, rápidamente
puede observar que el eje formal de la propuesta gira sobre el cliente, su
confort y su satisfacción. Hasta aquí, es un modo natural de funcionamiento de
los sistemas de relación con el cliente conocido como CRM (customer
relationship management), del cual seguramente ellos fueron pioneros y que
seguramente seguirán mejorándolo para seguir siendo innovadores.
Eso que ellos llaman
experiencia Mc Donalds, empieza con el convencimiento del servicio a ese tirano
del cual es el objeto del negocio. Es interesante el modo con que se busca
vincular la satisfacción del cliente con la disciplina del trato correcto y cordial. La presión que se ejerce sobre los
funcionarios desde su calificación hasta su clasificación de entrenamiento, es
muy similar al régimen de promociones militar. Un funcionario de planta MD
lleva un distintivo que lo califica en ambas áreas, vale decir que cualquiera
que conozca los códigos puede identificar el puesto o grado de esa persona.
Similar a los galones que llevan los suboficiales y oficiales de tropa, los
uniformes obedecen las mismas consignas. Obviamente también esos funcionarios
poseen incentivos de orden grupal, compitiendo luego consigo mismos para
aumentar el rendimiento y ventas de cada local y compitiendo con los otros
locales del área con motivaciones económicas directas. En general, los salarios
que paga la firma son bajos y sin embargo, obtiene una dedicación y un
compromiso por la tarea que provoca envidia a cualquier empresario.
Ese es el trabajo de recrear
el contexto. La misma persona por mucho menos prefiere la tarea en MD y no en
otro lugar de remuneraciones mejores o trato supuestamente superior. ¿Cuál es
el misterio?.
Hay varios motivos en juego,
muchos de los cuales siguen siendo un secreto de la firma y no es este trabajo
intentar develarlos. Vale la pena profundizar sobre los puntos del trato del
garrote que antes señalaba donde esa empresa es líder y ejemplificadora.
Volvamos al eje de la cuestión.
El cliente es lo más importante. Slogan explícito que esconde un mensaje
implícito. Ex profeso dejé planteado el término de que el cliente es un tirano.
Debemos brindarle lo mejor que tenemos y aún más. Debemos acercarnos con una
sonrisa a pesar de que la ira nos perturbe por el modo o trato que recibamos de
él. Debemos agasajarlo para evitar que la ira del cliente comience. La
experiencia MD pretende hacer sentir a cada cliente un Rey absoluto con un
séquito de jóvenes dispuestos a atenderlo. Parte del éxito de esa política se
basa exclusivamente en la perfección sistemática de modificar los saludos,
agregar obsequios a veces tan sencillos como una vincha de papel, proponer
pequeños juegos a cada niño o cualquiera de los métodos que el márqueting
moderno investiga y aborda. El punto apunta a la forma en que se le transmite a
cada funcionario y al mensaje implícito subyacente.
Todo protocolo es estudiado y
observado, posteriormente calificado y propone una rutina de entrenamiento y
capacitación. Existe un tiempo standard para cada puesto, superada la
permanencia en el mismo sin lograr los objetivos, es difícil que el funcionario
siga en carrera. Si por algún motivo un cliente elevara una queja que perturbe
los códigos que se esperan para el trato, es posible que no sólo los
funcionarios involucrados, sino que también el gerente de turno padezcan
sanciones irremontables. Se entiende que si bien cualquiera coincide en que el
cliente es la llave del negocio en casi todas las actividades comerciales,
pretendo señalar la carga que lleva el mensaje institucional. A partir de ese
momento, todas las direcciones exigen la adhesión absoluta, la realización de
lo que se espera de cada uno, y el plus necesario para demostrar que se está en
condiciones de seguir en carrera para superarse a sí mismo, pero
fundamentalmente a los otros.
Desde el otro lado del
mostrador se debe percibir el doble mensaje, quizás desde un espacio
inconsciente o quizás también, desde que la compañía no sólo se ve desde su
acción operativa, sino que por su tamaño, ocupa un espacio preponderante en el
mundo de los negocios.
El mito del nivel de
eficiencia en sus áreas operativas y transaccionales, la ha colocado en un
punto donde la violencia de ese modo de funcionamiento es lo suficientemente
más significativo que el de otras y por su porte, ese nivel de violencia se
expande sobre el mercado proveedor en un flujo expansivo con progresión
geométrica, la que la ha llevado quizás a cargarse el sambenito.
Por lo tanto, en este momento
de la historia, el trabajo está más cerca de las instituciones laborales que
demandan que desde la fuerza misma de la oferta y es curioso que esto que se
observa de cambio de trato, ocurre en empresas clásicas corporativas americanas
como IBM o EXXON por citar a algunas, que fueron otrora oasis de clima de
trabajo y que hoy también están regidas por la ley general.
Nuevos autores ligados al
gerenciamiento fijan el foco en las personas. Recientemente se han realizado
encuestas con el fin de mejorar el clima de trabajo. Es una nueva lectura que
pretende profundizar las contradicciones del viejo problema. Entendiendo que el
trabajo es aquello que nos permite ser mejores, estamos en la búsqueda del
camino en que resulte lo más agradable posible. El modo en que los autores
miran la cuestión es la siguiente. Si las empresas deben competir
permanentemente para obtener mayores ganancias, el deseo de los que intervienen
en esa gestión potencia esos logros. Aún en el caso de que estas premisas estén
ocultando el posible doble discurso, vale la pena seguir aceptando esa premisa
y desarrollarla aún corriendo los riesgos.
Este modo de ver las cosas
está inscripto dentro de un contexto que hoy la hace desfavorable. El entorno
que permitió estas premisas fue el de la expansión económica de los últimos
años del siglo veinte en EEUU y Europa. La recesión que comenzó con este siglo,
incrementada a partir del acontecimiento de las Torres Gemelas seguramente
atenta con esto.
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