La mujer en el siglo veinte en la sociedad occidental fue modificando su
lugar en el espacio social, desplazandose dentro del reparto de los roles,
hecho que se venía dando desde los siglos anteriores donde la guerra era la
definición básica del poder.
Las clases dominantes ya habían pasado por el poder de algunas mujeres.
Personajes como Isabel I, Juana de Arco, Catalina de Rusia, Cleopatra ó María
Antonieta , eran toleradas por sociedades que sólo admitían el poder andrógino.
Cierto lugar reservado al poder divino fue preparando el terreno que luego
fertilizó en el siglo veinte.
Simultáneamente al avance de la mujer el hombre se retrajo. El hombre no
pudo asimilar la propuesta de la revolución de lo femenino. El poder del hombre
está siendo objeto de estudio por sí mismo mientras simultáneamente, comienza a
disfrutar la inexigibilidad de ser el soporte y el valor de resguardo del
vículo con la mujer. Esta dicotomía colocan al hombre y también a la mujer, en
situación de crisis. En la relación del intercambio, no queda más que mantener
las fronteras frente al avance irruptivo de la vitalidad de la mujer. Este modo
dinámico de intercambio coloca al universo del trabajo, en el centro de la
escena del conflicto.
El término género aplicado a conceptos gramaticales, muestra que la
problemática está recién en sus comienzos pero con suficiente madurez para el
desarrollo. La mujer y el hombre son lo que son en tanto y en cuanto son
vitales. La vitalidad y en cuestiones de trabajo hemos verificado su presencia,
está ligada a la esencia misma de lo que genera la vida. Los que integramos la
generación de los adultos, aprendimos en la sociedad occidental un poco más
tardíamente que en los momentos actuales, que lo que produce vida es el sexo y
ya es hora de confesarnos semejante verdad. Expresar el conflicto hombre mujer
como de género en un espacio tan vital como en del trabajo, lleva implícita una
carga culposa, aún si lo que se pretende es respetar a la minoría de las y los
homosexuales. Si así fuera, expresar el conflicto como de género, pretende
eliminar un factor de identificación a la persona que la esteriliza y no es esa
la propuesta que desde estas líneas vengo proponiendo.
La retracción del hombre y el avance de la mujer expresado en estos
términos, simula a los dos equipos en la cancha y en su lugar, ambos al ataque
y a la defensiva. El mundo del trabajo es un muestrario de otros fenómenos,
quizás analizados desde la antropología o la sociología, que estudia las nuevas
relaciones hombre – mujer.
Hasta ahora la mujer ha avanzado en puestos de comando y se verifica una
presencia igualitaria que asciende hasta los puestos gerenciales intermedios.
Las trincheras cavadas por los hombres hasta ahora no han permitido, salvo
fugaces saltos, el acceso a los puestos CEO y de presidencias ejecutivas a las
mujeres. Pero esa situación, no requiere más que tiempo y desarrollo del
conflicto. El vector de irrupción femenina en las organizaciones no ha
encontrado ninguna resistencia equivalente, salvo la oposición masculina, que
ya vemos, ha quedado amortiguada. Los vectores de desestructurización de ese
fenómeno, surgirán presumiblemente de la misma condición femenina. Y también es
probable que se resuelvan, cuando las resistencias masculinas queden
definitivamente agotadas y el encuadre del tensor, pase a ocupar un nuevo
cuantum de resolución.
El universo del trabajo ya se ha hecho cargo del modo de resolver de las
mujeres. Hoy la resolución de los temas concernientes al trabajo llevan la
impronta de lo femenino. No es la mujer ya la que adopta la ley del hombre,
sino que recrea y es la generadora de leyes en esa dirección. Por ejemplo, es
muy probable que la amigabilidad de los sistemas y por ende, la mirada de los
productos en esa dirección, tenga que ver con el aporte directo de lo femenino
en la producción. El hombre desde su concepción general, plantea la resolución
del trabajo y ya lo hemos visto, bajo conceptos bélicos, donde implícitamente
se requiere la aceptación sumisa de su propuesta, así sea, por modos sutiles o
inductivos.
La mujer ha quitado buena parte del aspecto bélico de la carga laboral
que por siglos incorporó el hombre. Podríamos decir que en la reducción más llana,
la mujer en la sociedad más primitiva, tiene por misión parir soldados, que
nacen para cumplir con la misión masculina de matar o morir, recreando la
situación en la génesis del espermatozoide y el óvulo. Recordemos que es
necesario que mueran cientos de millones de espermatozoides para que sólo uno
llegue a fecundar, aquél que por fortaleza o por rapidez es el que llegará a
destino en primer lugar. Más sutil aún es el hecho de que aquellos
espermatozoides que llevan el programa cromosomático del hombre, son más
veloces que los del código femenino, sin embargo tienen una vida más corta. El
hombre por lo tanto, nace en la carrera por obtener el destino. No tiene tiempo
y la competencia no deja lugar para el error. La mujer tiene un ciclo mas lento
y los pasos, mirados desde los tiempos del varón son mas largos. El hombre
lleva la impronta de lo urgente y la presencia de la muerte como sino
cotidiano. La mujer lleva los tiempos, es la salvaguarda de la vida en su
interior, y mientras ella sólo puede concebir uno o dos hijos con sólo un
compañero, el hombre tiene capacidad para hacerlo con muchas compañeras una
cantidad, que medida en los tiempos de incubación es casi infinita.
Paradójicamente el hombre posee un cuerpo con más fortaleza física que
la mujer, sin embargo son ellas las resistentes. Es común que en una sala de
neonatologia, los médicos prefieran que el bebé a nacer sea una niña cuando se
espera un nacimiento de riesgo porque suelen sobrevivir mejor esos trances.
Volviendo a la analogía en el acero, la mujer es más resiliente que el
hombre, tiene mayor capacidad para absorber los impactos a pesar de que su
fortaleza intrínseca sea menor.
En el mundo del trabajo como en lo relacionado en la vida toda, no todo
es blanco o negro, quizás aún siendo ambas cosas, los sutiles grises son los
que interesan.
La mujer es mujer en tanto hay hombre. Obvio es decir de lo mismo del
hombre. Si suponemos que la realización humana estuvo relacionada con la ley
del hombre, seguro estaremos olvidando una parte de la realidad. Quien haya
realizado la muralla china, seguramente habrá sido el hombre que tuvo su
impronta de lo urgente. La muralla requirió de paciencia para lograr semejante
proeza activada con la presión de la urgencia cotidiana. Hasta ahora, si hubo
un hombre capaz de las realizaciones humanas, hubo una mujer que le brindó el
tiempo necesario y la confianza fuera de la inmediatez junto con la leche
materna y el cuidado de los primeros años.
El hombre en el emprendimiento de la Muralla China, habrá otorgado su
espíritu para producir empresas
imposibles a los ojos prácticos. La mujer habrá otorgado la presencia para dar
entidad a un objeto para que cuide del espacio y que no permita que otros lo
invadan.
El aporte de la mujer y su direccionamiento también aparece en momentos
donde el cuidado del medio empieza a ser requerido. No olvidemos que la casa es
un espacio femenino y como tal, nuestra vieja buena Tierra también lo es.
Quiero terminar este artículo con una reflexión de ese viejo maestro que
fue don Jacobo Agrest aprovechando este punto con la relación de la cuestión
entrópica.
Una mañana de sábado como todas aquellas que participábamos de su
sabiduría, intentó el sabio anciano, pontificar una máxima que le complicó la
existencia.
Esa mañana el maestro recreó en el pizarrón el concepto de fuente y
sumidero visto desde el segundo principio de la termodinámica. El trabajo de
circulación de los fluídos responde a una ecuación diferencial relativamente
simple y conocida. La relación entre ese trabajo y los potenciales de la fuente
caliente con la fuente fría ó sumidero, necesitó ser concluida llenando dos
pizarrones completos de ecuaciones y no alcanzando ese espacio, precisó
recurrir a las paredes porque resultaba un pecado que borrara las hipótesis que
formuló en la temprana mañana.
Con tanta abstracción expuesta, lanzó su máxima, que será el punto de
partida de nuestro análisis.
Preguntó el sabio:
- Bien, después de todo esto, vale la
pena hacer una reflexión sobre nuestra vida cotidiana, a ver. ¿Qué hicieron hoy
a la mañana? y comenzó a imprecar algo desagradablemente a los pocos seguidores
que le aguantábamos sus excentricidades, pero no al punto de meterse en nuestra
vida privada.
Me desperté alcanzó a decir el primero, bien ¿Qué más? insistió, me lavé
los dientes dijo otro, bien, ¿Qué más?,
insistió, me cambié, dijo otro, Bien, ¿Qué más?, complicó en forma insidiosa,
buscando una respuesta que todos sabíamos que era la única y que no lo conformaría
hasta escuchar aquella que suponía debíamos adivinar.
- Tomamos el desayuno- dijo una compañera casada, incluyendo al hijo
que paseaba dentro de su panza.
El maestro se dirigió a la compañera embarazada y preguntó
- ¿Qué más?.
La joven turbada a pesar de su condición de orgullosa futura madre o
quizás por eso mismo, no podía articular respuesta en su protagonismo singular.
No fue piadoso con ella el profesor e insistió de modo exagerado y teatral.
– Una futura madre ingeniera, tiene
que saber- exigió
Mi compañera quedó paralizada, el
profesor descubrió su error rápidamente, se disculpó y dejó el clima preparado
para descerrajar su máxima:
- A la mañana, mis estimados, lo
primero que hacemos es pis y caca. Nadie es capaz de confesarlo, pero aquellos
que lo logran desde la mañana, suelen tener un día mejor. El pis y la caca, mis
queridos futuros ingenieros, es el residuo de nuestro sistema, pero quiero
recordarles que es fuente de otros sistemas que figuran acá mientras mostraba
ecuaciones en la mitad de su trabajo matemático.
- Esta dama- refiriéndose a mi compañera futura madre
- recrea ese trabajo de circulación que
hemos desarrollado, creando y cuidando la vida que hoy ya es la persona que
vive en esa panza.
Y siguió con las reflexiones:
- ¿Desde el punto de vista entrópico, cuál
es el significado de un parto?.Durante el embarazo, la madre es fuente y
sumidero del bebé, pero después ¿Qué ocurre?. ¿Qué destino queda destinado a la
mujer?
Se dirigió a todos nosotros y nos
preguntó:
-
¿Quién les hizo el desayuno?, ¿quien lavó los platos? , ¿quien hizo las
camas?, ¿quien sacó de la mesa?.
En un universo estudiantil porteño de los finales de los años setenta,
quien no tenía madre, tenía esposa o a lo sumo mucama.
- La mujer - pontificó el maestro - es
el sumidero del hombre- descerrajó
finalmente.
Las compañeras, incluida la futura madre no toleraron semejante afrenta
machista, ni aún viniendo de un venerado profesor anciano. La ofensa que
descargaba a la condición femenina era intolerable.
Sin embargo, viniendo de donde venía mas tarde descubrimos su estrategia
de viejo seductor y otra más de sus muchas mañas de zorro.
Primera cosa, en el trabajo que planteaba, se valorizaba el sumidero
tanto más que la fuente. En términos prácticos, fuentes hay muchas y diversas,
sin embargo para la humanidad por ahora, sumidero hay uno solo.
Segundo, planteado de este modo, si la mujer es el sumidero ¿En qué
lugar quedaba el hombre en la relación hombre mujer?.
Ha pasado mucho tiempo desde esa mañana y mucha agua pasó por debajo del
puente. Por fortuna, hoy los hombres hemos arribado a los privilegios de
cambiar pañales y limpiar la mesa y en esta nueva forma de organización social,
comprendemos que el desafío en relación a los espacios del trabajo, están
íntimamente ligados a despegar nuestro rol de la función, del mismo modo que la
mujer, que avanzó ocupando espacios otrora exclusivos del hombre.
Es misión de los hombres recrear los lugares de su nueva condición, esto
significa que los cambios que se produzcan en relación a los modos diferentes
en que hombres y mujeres enfrentan el mundo laboral, lo que aporten unas, será
resignificado por ellos.
Por ejemplo, si bien ha habido muchas mujeres guerreras, es el hombre el
que lleva el espíritu de la guerra. Es probable entonces, que cierta mística
guerrera que lleva la impronta del trabajo, se vaya modificando en aras de
otros modos de interrelación, encontrando otros modos de lucha, ya que sin
lucha no hay victoria.
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