lunes, 3 de febrero de 2014

Adán y Eva o Eva y Adán


  La mujer en el siglo veinte en la sociedad occidental fue modificando su lugar en el espacio social, desplazandose dentro del reparto de los roles, hecho que se venía dando desde los siglos anteriores donde la guerra era la definición básica del poder.
  Las clases dominantes ya habían pasado por el poder de algunas mujeres. Personajes como Isabel I, Juana de Arco, Catalina de Rusia, Cleopatra ó María Antonieta , eran toleradas por sociedades que sólo admitían el poder andrógino. Cierto lugar reservado al poder divino fue preparando el terreno que luego fertilizó en el siglo veinte.
  Simultáneamente al avance de la mujer el hombre se retrajo. El hombre no pudo asimilar la propuesta de la revolución de lo femenino. El poder del hombre está siendo objeto de estudio por sí mismo mientras simultáneamente, comienza a disfrutar la inexigibilidad de ser el soporte y el valor de resguardo del vículo con la mujer. Esta dicotomía colocan al hombre y también a la mujer, en situación de crisis. En la relación del intercambio, no queda más que mantener las fronteras frente al avance irruptivo de la vitalidad de la mujer. Este modo dinámico de intercambio coloca al universo del trabajo, en el centro de la escena del conflicto.
  El término género aplicado a conceptos gramaticales, muestra que la problemática está recién en sus comienzos pero con suficiente madurez para el desarrollo. La mujer y el hombre son lo que son en tanto y en cuanto son vitales. La vitalidad y en cuestiones de trabajo hemos verificado su presencia, está ligada a la esencia misma de lo que genera la vida. Los que integramos la generación de los adultos, aprendimos en la sociedad occidental un poco más tardíamente que en los momentos actuales, que lo que produce vida es el sexo y ya es hora de confesarnos semejante verdad. Expresar el conflicto hombre mujer como de género en un espacio tan vital como en del trabajo, lleva implícita una carga culposa, aún si lo que se pretende es respetar a la minoría de las y los homosexuales. Si así fuera, expresar el conflicto como de género, pretende eliminar un factor de identificación a la persona que la esteriliza y no es esa la propuesta que desde estas líneas vengo proponiendo.
  La retracción del hombre y el avance de la mujer expresado en estos términos, simula a los dos equipos en la cancha y en su lugar, ambos al ataque y a la defensiva. El mundo del trabajo es un muestrario de otros fenómenos, quizás analizados desde la antropología o la sociología, que estudia las nuevas relaciones hombre – mujer.
  Hasta ahora la mujer ha avanzado en puestos de comando y se verifica una presencia igualitaria que asciende hasta los puestos gerenciales intermedios. Las trincheras cavadas por los hombres hasta ahora no han permitido, salvo fugaces saltos, el acceso a los puestos CEO y de presidencias ejecutivas a las mujeres. Pero esa situación, no requiere más que tiempo y desarrollo del conflicto. El vector de irrupción femenina en las organizaciones no ha encontrado ninguna resistencia equivalente, salvo la oposición masculina, que ya vemos, ha quedado amortiguada. Los vectores de desestructurización de ese fenómeno, surgirán presumiblemente de la misma condición femenina. Y también es probable que se resuelvan, cuando las resistencias masculinas queden definitivamente agotadas y el encuadre del tensor, pase a ocupar un nuevo cuantum de resolución.
  El universo del trabajo ya se ha hecho cargo del modo de resolver de las mujeres. Hoy la resolución de los temas concernientes al trabajo llevan la impronta de lo femenino. No es la mujer ya la que adopta la ley del hombre, sino que recrea y es la generadora de leyes en esa dirección. Por ejemplo, es muy probable que la amigabilidad de los sistemas y por ende, la mirada de los productos en esa dirección, tenga que ver con el aporte directo de lo femenino en la producción. El hombre desde su concepción general, plantea la resolución del trabajo y ya lo hemos visto, bajo conceptos bélicos, donde implícitamente se requiere la aceptación sumisa de su propuesta, así sea, por modos sutiles o inductivos.
  La mujer ha quitado buena parte del aspecto bélico de la carga laboral que por siglos incorporó el hombre. Podríamos decir que en la reducción más llana, la mujer en la sociedad más primitiva, tiene por misión parir soldados, que nacen para cumplir con la misión masculina de matar o morir, recreando la situación en la génesis del espermatozoide y el óvulo. Recordemos que es necesario que mueran cientos de millones de espermatozoides para que sólo uno llegue a fecundar, aquél que por fortaleza o por rapidez es el que llegará a destino en primer lugar. Más sutil aún es el hecho de que aquellos espermatozoides que llevan el programa cromosomático del hombre, son más veloces que los del código femenino, sin embargo tienen una vida más corta. El hombre por lo tanto, nace en la carrera por obtener el destino. No tiene tiempo y la competencia no deja lugar para el error. La mujer tiene un ciclo mas lento y los pasos, mirados desde los tiempos del varón son mas largos. El hombre lleva la impronta de lo urgente y la presencia de la muerte como sino cotidiano. La mujer lleva los tiempos, es la salvaguarda de la vida en su interior, y mientras ella sólo puede concebir uno o dos hijos con sólo un compañero, el hombre tiene capacidad para hacerlo con muchas compañeras una cantidad, que medida en los tiempos de incubación es casi infinita.
  Paradójicamente el hombre posee un cuerpo con más fortaleza física que la mujer, sin embargo son ellas las resistentes. Es común que en una sala de neonatologia, los médicos prefieran que el bebé a nacer sea una niña cuando se espera un nacimiento de riesgo porque suelen sobrevivir mejor esos trances.
  Volviendo a la analogía en el acero, la mujer es más resiliente que el hombre, tiene mayor capacidad para absorber los impactos a pesar de que su fortaleza intrínseca sea menor.
  En el mundo del trabajo como en lo relacionado en la vida toda, no todo es blanco o negro, quizás aún siendo ambas cosas, los sutiles grises son los que interesan.
  La mujer es mujer en tanto hay hombre. Obvio es decir de lo mismo del hombre. Si suponemos que la realización humana estuvo relacionada con la ley del hombre, seguro estaremos olvidando una parte de la realidad. Quien haya realizado la muralla china, seguramente habrá sido el hombre que tuvo su impronta de lo urgente. La muralla requirió de paciencia para lograr semejante proeza activada con la presión de la urgencia cotidiana. Hasta ahora, si hubo un hombre capaz de las realizaciones humanas, hubo una mujer que le brindó el tiempo necesario y la confianza fuera de la inmediatez junto con la leche materna y el cuidado de los primeros años.
  El hombre en el emprendimiento de la Muralla China, habrá otorgado su espíritu para  producir empresas imposibles a los ojos prácticos. La mujer habrá otorgado la presencia para dar entidad a un objeto para que cuide del espacio y que no permita que otros lo invadan.
  El aporte de la mujer y su direccionamiento también aparece en momentos donde el cuidado del medio empieza a ser requerido. No olvidemos que la casa es un espacio femenino y como tal, nuestra vieja buena Tierra también lo es. 
  Quiero terminar este artículo con una reflexión de ese viejo maestro que fue don Jacobo Agrest aprovechando este punto con la relación de la cuestión entrópica.
  Una mañana de sábado como todas aquellas que participábamos de su sabiduría, intentó el sabio anciano, pontificar una máxima que le complicó la existencia.
  Esa mañana el maestro recreó en el pizarrón el concepto de fuente y sumidero visto desde el segundo principio de la termodinámica. El trabajo de circulación de los fluídos responde a una ecuación diferencial relativamente simple y conocida. La relación entre ese trabajo y los potenciales de la fuente caliente con la fuente fría ó sumidero, necesitó ser concluida llenando dos pizarrones completos de ecuaciones y no alcanzando ese espacio, precisó recurrir a las paredes porque resultaba un pecado que borrara las hipótesis que formuló en la temprana mañana.
  Con tanta abstracción expuesta, lanzó su máxima, que será el punto de partida de nuestro análisis.
Preguntó el sabio:
- Bien, después de todo esto, vale la pena hacer una reflexión sobre nuestra vida cotidiana, a ver. ¿Qué hicieron hoy a la mañana? y comenzó a imprecar algo desagradablemente a los pocos seguidores que le aguantábamos sus excentricidades, pero no al punto de meterse en nuestra vida privada.
  Me desperté alcanzó a decir el primero, bien ¿Qué más? insistió, me lavé los dientes dijo otro, bien,  ¿Qué más?, insistió, me cambié, dijo otro, Bien, ¿Qué más?, complicó en forma insidiosa, buscando una respuesta que todos sabíamos que era la única y que no lo conformaría hasta escuchar aquella que suponía debíamos adivinar.
- Tomamos el desayuno-  dijo una compañera casada, incluyendo al hijo que paseaba dentro de su panza.
  El maestro se dirigió a la compañera embarazada y preguntó
- ¿Qué más?.
  La joven turbada a pesar de su condición de orgullosa futura madre o quizás por eso mismo, no podía articular respuesta en su protagonismo singular. No fue piadoso con ella el profesor e insistió de modo exagerado y teatral.
– Una futura madre ingeniera, tiene que saber- exigió

Mi compañera quedó paralizada, el profesor descubrió su error rápidamente, se disculpó y dejó el clima preparado para descerrajar su máxima:
- A la mañana, mis estimados, lo primero que hacemos es pis y caca. Nadie es capaz de confesarlo, pero aquellos que lo logran desde la mañana, suelen tener un día mejor. El pis y la caca, mis queridos futuros ingenieros, es el residuo de nuestro sistema, pero quiero recordarles que es fuente de otros sistemas que figuran acá mientras mostraba ecuaciones en la mitad de su trabajo matemático.
- Esta dama-  refiriéndose a mi compañera futura madre -  recrea ese trabajo de circulación que hemos desarrollado, creando y cuidando la vida que hoy ya es la persona que vive en esa panza.
Y siguió con las reflexiones:
- ¿Desde el punto de vista entrópico, cuál es el significado de un parto?.Durante el embarazo, la madre es fuente y sumidero del bebé, pero después ¿Qué ocurre?. ¿Qué destino queda destinado a la mujer?
Se dirigió a todos nosotros y nos preguntó:
-  ¿Quién les hizo el desayuno?, ¿quien lavó los platos? , ¿quien hizo las camas?, ¿quien sacó de la mesa?.
  En un universo estudiantil porteño de los finales de los años setenta, quien no tenía madre, tenía esposa o a lo sumo mucama.
- La mujer - pontificó el maestro - es el sumidero del hombre-  descerrajó finalmente.
  Las compañeras, incluida la futura madre no toleraron semejante afrenta machista, ni aún viniendo de un venerado profesor anciano. La ofensa que descargaba a la condición femenina era intolerable.
  Sin embargo, viniendo de donde venía mas tarde descubrimos su estrategia de viejo seductor y otra más de sus muchas mañas de zorro.
  Primera cosa, en el trabajo que planteaba, se valorizaba el sumidero tanto más que la fuente. En términos prácticos, fuentes hay muchas y diversas, sin embargo para la humanidad por ahora, sumidero hay uno solo.
  Segundo, planteado de este modo, si la mujer es el sumidero ¿En qué lugar quedaba el hombre en la relación hombre mujer?.
  Ha pasado mucho tiempo desde esa mañana y mucha agua pasó por debajo del puente. Por fortuna, hoy los hombres hemos arribado a los privilegios de cambiar pañales y limpiar la mesa y en esta nueva forma de organización social, comprendemos que el desafío en relación a los espacios del trabajo, están íntimamente ligados a despegar nuestro rol de la función, del mismo modo que la mujer, que avanzó ocupando espacios otrora exclusivos del hombre.
  Es misión de los hombres recrear los lugares de su nueva condición, esto significa que los cambios que se produzcan en relación a los modos diferentes en que hombres y mujeres enfrentan el mundo laboral, lo que aporten unas, será resignificado por ellos.

  Por ejemplo, si bien ha habido muchas mujeres guerreras, es el hombre el que lleva el espíritu de la guerra. Es probable entonces, que cierta mística guerrera que lleva la impronta del trabajo, se vaya modificando en aras de otros modos de interrelación, encontrando otros modos de lucha, ya que sin lucha no hay victoria.

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