Hasta promediados los años
ochenta la tendencia de los operadores de negocios se inclinaban en la
partición de las grandes corporaciones. La teoría, mas allá del negocio
especulativo normal, sostenía que superada cierta dimensión en grupos económicos,
ese tamaño se transformaba en atentatorio con la eficacia del sistema
económico. Inmensas corporaciones fueron mutiladas y readaptadas en un mundo
que se distribuía preparándose para la revolución informática que se venía.
Bruscamente por efecto de los vientos informáticos y financieros, la tendencia
se revirtió en la búsqueda de espacios de poder cada vez más ambiciosos. Se
concentró la actividad en megacompañias y en asociaciones de pulpos que hasta
hacía poco se repartían el mercado. Las pequeñas y medianas empresas asistían a
la lucha de los grandes que se repartían el espacio que les quedaba. Cuando
aparecen las recesiones y por ende el desempleo y la expulsión, las grandes
corporaciones desalojan lastre para su supervivencia del mismo modo que los
transatlánticos frente al peligro del hundimiento, mientras que las pequeñas al
no tener recursos para expulsar, quedan atrapadas en la trampa y corren
peligros mayores o sucumben.
Sin embargo, cuando la
recesión previa de los setenta asoló al mundo occidental, fueron las grandes
las que soportaron las grandes pérdidas y por eso la tendendencia a las
particiones de la época.
¿Qué factores influyeron para
ese cambio de ciento ochenta grados?.
No se puede soslayar el cambio
del nuevo orden mundial al demolerse el mundo socialista. Los códigos variaron
y ciertas barreras formales se levantaron. Podemos suponer que el trabajo
organizado y sus redes de poder en algún aspecto han reemplazado a los
ejércitos en el servicio de canalizar la agresión humana y las ansias de
dominación. El principio que reza que el dinero es aquello que Dios ha otorgado
al hombre para que no se ande matando por hembras y por crías como el resto de
sus hermanos habitantes de la Tierra, extiende que si bien la muerte en los animales
corresponde a principios más dignos, el dinero ha sido el depositario de las
luchas en esta última parte de la historia.
Por lo tanto cuanto más se
posee, mayor poder se obtiene. Las megafusiones han otorgado inmenso poder a
las corporaciones y han agudizado la pirámide de la economía. Pero como en los
setenta que se sostenía que las grandes organizaciones son estructuras muy
pesadas, de difícil control y con ramificaciones políticas que terminan
esterilizando su poder, hoy todas esas razones han sido respondidas por las
técnicas actuales de management y con los nuevos métodos de simulación. Pero la
historia nos enseña que la posibilidad de las organizaciones, rápidamente
neutralizan esas acciones y que la condición humana aflora con toda su integridad.
Es muy probable que en pocos
años asistamos nuevamente al espectáculo de la partición explosiva de los
grandes gigantes para recomponer la organización económica mundial, presentando
de modo circunstancial una pirámide más ancha.
A todo esto ,¿Qué ocurre con
las pequeñas y medianas? .
Lo dicho para las grandes
corresponde del mismo modo para las pequeñas y medianas empresas. Por sus
características las PYMes, pertenecen ó recrean organizaciones familiares que
les determinan una impronta dentro de la organización del universo del trabajo.
Entre las múltiples variantes
que las caracteriza, las pequeñas y medianas empresas transitan la inmediatez
como icono más significativo de su identificación. Ese modo de participar en la
matriz vectorial, las sitúa con mayor grado de acritud respecto de las
corporaciones de mayor valor. Los cambios son padecidos con signo trágico pero
la capacidad de readaptación frente a las modificaciones del universo son
inmediatas. La vitalidad de las PYMes, está asociada a la irracionalidad de su
acta fundacional. Funcionan por una pasión básica de supervivencia ligada
directamente al día a día de los factores de decisión. El contacto directo
entre la gestión y la decisión acorta distancias y aumenta las velocidades, las
que leídas desde el espacio de las corporaciones aparecen vertiginosas. Si
observáramos detenidamente las propuestas de management actuales dirigidas a
las grandes organizaciones, observaríamos que muchos de los métodos que se
proponen, intentan recrear el universo de las PYMes por su vitalidad y audacia.
En definitiva, el modo novedoso del Entepreneur, tiene mucho de la función de
un director de PYME con la potencia de la capacidad de la integración a los
circuitos corporativos.
Por supuesto no todas son
rosas. Las PYMes no poseen el poder que se requiere en esta época, están
ubicadas al revés de los vientos que corren a pesar de que en su acta vital,
intenten agruparse en el mejor de los casos. La atomización de poderes no es lo
que más propone el momento frente a las asociaciones y a las megafusiones. La
matriz intrínseca de la PYMe la coloca en un espacio de asociación grupal
espontánea de los participantes que integran el grupo de acción, lo que
significa que la estructura no aparece forzada por técnicas de gerenciamiento,
capacitación permanente y retroalimentación de líneas para obtener objetivos
decididos previamente y medición constante de desvíos. La inmediatez, insisto
es su piedra basal, por lo tanto están sujetas a cualquier modificación que el
afuera le propina y dado el reducido espacio para dirimir sus tensiones
internas, las hacen vulnerables en momentos de crisis y movilidad.
Sin embargo, la vitalidad de
parición frente a escenarios nuevos, las hacen las protagonistas del momento
que se avecina. Veamos los fundamentos de esta hipótesis.
La tendencia a la generación de redes estimula la posibilidad
espontánea no compulsiva de asociaciones de unipersonales y a lo sumo de
microempresas. La transferencia de la producción de objetos a servicios, sumada
a las nuevas técnicas de comunicación y a la aparición de la concritud del
mundo virtual, estimulan la posibilidad de imaginar otras formas de necesidad y
de respuestas. Esas son parte de la estimulación de la competencia a
velocidades superiores a las conocidas por las burocracias y las
autorizaciones. El trabajo visto de este modo simula cada vez más a los juegos
de azar, similar a las apuestas en la bolsa y crean un campo de incertidumbre
dentro del cual las PYMes, tienen mejores probabilidades de movimiento. Por
otro lado, respetando el principio de acción y reacción, una burocracia virtual
se exigirá en cada movimiento para permitir su legitimidad, lo cual permitirá
que cuanto mayor sea la gimnasia aprendida de esas leyes y mayor su dominio,
mejores serán los resultados de esos usuarios. La posibilidad de que un pequeño
grupo sin capacidad económica participe de los procesos de cambio, es cada vez
más frecuente. La interacción y la iteración encontrarán su límite luego de las
búsquedas de los espacios y finalmente se encontrará el equilibrio en
asociaciones y megafusiones, pero esta vez ya no será de corporaciones sino
quizás, de modos nuevos de asociaciones de individuos o de contrato social
Mientras tanto ¿Qué será de
los bienes? Todo está muy bien, pero la pizza ¿Quién la va a traer y con qué
aparato?
Se especuló cuando se trataba
la variante espontánea de resolución energética en la producción de bienes, que
los futuros bienes estarán cargados de una sobrevida sensiblemente mayor a los
actuales, de modo de transferir la energía neta consumida por unidad de trabajo
a los servicios que deberán consumir menos energía para su realización que los
productos. De este modo, el despilfarro que se realiza actualmente fabricando basura, mucha de ella no biodegradable y
poluyente, disminuiría de modo importante. Por lo tanto, los precios relativos
para obtener los productos serían mayores a los actuales y de algún modo la
competencia dirigida al precio pasaría por los servicios, hecho natural establecido
en la ley de acción y reacción, que propone una proporción inversa a la actual.
El circuito podría expilcarse del siguiente modo:
Con la tendencia gregaria
crece un vector de acumulación de poder que determina la propensión a la
corporativización de las organizaciones ya sea por aglutinación o por
engullición de unas sobre otras. Pero para que ese fenómeno ocurra, es preciso
situarse en una meseta de transformación. Cuando la transformación irrumpe, son
las pequeñas organizaciones situadas en los bordes del universo las que por un
impulso vital, llevan las iniciativas de las necesidades de esos momentos. Las
grandes organizaciones se sostienen en momentos donde la certeza es la ley. Por
ese motivo, es posible el cambio de tendencia actual a la luz de los vientos
que despierten el sopor de los años noventa.
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