lunes, 3 de febrero de 2014

Si lo pequeño es hermoso ¿cómo será lo grande?



  Hasta promediados los años ochenta la tendencia de los operadores de negocios se inclinaban en la partición de las grandes corporaciones. La teoría, mas allá del negocio especulativo normal, sostenía que superada cierta dimensión en grupos económicos, ese tamaño se transformaba en atentatorio con la eficacia del sistema económico. Inmensas corporaciones fueron mutiladas y readaptadas en un mundo que se distribuía preparándose para la revolución informática que se venía. Bruscamente por efecto de los vientos informáticos y financieros, la tendencia se revirtió en la búsqueda de espacios de poder cada vez más ambiciosos. Se concentró la actividad en megacompañias y en asociaciones de pulpos que hasta hacía poco se repartían el mercado. Las pequeñas y medianas empresas asistían a la lucha de los grandes que se repartían el espacio que les quedaba. Cuando aparecen las recesiones y por ende el desempleo y la expulsión, las grandes corporaciones desalojan lastre para su supervivencia del mismo modo que los transatlánticos frente al peligro del hundimiento, mientras que las pequeñas al no tener recursos para expulsar, quedan atrapadas en la trampa y corren peligros mayores o sucumben.
  Sin embargo, cuando la recesión previa de los setenta asoló al mundo occidental, fueron las grandes las que soportaron las grandes pérdidas y por eso la tendendencia a las particiones de la época.
  ¿Qué factores influyeron para ese cambio de ciento ochenta grados?.
  No se puede soslayar el cambio del nuevo orden mundial al demolerse el mundo socialista. Los códigos variaron y ciertas barreras formales se levantaron. Podemos suponer que el trabajo organizado y sus redes de poder en algún aspecto han reemplazado a los ejércitos en el servicio de canalizar la agresión humana y las ansias de dominación. El principio que reza que el dinero es aquello que Dios ha otorgado al hombre para que no se ande matando por hembras y por crías como el resto de sus hermanos habitantes de la Tierra, extiende que si bien la muerte en los animales corresponde a principios más dignos, el dinero ha sido el depositario de las luchas en esta última parte de la historia.
  Por lo tanto cuanto más se posee, mayor poder se obtiene. Las megafusiones han otorgado inmenso poder a las corporaciones y han agudizado la pirámide de la economía. Pero como en los setenta que se sostenía que las grandes organizaciones son estructuras muy pesadas, de difícil control y con ramificaciones políticas que terminan esterilizando su poder, hoy todas esas razones han sido respondidas por las técnicas actuales de management y con los nuevos métodos de simulación. Pero la historia nos enseña que la posibilidad de las organizaciones, rápidamente neutralizan esas acciones y que la condición humana aflora con toda su integridad.
  Es muy probable que en pocos años asistamos nuevamente al espectáculo de la partición explosiva de los grandes gigantes para recomponer la organización económica mundial, presentando de modo circunstancial una pirámide más ancha.
  A todo esto ,¿Qué ocurre con las pequeñas y medianas? .
  Lo dicho para las grandes corresponde del mismo modo para las pequeñas y medianas empresas. Por sus características las PYMes, pertenecen ó recrean organizaciones familiares que les determinan una impronta dentro de la organización del universo del trabajo.
   Entre las múltiples variantes que las caracteriza, las pequeñas y medianas empresas transitan la inmediatez como icono más significativo de su identificación. Ese modo de participar en la matriz vectorial, las sitúa con mayor grado de acritud respecto de las corporaciones de mayor valor. Los cambios son padecidos con signo trágico pero la capacidad de readaptación frente a las modificaciones del universo son inmediatas. La vitalidad de las PYMes, está asociada a la irracionalidad de su acta fundacional. Funcionan por una pasión básica de supervivencia ligada directamente al día a día de los factores de decisión. El contacto directo entre la gestión y la decisión acorta distancias y aumenta las velocidades, las que leídas desde el espacio de las corporaciones aparecen vertiginosas. Si observáramos detenidamente las propuestas de management actuales dirigidas a las grandes organizaciones, observaríamos que muchos de los métodos que se proponen, intentan recrear el universo de las PYMes por su vitalidad y audacia. En definitiva, el modo novedoso del Entepreneur, tiene mucho de la función de un director de PYME con la potencia de la capacidad de la integración a los circuitos corporativos.
  Por supuesto no todas son rosas. Las PYMes no poseen el poder que se requiere en esta época, están ubicadas al revés de los vientos que corren a pesar de que en su acta vital, intenten agruparse en el mejor de los casos. La atomización de poderes no es lo que más propone el momento frente a las asociaciones y a las megafusiones. La matriz intrínseca de la PYMe la coloca en un espacio de asociación grupal espontánea de los participantes que integran el grupo de acción, lo que significa que la estructura no aparece forzada por técnicas de gerenciamiento, capacitación permanente y retroalimentación de líneas para obtener objetivos decididos previamente y medición constante de desvíos. La inmediatez, insisto es su piedra basal, por lo tanto están sujetas a cualquier modificación que el afuera le propina y dado el reducido espacio para dirimir sus tensiones internas, las hacen vulnerables en momentos de crisis y movilidad.
  Sin embargo, la vitalidad de parición frente a escenarios nuevos, las hacen las protagonistas del momento que se avecina. Veamos los fundamentos de esta hipótesis.
La tendencia a la generación de redes estimula la posibilidad espontánea no compulsiva de asociaciones de unipersonales y a lo sumo de microempresas. La transferencia de la producción de objetos a servicios, sumada a las nuevas técnicas de comunicación y a la aparición de la concritud del mundo virtual, estimulan la posibilidad de imaginar otras formas de necesidad y de respuestas. Esas son parte de la estimulación de la competencia a velocidades superiores a las conocidas por las burocracias y las autorizaciones. El trabajo visto de este modo simula cada vez más a los juegos de azar, similar a las apuestas en la bolsa y crean un campo de incertidumbre dentro del cual las PYMes, tienen mejores probabilidades de movimiento. Por otro lado, respetando el principio de acción y reacción, una burocracia virtual se exigirá en cada movimiento para permitir su legitimidad, lo cual permitirá que cuanto mayor sea la gimnasia aprendida de esas leyes y mayor su dominio, mejores serán los resultados de esos usuarios. La posibilidad de que un pequeño grupo sin capacidad económica participe de los procesos de cambio, es cada vez más frecuente. La interacción y la iteración encontrarán su límite luego de las búsquedas de los espacios y finalmente se encontrará el equilibrio en asociaciones y megafusiones, pero esta vez ya no será de corporaciones sino quizás, de modos nuevos de asociaciones de individuos o de contrato social
  Mientras tanto ¿Qué será de los bienes? Todo está muy bien, pero la pizza ¿Quién la va a traer y con qué aparato?
  Se especuló cuando se trataba la variante espontánea de resolución energética en la producción de bienes, que los futuros bienes estarán cargados de una sobrevida sensiblemente mayor a los actuales, de modo de transferir la energía neta consumida por unidad de trabajo a los servicios que deberán consumir menos energía para su realización que los productos. De este modo, el despilfarro que se realiza actualmente fabricando  basura, mucha de ella no biodegradable y poluyente, disminuiría de modo importante. Por lo tanto, los precios relativos para obtener los productos serían mayores a los actuales y de algún modo la competencia dirigida al precio pasaría por los servicios, hecho natural establecido en la ley de acción y reacción, que propone una proporción inversa a la actual. El circuito podría expilcarse del siguiente modo:

  Con la tendencia gregaria crece un vector de acumulación de poder que determina la propensión a la corporativización de las organizaciones ya sea por aglutinación o por engullición de unas sobre otras. Pero para que ese fenómeno ocurra, es preciso situarse en una meseta de transformación. Cuando la transformación irrumpe, son las pequeñas organizaciones situadas en los bordes del universo las que por un impulso vital, llevan las iniciativas de las necesidades de esos momentos. Las grandes organizaciones se sostienen en momentos donde la certeza es la ley. Por ese motivo, es posible el cambio de tendencia actual a la luz de los vientos que despierten el sopor de los años noventa.

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