Queda por discernir si es
posible echar una mirada al tema del
estado de tensión que el trabajo propone.
Admitiendo crear un campo
donde los vectores tuvieran por ley el total albedrío en la interacción de las
personas, difícilmente podría lograrse un trabajo formal. Significa esto que
para que una tarea de más de uno sea ejecutada es preciso el acuerdo de esos
dos o más para conciliar la dirección y el destino de esos esfuerzos. Es
valiosa la imagen que ofrece el monumento dirigido al trabajo en la Ciudad de
Buenos Aires. El artista eligió la imagen de un grupo de personas tirando de
una soga atada a una inmensa piedra. No tengo idea de la época en que fue realizada
la obra, pero seguramente habría otras formas de representar el trabajo ya que
la humanidad ha resuelto hasta por la fuerza bruta de las bestias el transporte
de cargas tan pesadas. Sin embargo, es elocuente la imagen por su simpleza y
primitividad, puesto que el trabajo es trabajo en sí mismo, más allá de la
utilidad que cualquier observador juzgue, por lo que si un grupo de sujetos se
ven necesitados e incluso si se vieran forzados a una actividad, eso implica un
trabajo. Ese es el punto donde comienza la tensión en el trabajo.
Desde las épocas de amos y
esclavos hasta la fecha hemos recorrido un camino largamente estudiado, pero
fuera de las circunstancias de contexto el conflicto continúa vigente e
intacto.
El personaje que es parte del
grupo de los que arrastran la piedra no necesita adherir al objetivo por el
cual el trabajo se ejecuta. Los motivos por los que habitualmente un trabajador
está situado en su sitio están ligados a su supervivencia, sea ésta básica o
mas sofisticada, ambas son necesidades primarias.
Volviendo a las similitudes
que nos propone la física Newtoniana. El trabajo está definido por el producto
entre la fuerza y el espacio que ésta recorre. La magnitud de trabajo realizado
es proporcional a ambas variables. El mismo trabajo puede realizarlo una fuerza
inmensa en un espacio breve como viceversa.
Llevado al ejemplo de la
estatua, un solo hombre podría realizar el mismo trabajo que la multitud de
señores si la distancia en transportar una piedra con la capacidad de sus fuerzas
fuese lo proporcionalmente mayor que la que recorren todos juntos. La ecuación
explica una parte del fenómeno, pero la otra en relación a la actividad puede
encontrarse en otras partes
Todos sabemos que el grupo
tiene mejores posibilidades de obtener el logro que un solo individuo, como por
ejemplo si el camino estuviera plagado de accidentes inciertos, ya que el
conjunto suele superar la suma de las individualidades.
El trabajo por lo tanto suele
ser mucho más eficaz cuando se lo realiza en grupo. Hoy sabemos por otra parte
que la actividad humana desarrollada sería impensable de modo individual. Esto
nos coloca frente al conflicto inevitable de la renuncia. El trabajo implica
necesariamente una renuncia. Cualquiera sea el lugar que una persona ocupe,
siempre debe resignar algo de su albedrío ya sea consciente o
inconscientemente.
En la organización moderna se
pretende potenciar las motivaciones para que las renuncias sean mejor toleradas
.
Te ganarás el pan con el sudor
de tu frente sentencia la Biblia y esa sola expresión está implicando un
esfuerzo. El sudor es lo que emana al cuerpo a liberar energía excedente por
corrimiento del estado de equilibrio. El trabajo para la Biblia es forzado.
Este mandato divino se sigue sosteniendo con las variantes amortiguadas pero
implica necesariamente una tensión.
Los modelos de obtención de
resultados desde los sugeridos de seducción hasta el reclamo y la amenaza,
llevan inscriptos el objeto de obtener aquello que espontáneamente no ocurre.
El trabajo de correr del equilibrio espontáneo de un proceso se suele denominar
activación. La activación suele estar dirigida en el mismo sentido que la
acción que se pretende activar. Sólo que si una fuerza tiene un vector que
determina la acción, la activación sólo potencia esa acción a los efectos de
llegar a buen puerto con celeridad y
precisión. Pero otras veces, la activación se realiza hacia otras direcciones,
buscando ya sea un rebote que potencie la acción deseada o un escenario mejor
dispuesto para el logro del objetivo.
En cualquiera de los casos se
pretende alterar un modo natural de funcionamiento. Ya dijimos que el trabajo
en grupo requiere de una renuncia desde lo individual para aceptar la ley que
exige el grupo. La activación resuena en el modo natural de inercia de un
sistema de hombres o grupo de personas, modificando el esquema estructural
establecido para el logro del fin.
Cuando el objetivo de esa
activación está en concordancia con el sistema, en general la actividad se
enriquece y muda a una nueva situación de equilibrio que nuevamente debe
alterarse con un nuevo modo de activación y así iterativamente.
Cuando ese objetivo o el modo
de activación no están en concordancia, es común que el objetivo no se logre o
que el intento del objetivo termine con el sistema que se pretende activar.
Esto quiere decir que la energía de activación es lo suficientemente intensa o
que el método de activación posee una eficacia de orden superior al sistema que
se está aplicando. En ambos casos el resultado es pernicioso, incluso en aquél
que logra los resultados que pretende la activación a costa del sistema
activado, ya que este tipo de situaciones suele rebotar como un boomerang. Este
es el caso de los contratadores con exigencias cada vez mayores que terminan
agotando a los contratados. Además de la rotatividad que supone ese modelo,
queda como residuo una imagen poco simpática para el contratador que a la
postre, se paga con condenas sociales de las que el mercado es bastante
sensible.
Ahora bien, cabe preguntarse
si es posible suponer el trabajo como alguna actividad carente de tensión.
El trabajo, no sólo es la
antinomia del ocio en términos relativos sino que en modo absoluto, el trabajo
es acción.
Es llamativo analizar la acción en términos de acción pura. Un jugador
de fútbol puede ser visto como un trabajador cuando es un jugador profesional.
El jugador cambia la habilidad en el juego por dinero, lo que en términos
convenidos es un trabajo. Ahora bien ¿qué ocurre con un jugador amateur? No sólo
es dinero lo que se obtiene a cambio de un trabajo. Nadie duda de que un
trabajador de la salud esté trabajando cuando ejerce su profesión ad honorem en
un hospital. ¿Por qué entonces en un jugador amateur no?
Podemos asegurar que el
jugador del mismo modo que el profesional de la salud, están realizando un
trabajo cuando se adquiere un compromiso con terceros que altera el albedrío
individual de la persona. Ese jugador adhiere a un modo de jugar, a ocupar un
puesto determinado, a respetar horarios y al cumplimiento de pautas con
terceros para la obtención de un objetivo común con responsabilidad compartida,
respetando las leyes pautadas. Tanto el profesional que trabaja ad honorem como
el jugador amateur, reciben a cambio valores difíciles de cuantificar en moneda
de intercambio habitual, pero ni el uno ni el otro realizan esa actividad con
gratuidad absoluta.
En el caso de que una
actividad sin intercambio de dinero, ¿es posible suponer que es carente de
tensión? Objetivamente no. Y si nos aventuramos más, esas actividades
descriptas que son conocidas por todos, ¿son proclives de activación? Sabemos
que sí y que muchas de ellas han sucumbido a gerenciamientos transversales, que
no respetaron su estructura.
Más que otras actividades
humanas, el trabajo lleva implícita la tensión cuando los intereses en juego
son irreconciliables o por lo menos, llevan una alta carga de competencia y la
tensión suele ser muy intensa.
En los últimos años por todo
lo descripto, el trabajo participa de cambios profundos en la estructura
social. Es entendible que, la tensión generada por los intereses que se ponen
en juego, sea también intensa. Admitiendo esta premisa podemos dedicarnos a
identificar esa tensión en cada organización para administrarla y potenciarla
para los intereses que las empresas se proponen.
Es preciso adaptar el ritmo de
activación propia de la organización, la que se recibe de terceros y a detectar
aquellos métodos que potencien el sistema con la capacidad para alejar aquellos
factores que desestabilicen la organización con riesgo de colapso.
En momentos de rápidas
posibilidades de comunicación, las técnicas de gerenciamiento y liderazgo,
combinadas con las nuevas formas de comercialización, son las bases
primordiales de los efectos deseados y de la detección de aquellos que puedan
ser terminales.
En la medida que las personas o los grupos que integran las
organizaciones del trabajo, limpien aquellos factores que perturban los
direccionamientos deseados, a partir de la conciencia de la tensión y de la
necesidad de recurrir a métodos de adhesión para el logro de los fines, tomando
conciencia de que no sólo el dinero es lo que se busca en los espacios de
trabajo, las posibilidades de éxito aumentan.
Las técnicas que se adoptan desde hace por lo menos sesenta años,
aplicando los conocimientos que aportaron disciplinas nuevas al universo del
trabajo, como la psicología y la sociología , están dirigidas a cumplir ese
objetivo.
El punto es el siguiente. Presentada la tensión que propone el trabajo
en sus distintos aspectos y visto el trabajo como canalizador de la agresividad
humana, todo lo que se pueda desarrollar en relación a la administración de esa
tensión colabora a la mejor resolución de los objetivos de cada emprendimiento.
Entendido el mundo del trabajo como la sublimación de la guerra,
comienza a comprenderse las necesidades de términos tales como espionaje,
estrategia, táctica o aniquilamiento del competidor. En los últimos años los
competidores pasaron de ser adversarios a enemigos a los que se los domina a
través de fusiones o con la incorporación masiva, realizando previamente el
trabajo de desestabilización del que se compra, para obtener el poder en la
pulseada final.
A priori no parece malo esto de que los hombres busquen modos sublímales
para no matarse, los precios siempre los paga alguien y el mundo del trabajo
cada vez más lo está sintiendo. Por el contrario, verificar esa tensión y
exponerla, puede minimizar males mayores.
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