lunes, 3 de febrero de 2014

Mirémosle los ojos a la tensión


  Queda por discernir si es posible echar una  mirada al tema del estado de tensión que el trabajo propone.
  Admitiendo crear un campo donde los vectores tuvieran por ley el total albedrío en la interacción de las personas, difícilmente podría lograrse un trabajo formal. Significa esto que para que una tarea de más de uno sea ejecutada es preciso el acuerdo de esos dos o más para conciliar la dirección y el destino de esos esfuerzos. Es valiosa la imagen que ofrece el monumento dirigido al trabajo en la Ciudad de Buenos Aires. El artista eligió la imagen de un grupo de personas tirando de una soga atada a una inmensa piedra. No tengo idea de la época en que fue realizada la obra, pero seguramente habría otras formas de representar el trabajo ya que la humanidad ha resuelto hasta por la fuerza bruta de las bestias el transporte de cargas tan pesadas. Sin embargo, es elocuente la imagen por su simpleza y primitividad, puesto que el trabajo es trabajo en sí mismo, más allá de la utilidad que cualquier observador juzgue, por lo que si un grupo de sujetos se ven necesitados e incluso si se vieran forzados a una actividad, eso implica un trabajo. Ese es el punto donde comienza la tensión en el trabajo.
  Desde las épocas de amos y esclavos hasta la fecha hemos recorrido un camino largamente estudiado, pero fuera de las circunstancias de contexto el conflicto continúa vigente e intacto.
  El personaje que es parte del grupo de los que arrastran la piedra no necesita adherir al objetivo por el cual el trabajo se ejecuta. Los motivos por los que habitualmente un trabajador está situado en su sitio están ligados a su supervivencia, sea ésta básica o mas sofisticada, ambas son necesidades primarias.
  Volviendo a las similitudes que nos propone la física Newtoniana. El trabajo está definido por el producto entre la fuerza y el espacio que ésta recorre. La magnitud de trabajo realizado es proporcional a ambas variables. El mismo trabajo puede realizarlo una fuerza inmensa en un espacio breve como viceversa.
  Llevado al ejemplo de la estatua, un solo hombre podría realizar el mismo trabajo que la multitud de señores si la distancia en transportar una piedra con la capacidad de sus fuerzas fuese lo proporcionalmente mayor que la que recorren todos juntos. La ecuación explica una parte del fenómeno, pero la otra en relación a la actividad puede encontrarse en otras partes
  Todos sabemos que el grupo tiene mejores posibilidades de obtener el logro que un solo individuo, como por ejemplo si el camino estuviera plagado de accidentes inciertos, ya que el conjunto suele superar la suma de las individualidades.
  El trabajo por lo tanto suele ser mucho más eficaz cuando se lo realiza en grupo. Hoy sabemos por otra parte que la actividad humana desarrollada sería impensable de modo individual. Esto nos coloca frente al conflicto inevitable de la renuncia. El trabajo implica necesariamente una renuncia. Cualquiera sea el lugar que una persona ocupe, siempre debe resignar algo de su albedrío ya sea consciente o inconscientemente.
  En la organización moderna se pretende potenciar las motivaciones para que las renuncias sean mejor toleradas .
  Te ganarás el pan con el sudor de tu frente sentencia la Biblia y esa sola expresión está implicando un esfuerzo. El sudor es lo que emana al cuerpo a liberar energía excedente por corrimiento del estado de equilibrio. El trabajo para la Biblia es forzado. Este mandato divino se sigue sosteniendo con las variantes amortiguadas pero implica necesariamente una tensión.
  Los modelos de obtención de resultados desde los sugeridos de seducción hasta el reclamo y la amenaza, llevan inscriptos el objeto de obtener aquello que espontáneamente no ocurre. El trabajo de correr del equilibrio espontáneo de un proceso se suele denominar activación. La activación suele estar dirigida en el mismo sentido que la acción que se pretende activar. Sólo que si una fuerza tiene un vector que determina la acción, la activación sólo potencia esa acción a los efectos de llegar a buen puerto con celeridad  y precisión. Pero otras veces, la activación se realiza hacia otras direcciones, buscando ya sea un rebote que potencie la acción deseada o un escenario mejor dispuesto para el logro del objetivo.
  En cualquiera de los casos se pretende alterar un modo natural de funcionamiento. Ya dijimos que el trabajo en grupo requiere de una renuncia desde lo individual para aceptar la ley que exige el grupo. La activación resuena en el modo natural de inercia de un sistema de hombres o grupo de personas, modificando el esquema estructural establecido para el logro del fin.
  Cuando el objetivo de esa activación está en concordancia con el sistema, en general la actividad se enriquece y muda a una nueva situación de equilibrio que nuevamente debe alterarse con un nuevo modo de activación y así iterativamente.
  Cuando ese objetivo o el modo de activación no están en concordancia, es común que el objetivo no se logre o que el intento del objetivo termine con el sistema que se pretende activar. Esto quiere decir que la energía de activación es lo suficientemente intensa o que el método de activación posee una eficacia de orden superior al sistema que se está aplicando. En ambos casos el resultado es pernicioso, incluso en aquél que logra los resultados que pretende la activación a costa del sistema activado, ya que este tipo de situaciones suele rebotar como un boomerang. Este es el caso de los contratadores con exigencias cada vez mayores que terminan agotando a los contratados. Además de la rotatividad que supone ese modelo, queda como residuo una imagen poco simpática para el contratador que a la postre, se paga con condenas sociales de las que el mercado es bastante sensible.
  Ahora bien, cabe preguntarse si es posible suponer el trabajo como alguna actividad carente de tensión.
  El trabajo, no sólo es la antinomia del ocio en términos relativos sino que en modo absoluto, el trabajo es acción.
  Es llamativo analizar la acción en términos de acción pura. Un jugador de fútbol puede ser visto como un trabajador cuando es un jugador profesional. El jugador cambia la habilidad en el juego por dinero, lo que en términos convenidos es un trabajo. Ahora bien ¿qué ocurre con un jugador amateur? No sólo es dinero lo que se obtiene a cambio de un trabajo. Nadie duda de que un trabajador de la salud esté trabajando cuando ejerce su profesión ad honorem en un hospital. ¿Por qué entonces en un jugador amateur no?
  Podemos asegurar que el jugador del mismo modo que el profesional de la salud, están realizando un trabajo cuando se adquiere un compromiso con terceros que altera el albedrío individual de la persona. Ese jugador adhiere a un modo de jugar, a ocupar un puesto determinado, a respetar horarios y al cumplimiento de pautas con terceros para la obtención de un objetivo común con responsabilidad compartida, respetando las leyes pautadas. Tanto el profesional que trabaja ad honorem como el jugador amateur, reciben a cambio valores difíciles de cuantificar en moneda de intercambio habitual, pero ni el uno ni el otro realizan esa actividad con gratuidad absoluta.
  En el caso de que una actividad sin intercambio de dinero, ¿es posible suponer que es carente de tensión? Objetivamente no. Y si nos aventuramos más, esas actividades descriptas que son conocidas por todos, ¿son proclives de activación? Sabemos que sí y que muchas de ellas han sucumbido a gerenciamientos transversales, que no respetaron su estructura.
  Más que otras actividades humanas, el trabajo lleva implícita la tensión cuando los intereses en juego son irreconciliables o por lo menos, llevan una alta carga de competencia y la tensión suele ser muy intensa.
  En los últimos años por todo lo descripto, el trabajo participa de cambios profundos en la estructura social. Es entendible que, la tensión generada por los intereses que se ponen en juego, sea también intensa. Admitiendo esta premisa podemos dedicarnos a identificar esa tensión en cada organización para administrarla y potenciarla para los intereses que las empresas se proponen.
  Es preciso adaptar el ritmo de activación propia de la organización, la que se recibe de terceros y a detectar aquellos métodos que potencien el sistema con la capacidad para alejar aquellos factores que desestabilicen la organización con riesgo de colapso.
  En momentos de rápidas posibilidades de comunicación, las técnicas de gerenciamiento y liderazgo, combinadas con las nuevas formas de comercialización, son las bases primordiales de los efectos deseados y de la detección de aquellos que puedan ser terminales.
  En la medida que las personas o los grupos que integran las organizaciones del trabajo, limpien aquellos factores que perturban los direccionamientos deseados, a partir de la conciencia de la tensión y de la necesidad de recurrir a métodos de adhesión para el logro de los fines, tomando conciencia de que no sólo el dinero es lo que se busca en los espacios de trabajo, las posibilidades de éxito aumentan.
   Las técnicas que se adoptan desde hace por lo menos sesenta años, aplicando los conocimientos que aportaron disciplinas nuevas al universo del trabajo, como la psicología y la sociología , están dirigidas a cumplir ese objetivo.
  El punto es el siguiente. Presentada la tensión que propone el trabajo en sus distintos aspectos y visto el trabajo como canalizador de la agresividad humana, todo lo que se pueda desarrollar en relación a la administración de esa tensión colabora a la mejor resolución de los objetivos de cada emprendimiento.
  Entendido el mundo del trabajo como la sublimación de la guerra, comienza a comprenderse las necesidades de términos tales como espionaje, estrategia, táctica o aniquilamiento del competidor. En los últimos años los competidores pasaron de ser adversarios a enemigos a los que se los domina a través de fusiones o con la incorporación masiva, realizando previamente el trabajo de desestabilización del que se compra, para obtener el poder en la pulseada final.

  A priori no parece malo esto de que los hombres busquen modos sublímales para no matarse, los precios siempre los paga alguien y el mundo del trabajo cada vez más lo está sintiendo. Por el contrario, verificar esa tensión y exponerla, puede minimizar males mayores.  

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