lunes, 3 de febrero de 2014

Introducción


  Gracias a ese motor fabuloso que se propone en el hacer, el hombre representó su inclusión en la ley
 natural con obras que lo identifica de modo excluyente.
 
Las pirámides de Egipto, la Muralla China, la cápsula Apholo, la quinta sinfonía de Behetoven, la cúpula de la Capilla Sixtina, la Biblia, por citar algunos de los iconos de la inmensa red de logros que conforman esa construcción, fueron empujadas por ese motor citado y padecida también, por muchos de sus protagonistas.
 
El trabajo ocupa entonces un inmenso lugar que otorga entidad a la vida humana y además, es una excusa significativa de las luchas que se presentan en las sociedades.
 
No es ese el único factor pasional de tensión pero carga con la curiosidad de aparecer tramposamente racional y aparentemente inofensivo. Sea éste violento o formal en el terreno de la política por ejemplo, la chispa de la lucha atravieza con habilidad ese espacio que es el mundo del trabajo o lo es lo mismo, el de la economía.
 
La guerra de secesión en EEUU tuvo como detonante oficial el modo en que debía organizarse el uso de la mano de obra esclava. Otros factores de índole religiosa, racial o de corte cultural completaron el cuadro. Pero la excusa por la cual se desató la contienda estaba asociada a motivos de organización económica. Los habitantes del siglo veinte hemos vivido sometidos a la división del mundo en dos bloques que llevaban una mirada diferente de la vida de las sociedades donde el eje de la disputa, estaba asociado a como debían encararse las organizaciones del trabajo y de los factores de producción.

 Las jornadas de lucha política de los últimos años del siglo diecinueve como los de la primera mitad del siglo veinte también estuvieron teñidas por condiciones el mismo tenor, de modo que la actividad laboral suele ser el escenario en tiempos de paz, del componente de agresión y el significante de la tensión en las sociedades, que si bien suele ser manifiesto, no siempre se lo toma en cuenta de ese modo.
 
Recordemos que los griegos sin embargo, despreciaban el trabajo y no sólo el manual, sino que también el de aquellos que ejercían los emprendedores de la industria y del comercio. Sin embargo fueron ellos los que forjaron la base de la estructura filosófica que abrió las puertas de las matemáticas y de la física y que potenciaron los resultados de la actividad humana hasta nuestros días. Hoy nadie duda que aquello que realizaban aquellos sabios es trabajo porque la actividad intelectual, se ha transformado en un factor de producción muy poderoso.

 Este artículo se está escribiendo desde el quinto día del inicio del siglo veintiuno y me propongo echar una mirada sobre nuestro pasado cercano, aquel maravilloso siglo que terminó con sus logros y con sus cambios.
 
Pasamos desde las las luchas por jornadas de ocho horas, Chicago y Primero de Mayo hasta hoy, donde una oferta de técnicas de gerenciamiento proponen pautas novedosas que aportan al tema y que ponen en la lupa la formación de líderes compartidos, las normativas de calidad global de manuales con normas ISO y la pauta de capacitación permanente para posiciones de cualquier nivel dentro de una organización.
 A pesar de tantos avances y habiendo transcurrido mas de un siglo, nos encontramos con la paradoja de un regreso paulatino a los inicios de las causas de las primeras luchas.
 Esto que escribo ocurre en Buenos Aires, cuidad capital y centro económico de un país en recesión desde hace poco más de tres años, pero ciertas cuestiones generales del comportamiento en el trabajo pueden extenderse a otros escenarios.
  Volvamos al trabajo, es una actividad que ocupa más de la mitad de nuestra vida activa, en el mejor de los casos apenas un cuarto del tiempo de vigilia lo destinamos a otras actividades. En la inmensa mayoría de los casos el trabajo propone una relación de intercambio del tiempo por dinero, primera cuestión a tener en cuenta.
  Mucho ó poco, el dinero es un primer indicador para medir el “éxito” del trabajo. Además de sostener nuestra cotidianeidad, el dinero nos coloca en la estructura social que nos relaciona con el mundo y posibilita “ese lugar en el mundo” donde se desarrollan otras partes de nuestra vida, por lo que el trabajo además de dinero, agrega otros aspectos de la vida como relaciones y afectos.
  Podemos deslizar que al igual que otras ocupaciones el trabajo no es “químicamente puro” tal es así, que se hace cargo además de algunas pasiones.
  Éste es el punto donde trabajar si se pretende ofrecer aportes para la mejora en la vida que nos toca, porque ese motor que es capaz de realizaciones que nos enorgullecen, también puede producir grandes dolores.
  Haré algunas observaciones históricas del pasado inmediato y luego intentaré introducirme a ese universo enmarañado de las leyes de la dinámica del hacer.
  En los últimos veinte años se han producido hechos trascendentales para los cambios de la vida de las sociedades occidentales. Podríamos citar varios, pero me propongo detener en tres que responden a hechos sociales de distinto tenor.
  El primero es la caída del muro de Berlín y por ende el colapso del mundo Socialista  Soviético. El segundo de orden específico, es la aparición de la computadora personal y el tercero, el impacto de la conciencia de la ecología en el mundo y la aparición del concepto de “calidad de vida”.
  Posteriormente abordaré los escenarios intrínsecos, la producción de bienes y servicios, las empresas y la singularidad de su tamaño, el conflicto y el deseo en el trabajo y la mujer y el hombre en el trabajo.
  Un hecho trascendente ocurrió sobre el final de este material, no hago más que su mera mención y alguna especulación sobre su influencia, ya que es lo suficientemente reciente como para evaluar sus consecuencias y me refiero al ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono el 11 de septiembre del 2001 que colocó a la humanidad en un estadío de guerra entre el estado más poderoso del planeta y un enemigo cruel y difuso.

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